martes, 6 de julio de 2010

La voluntad inútil de los grillos

.

Los grillos son manuales de nostalgia,
voz alta del verano en la memoria.

Los grillos no consienten ausencias a la noche
y por eso nos duelen sus guitarras al aire.

Los grillos cantan coplas a un celo inacabado,
a una pasión sin norte ni trasunto.

Los grillos son palabras que están de imaginaria
y velan el insomnio del silencio.

Los grillos que buscábamos de niños con jaulas y linternas
para encerrar su lira en nuestras manos.

Esos grillos de ayer, que no son éstos,
son lo igual, son lo mismo, son aquello que deben:
la voz no derrotada de un cansancio incansable;
la misma eternidad, la misma empresa inútil,
la hazaña atemporal de militar en siempre…

La soledad de siempre… La guerra contra nunca.


5 julio 2010
.

8 comentarios:

Sunsi dijo...

Mira que es difícil hacer de los grillos objeto de poesía. Me ha encantado, Antonio.
Ese crc-cric-cric... me devuelve a mi infancia en el pueblo, cuando no se oía más que el silencio que sólo ellos interrumpían. Los grillos significaban que los niños iban a la cama y los adultos se quedaban a tomar el fresco. Hablaban bajito... y nosotros tardábamos en dormirnos.

Ahora van ahogados...pobres. Les tapan la boca los motores de los coches o el rugido del aire acondicionado.

Un saludo afectuoso, profesor.

Antonio Azuaga dijo...

El bloque de mi casa, Sunsi, está rodeado de un jardín que afortunadamente amortigua esos otros molestos ruidos de que hablas. Gracias a eso los pude oír anoche mientras ajustaba el cupo de profesores de cuya “negociación” acabo de volver.

Efectivamente, los grillos tienen esa carga contumaz de evocaciones que dices y, como todos los ciclos de la vida, una tenaz indiferencia ante los años del hombre. He escrito que es “inútil” y ahora que lo releo me parece injusto. César, Ovidio, Séneca, Atila, Francisco de Asís… oyeron los mismos grillos. Bueno, la misma voluntad de despertar memorias y la misma ignorancia de estar haciéndolo. Porque lo suyo es otra cosa; lo suyo es la vida en bruto, que sólo quiere ser siempre y, ni en broma, está dispuesta a lo contrario. Lo curioso es que los hombres inventamos la palabra para igual tarea.

Gracias, y un cordial saludo.

(Todo bien, ¿verdad?)

veridiana dijo...

Los grillos cantan solo para ser descubiertos por las hembras.

Nosotros, a veces, también nos escondemos para sobrevivir en un mundo lleno de amenazas,y ni cantamos ni nada.

Genial y bello tu poema,como todos los que escribes.

Un beso sonoro

Antonio Azuaga dijo...

Eso es,Veridiana; los grillos "cantan sólo" para eso; de ahí que no le consientan "ausencias a la noche”; de ahí sus “coplas de celo inacabado” y su “pasión sin norte”; de ahí “la atemporal hazaña de militar en siempre” y la “guerra contra nunca”… Y, como los grillos, todo lo demás: desde las plantas y su vistosa estrategia de flores hasta los sonetos de Petrarca.

Eso es la vida, Veridiana.

Muchas gracias por tus palabras y un beso.

por aquí andamos dijo...

