lunes, 6 de diciembre de 2010

Polvos, vientos, lodos, tempestades…

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No se extrañe quien sufra tempestades si antes de ellas vio la mano que sembró sus vientos. No se confunda quien naufrague en lodos si antes supo qué polvos se esparcían. Porque el hombre siempre ha hecho la historia de la misma manera: el resentimiento individual de unos pocos, más o menos listos, se halla con la fisura de unas generaciones más o menos tontas, vierte en ellas su líquido y el frío de la decadencia hace el resto. El hielo es una cuña rompedora; ni el granito más firme resiste su quehacer mecánico: al cabo, la mole de una roca inmensa se hace pasto del viento… Y el viento es un Mercurio que lleva a los desiertos noticias de la demolición de las montañas.

En tiempos tan desenfadados y lúdicos como los que corren, lo justo es proponer un juego o una adivinanza: ¿qué vientos son los vientos de que hablo?, ¿qué tempestades a las que me refiero?, ¿qué lodos en los que naufragamos?, ¿qué diminuta convicción nos queda para impedir que en los desiertos se esparza el sueño que una vez tuvimos...?

Si alguien leyera esto y acertara la respuesta, merecería un trono. Por mí se lo daría. De lo que no estoy seguro es de que aún quedaran súbditos para defender su reino.
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8 comentarios:

Capitán dijo...

Antonio, vientos, lodos y tempestades sembradas con saña, o con ineptitud hay tantas, pero hoy me quedo con la belleza del cuadro de Turner, uno de mis favoritos y una maravilla.

Antonio Azuaga dijo...

De otra “tempestad”, no menos memorable, Capitán, es aquello de que “estamos hechos de la materia de los sueños…” Y como quiera que esta cita de Shakespeare me ha recordado a Bogart (“El halcón maltés”) y Bogart “Casablanca”, debo concluir que estoy de acuerdo con tus palabras: por encima de todo, “siempre nos quedará…” el arte.

Gracias por tu visita.

Olga Bernad dijo...

Si alguien acertara la respuesta sería un sabio, y no hay reino más indefenso que el de la sabiduría. Uno puede ver la mano que siembra vientos (que parece mover el mundo mucho más que la que mece la cuna) y saber que vendrán tempestades. Y lo único que puede hacer -como mucho- es adivinar dónde intentará refugiarse. El arte, la amistad, un poco de decencia. O incluso la tristeza. No lo sé.
Un beso.

sunsi dijo...

¿Una adivinanza, Antonio?. Aquí te dejo hilos sueltos de orígenes creados por el hombre que intuyo acaban en lodos. Siento ser poco positiva. Es lo que veo.

Quienes sobrevolaron sin pisar tierra y jamás les han dolido los pies...quienes pasaron por las aulas -las que sean- sin querer aprender ni una sola lección de vida... quienes tuvieron la oportunidad de acompañar, arropar, enseñar, conducir y no se molestaron porque es un poco cansado... quienes no tuvieron la paciencia de sembrar en tierra buena y esperar a que el árbol creciera y diera buenos frutos... quienes nunca miron hacia dentro o hacia el cielo o no albergaron una idea que tire del alma o no quisieron escuchar el atronador ruido del silencio... Quienes jamás han pensado que nada nos es ajeno.

Todo esto es algo de lo que me sugiere tu entrada. Muy buena, Antonio.

Gracias y un saludo cordial, profesor.

veridiana dijo...

Acabas de ver la película Blade Runner?

Me ha sorperdido tu comentario,por esa conesión,de una coversación mantenida hoy con mi amigo Y., psiquiatra,donde hacíamos referencia de esos lugares emblemáticos del siglo XIX como el Balneario Karlovy Vary (R.Checa),donde acudir,para lavar los lodos de la vida diaria,esos lugares,donde sentir la vida como algo cinematográfico.

Un beso de película

Antonio Azuaga dijo...

Nunca hay que refugiarse en la tristeza, Olga. Es al revés: a la tristeza hay que dejarle algún refugio dentro de nosotros. Pero la nave es nuestra; la brújula, las cartas, el timón son nuestros. No se nos arruina la navegación por permitirle a ese amargo pasajero que nos acompañe. A veces necesitamos escucharle, porque si no lo hacemos, la vida se convierte en un telefilme ridículo. La tristeza es parte nuestra, pero en nosotros cabe mucho más océano; mucho más horizonte: ella no es más que un polizón inevitable; y, probablemente, necesario.

Gracias, doña Olga, y un beso.

Antonio Azuaga dijo...

Como siempre, Sunsi, apuntas bien y hieres el blanco, porque el síntoma más indiscutible de una cultura enferma es el desmantelamiento de su educación. No sólo en las aulas, sino también en el balcón cotidiano de sus trabajos y sus días. El principio del caos es una mariposa narcisista que bate las alas en un jardín cualquiera; la consecuencia de su inocente aleteo, un huracán que arrasa pueblos enteros. En los últimos doscientos años ha habido demasiadas mariposas de ésas jugueteando con el aire de nuestros jardines.

Gracias siempre, Sunsi, por tu cordial compañía.

Antonio Azuaga dijo...

No, hechicera Morgana, no acabo de ver Blade Runner; aunque no me habría importado, dicho sea de paso: pudiera suceder que los últimos lodos del hombre fuesen convivir con criaturas que él hubiera creado y a las que habría negado la posibilidad de seguir siendo. Pudiera suceder que coronásemos con tanta crueldad la particular cobardía de no querer creer en nosotros mismos. Pudiera ser que ante la incapacidad de afrontar los sueños propios, delegásemos su hazaña en la parafernalia de las probetas. Pudiera ser la tempestad final una lluvia incesante y tranquila; y un lodo constante, lo único que nos quedara para caminar… ¡Pudiera ser!

Un beso de ciencia-ficción (quitándole la ciencia y, si no os molesta, la ficción)