martes, 29 de junio de 2010

Formas de aire

.

Son memoria del aire –porque el aire
es un raro fluido con memoria–;
formas incontinentes o caricias
sobre la piel de un cuerpo sin regreso.

Como una tinta dactilar sublime,
escriben impensables transparencias;
y se acuerdan de gestos, de ademanes,
de sonrisas y otros muchos olvidos.

A veces hablan –o creemos que hablan
cuando su voz acude a los prodigios–;
y nos cerca una inmensa enciclopedia
de cuerpos no presentes, de vacíos
que no vemos y están y se atavían
de un ropaje inviable. Se pasean
todos los días por las mismas calles.
Sonríen con nosotros o discuten,
a veces, y se van. Y vuelven luego
con un ramo de viento en la mirada.

Todos los días a la misma hora
y en el mismo rincón de cualquier parte:
un jardín con acacias, un camino
que suspendió horizontes en septiembre;
la noche de un bolero, la infinita
desolación de una alegría ausente…

Todo guardado aquí, junto a nosotros,
en estas formas donde habita nadie.



29 junio 2010
.

10 comentarios:

veridiana dijo...

¡Qué hermoso!
Gracias Antonio.

Un beso invisible.

Antonio Azuaga dijo...

Gracias a ti, naturalmente, Veridiana, y un beso de parte de todas estas transparencias.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Te das en pequeños sorbos, pero qué refrescantes. Un abrazo.

Antonio Azuaga dijo...

Muchas gracias, Antonio. Lo que yo debería hacer es echarme un gran trago con vosotros.

Un abrazo.

ana dijo...

Quizá el recuerdo sea un buen lugar en el que descansar... a ratos.

(...)

Veridiana, me uno a tu silencio. Un abrazo.

Antonio Azuaga dijo...

Para mí, Ana, no son exactamente un lugar para descansar, sino la tierra que piso, me sostiene y me permite seguir mirando, cara a cara, a la vida. Y creo que esto es válido para todos los hombres. Los recuerdos no son la hospedería de la nostalgia, sino las únicas certidumbres que tenemos de nosotros.

Gracias por tu visita, y un afectuoso saludo.

Olga B. dijo...

Es difícil hablar de esa delicada arquitectura que nos sostiene y a veces también nos habla, o lo creemos, "cuando su voz acude a los prodigios". Todo lo que un hombre guarda es verdaderamente él. Por eso cuando queremos a alguien, queremos también esa nube intangible que a la vez lo rodea y lo habita, queremos conocerle.
Y uno alguna vez siente, ante un poema, que roza la parte invisible de otro y la siente extrañamente parecida a la suya propia aunque las historias concretas sean tan distintas. Es como encontrarse "en el mismo rincón de cualquier parte" y sonreírse un poco, reconocerse en la lectura.
Al menos, eso me ha pasado a mí con estas formas del aire. Pero es muy tarde, no sé qué pensaré mañana de este comentario;-)
Un beso.

Antonio Azuaga dijo...

Pues mañana ya es hoy; en realidad, ese ayer “muy tarde” era un hoy muy temprano, así que no sé si seguirás pensando lo mismo. En cualquier caso a mí me parece un hermoso comentario porque refiere la callada pretensión de todos los poemas que en el tiempo han sido: hacer de la modesta anécdota propia zona de identidad común con otros muchos. Gracias por así comentarlo.
Pero si tu opinión hoy es otra, házmelo saber.
Un beso.

Olga B. dijo...

Bueno, pues ahora que ya no estoy en la confusa madrugada de celebraciones futbolísiticas (soy pueblo, no puedo evitarlo;-)sino en el mediodía de piscina y ensaladilla rusa, sigo pensando lo mismo.
"Hacer de la modesta anécdota zona de identidad común". Anécdota, sensación, invención, misterio... todo en los recuerdos o en los pemas nos lleva hacia afuera, al escribirlos, y hacia dentro, al leerlos. Y todo ello está lleno de esa otredad que nos llena, aun en la soledad de los recuerdos.
Esas transparencias nos traspasan y nos hacen especialmente visibles.
Yo me alegro de verte, la verdad;-)

Antonio Azuaga dijo...

Un poco tarde (como verás, ando con un desfase de unas seis horas más o menos), sin piscina ni ensaladilla, pero rodeado de vencejos (son las diez y pico de la noche y siguen con su particular, bellísimo y acostumbrado escándalo)… Un poco tarde para contestar; quiero decir, para asentir. Así es, “humanamente hablando” –que es principio endecasílabo de Blas de Otero–: “todo está lleno de (…) otredad.” En el fondo, los descubridores biológicos del yo –los hombres– son quienes son por… ¡lo demás!
La conclusión es evidente: nuestra naturaleza es la contradicción… unamunianamente hablando.
Besos y gracias por la opinión.
P.S.: Por cierto, yo también soy “pueblo”: vi el partido. Y siento una felicidad inmensa porque los “españolitos” de Machado encuentren una razón común para alegrarse de serlo… ¡Sin otras prescindibles diferencias!