En mi manual de nostalgias los grillos hablan de Conrado. En cuanto empieza la serenata... treinta años ya.
Una noche de verano, en una terraza de Cruz del Rayo, me dijo que cómo no me daba cuenta de que llevaban horas llamándome, y que les preguntase de una vez qué querían a ver si callaban. Me hizo gracia porque hasta ese momento no había caído en que el cri-cri tuviera nada que ver conmigo.
El domingo siguiente fuimos al Rastro, y en el puesto de un gitano como de 300 años que era amigo suyo -se conocía a todo quisque y todos eran amigos suyos-, entre un montón de cosas peregrinas de esas que le chiflaban, tenían unas cuantas jaulas de grillos con grillo dentro, como huchas de barro con agujeritos, y se me ocurrió la genial idea de regalarle una.
Un día le pregunté por el grillo y, después de decirme que estaba estupendo, acabó confesándome apuradísimo que lo habían tirado por el balcón porque el vecindario se pasaba la noche soltando tacos y llenándoles la terraza de objetos voladores.
Así que en cuanto empiezan me acuerdo del regalo envenenado, y de Conrado. De la cara de guasa cuando me empeñé en regalárselo, como si ya supiera lo que iba a pasar.
Y así en muchas ocasiones... como si ya supiera.

Un abrazo, Antonio.

Antonio Azuaga dijo...

Conrado… Cruz del Rayo… El Rastro… Entre nosotros, nombres sin duda para un auténtico manual de nostalgia. Yo conservo alguna de aquellas “cosas peregrinas” que “chiflaban” a Conrado (una “dragona”, por ejemplo, del último tercio del XIX). Y es cierto: en septiembre hará treinta años…
La anécdota tiene gracia; y mucha melancolía. Es evidente que no se puede meter a los grillos en casa: su “serenata” es para espacios abiertos. Pasa lo que con los mastines que ladran desde corrales de lejanía. Pero si el vecino de enfrente pone uno en el balcón, lo normal será que mastín y vecino acaben en la calle.
Esto, por cierto, también ocurre con algunos poetas.
Gracias por tu visita y por todos los recuerdos que con ella han venido.
Un abrazo, paa (que supongo es la misma persona que pxa).

pxa dijo...

La misma, Antonio, pasando o andando, siempre por aquí.

Por cierto, yo también conservo de entonces una tablita preciosa con un dragón, sólo que éste bien rejoneado por un San Jorge a caballo, con una capa roja al aire como si le saliera fuego de la espalda. Me gusta mucho, la veo nada más entrar en casa.

Quizá algún día podamos hablar de Conrado, de lo que yo creo que sabía. Conrado es uno de los misterios no resueltos de mi vida. Tampoco es que pase nada, muchas cosas no las sabremos -aquí- nunca, pero pienso muchas veces en él, y en que le entendí tarde,
para no hacer mudanza...

Otro abrazo y oé oé que España es la mejor. Entre el calor y la emoción he dormido dos horas y estoy en el curro como un zombi, así que ya pensaré lo del mastín en el balcón y los poetas porque ahora estoy espesa y no le pillo la semejanza... que si tú lo dices, seguro que alguna tiene.

Gracias y que tengas un buen día, Antonio.

Antonio Azuaga dijo...

Pasante o andante, siempre aquí bienvenida.

Conrado fue una persona singular en todos los aspectos y, principalmente, un gran desconocido de su más inmediata circunstancia. Pasó por el mundo y el mundo no tuvo la sensibilidad suficiente para darse cuenta; ni el tiempo, la elegancia de darle ocasión para que lo convenciera. Yo también me acuerdo muchas veces de él, como de todo lo que se queda a medias en la vida.

Lo de los poetas y los mastines no tiene mayor enjundia. Lo decía por mí. Algunas veces me he referido a las pretensiones de este blog como a los ladridos de un mastín lejano; que no están del todo mal para de vez en cuando y grandes distancias por esa especie de melancolía grave con que adornan la noche. Pero los soliloquios de un perro, a diario y desde el balcón de enfrente, tienen que ser tan insufribles como el “regalo envenenado” de que hablabas.

Y… ¡ya era hora! Del mundial y de que los españoles se sintieran tan colectivamente orgullosos de proclamarse tales. A ver si se nos pasa ese raro complejo de inferioridad del que –no vamos a olvidarnos– ‘Holanda’, precisamente, tuvo cierta culpa. Hace algunos siglos, naturalmente.

Un beso, pxa.