viernes, 30 de julio de 2010

Esparciendo silencios

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Antzar Eguna
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Pelea de gallos
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Correbous
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Tauromaquia
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Aborto
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Sembrar imágenes no es más que esparcir silencios. Pero los silencios se esparcen porque se está convencido de que el cambio climático de la razón no es irreversible; de que, tarde o temprano, tendrá que llover a cántaros… Y los silencios volverán a germinar en sensatez; y la sensatez, a florecer en coherencia. Y la coherencia a dar frutos de racionalidad.

Porque la esperanza es grandiosamente resistente ante el monóxido de carbono que exhalan los oligarcas y los sinvergüenzas.
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6 comentarios:

Er Tato dijo...

Esos silencios gritan bien fuerte.

Un fuerte abrazo

Antonio Azuaga dijo...

Creo, amigo Tato, que éstos y otros muchos silencios nos están pudriendo el alma.

Un abrazo.

Olga B. dijo...

Mil años hace que no oía esa canción, que a mí me suena a infancia y a mi padre joven (quizá más que yo ahora mismo). Y todavía tiene que llover. Lo malo es que llueve sólo sobre determinadas cosas, lo cual es como esas tormentas de verano que estropean los trigos y no calman la sed. Se defiende el aborto bajo cualquier circunstancia con la misma pasión con la que se ataca la tauromaquia; se considera el sufrimiento del toro y su falta de consentimiento expreso para ser sacrificado mientras que se defiende la "libertad" de una mujer a ir bajo un burka; se asciende a la categoría de costumbre y se le otorga un aura de respeto a cualquier cosa que yo, inculta y poco viajada, no he visto jamás, pero ir al fútbol, a los toros, y hasta a una procesión de Semana Santa, está como mal visto. Y si luego te fumas un cigarro, apaga y vámonos. Hay cosas que no me suenan a justicia, sino a arrimar el ascua a la sardina de un extraño catálogo ideológico del que no puede uno salirse ni un pelo. Y me temo que esos catálogos estan empobrecidos hasta más no poder Me consta que no es tu caso, pero estoy demasiado sensible con estos temas. Me apena que mientras se pierden derechos sociales tan duramente conquistados, el debate se centre en cuestiones periféricas. Comparado con la injusticia social imperante, el sufrimiento de un toro me parece una cuestión de relativa importancia. Lo siento, debo ser malísima. El otro día me llamaron franquista, no te digo más, lo cual no sé si me da ganas de reír o de llorar. Como mi padre se entere de que soy franquista, le da un soponcio. A mí misma casi me lo da.
Lo próximo en agenda es prohibir que desfile la cabra de la legión, porque sufre. Yo creo que se lo pasa bien, pero como todo es opinable, pues igual no es así. Sin embargo, que se acabe de aprobar que a un trabajador lo puedan echar por "pérdidas imprevistas", eso no tiene importancia, por Dios, eso sólo nos preocupa a los bolcheviques que estamos en contra del sistema capitalista. No tiene nada que ver que los que sabemos lo que se puede hacer con los números, sospechemos que se abre al puerta a la esclavitud, que es exactamente lo que ocurre cuando la única libertad que importa es la económica.
Ahora que sabes lo que soy: una franquista bolchevica, no sé si te gustará que te deje un beso, pero te lo dejo igual porque, además, soy cariñosa.

Antonio Azuaga dijo...

Uno de los trucos, cada vez más desenmascarado, de los “ilusionistas de la demagogia" es el recurso a las palabras comodín. Hay tres de uso abusivo: facha, nazi y franquista (entre algunos, también vale español). Si te arrojan alguna de estas perlas, ya no es necesario argumentar nada: todo queda resuelto a favor del prestidigitador. Es como decir “abracadabra” para que la magia de cualquier sinrazón salga volando de la chistera como una paloma de inmaculada verdad. Ayer leía un espléndido artículo de Fernando Savater (Vuelve el Santo Oficio) que debería colgarse en la fachada de todos los “Parlamentos” de la nación –o naciones según sea el gusto–.

Los festejos de esos cinco primeros “silencios” podrán gustar o disgustar; pero meter entre medias el término derecho (quizá recuerdes esto de hace tres años) es una profunda contradicción; sobre todo si se comparan con el sexto silencio. Y me limito a decir “contradicción” para no herir “sensibilidades”, que a mí, desde luego, se me antojan tan inexplicadas como injustificables.

Además, está todo lo demás que tan adecuadamente dices, lo que reafirma mi esperanza en la reversibilidad de este otro cambio climático.

Así que, Olga, tu beso es tan bienvenido como siempre; sobre todo porque posee eso de que carecen todos los ilusionistas del ágora y los telediarios: autenticidad y coherencia.

Un beso de igual estirpe.

veridiana dijo...

Vendrá el Diluvio y escampará,se repiten las atrocidades y llegan tiempos de calma.
Las prohibiciones no gustan a gente con espíritu libre,pero la barbarie tampoco.
Está visto que el hombre necesita dominar,la regla es el placer calculado del enseñamiento,pone en escena una violencia meticulosamente repetida.

Un familiar mio acaba de editar un libro,creo te gustará,me parece interesante: DE VERITAS VITAE
Alejandro Merino Angulo (Ópera Prima)

Me voy unos dias a la tierra de Rosalia de Castro.(A reunirme con mis ancestros)

Un beso vacacional

Antonio Azuaga dijo...

Contraponer el ser al deber ser es algo que, en el mundo que conozco, sólo le ocurre al hombre. La mantis pasa muchísimo de considerar si es justo o cruel el final de su nupcial ceremonia. Y como la mantis, todo lo demás que sucede en la naturaleza. Porque aquí, lo que tiene que ser es. Las leyes o reglas de aquélla son incontestables (y atroces casi siempre). En nosotros surge una vocación distinta porque somos libres, lo que significa que el ser puede satisfacernos o no. Esta posible insatisfacción del ser es lo que llamo deber-ser. Con éste, por éste, desde éste y tras de éste el hombre hace su historia y su cultura; su, digamos, libre realidad. Y ahora, algunas preguntas que, según parece, ya no importan a casi nadie –menos aún, a los políticos–: ¿qué se entiende actualmente por libertad?, ¿es el santo antojo de elegir entre lo posible?; ¿quién fija los límites de lo posible?; ¿qué prioridades debe haber para fijar tales límites: coyunturales, mini-patrióticas, culturales, axiológicas, morales…? ¿Es lógico exigir un mínimo de coherencia y autenticidad a los legisladores…? ¿Son “siempre” los legisladores representantes genuinos de la voluntad de los ciudadanos?...

Tengo muchísimas más preguntas de éstas que ya a casi nadie importan. Leeré ese libro, Veridiana, a ver si me ayuda en algo.

Y disfruta de ese mundo de tus ancestros, que es uno de los que más me gusta de España.

Un beso, hoy envidioso de su destinataria por el destino a que viaja.