viernes, 30 de julio de 2010

Esparciendo silencios

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Antzar Eguna
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Pelea de gallos
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Correbous
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Tauromaquia
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Aborto
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Sembrar imágenes no es más que esparcir silencios. Pero los silencios se esparcen porque se está convencido de que el cambio climático de la razón no es irreversible; de que, tarde o temprano, tendrá que llover a cántaros… Y los silencios volverán a germinar en sensatez; y la sensatez, a florecer en coherencia. Y la coherencia a dar frutos de racionalidad.

Porque la esperanza es grandiosamente resistente ante el monóxido de carbono que exhalan los oligarcas y los sinvergüenzas.
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domingo, 25 de julio de 2010

El cromosoma “y” o la verdad extrañada

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Esto no es un poema, es una carta
de dolor y de rabia que me escribo a mí mismo.

Reclamo la ternura para aquéllos
que son como yo soy, que se enamoran
de una mujer un día luminoso,
inesperado, y después,
si las cosas no son como debieran,
sólo saben soñar la propia muerte.

O romper elegías y destrozar sonetos…

O de bourbon ponerse hasta las cejas.

No tengo más remedio que decirlo
porque soy el que soy y no me importa:
un yo con una i griega inevitable,
un alma irregular para los tiempos
que corren y desbordan la palabra
–un heterogamético sin duda–,
capaz de la ternura y la inocencia,
celoso hasta el nivel que la verdad permite
como tantos que aman y no matan,
pero mueren si ocurre la mentira,
si pasa la traición, si un día el cielo
amanece sin luz, o tampoco amanece.

Yo soy –como otros muchos–
una fórmula viva y orgullosa
de llevar una equis amputada
en el carné de identidad del alma.


24 julio 2010
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domingo, 18 de julio de 2010

La espada de Héctor

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La voz con que me hablabas;
los gestos, las miradas, las sonrisas…
La lluvia de una tarde sin memoria
y la cinta que no ciñó tu pelo
empapada en mis manos sin las tuyas .

La mañana de un sol en ningún día,
o en el día de siempre sin tus horas,
encendiendo la tierra no presente
de unos ojos espurios, irreales.

El vuelo de las aves sin augurio.
Las calles sin rincón ni profecía.
El encuentro inviable, la evidencia
de un viejo soliloquio de silencios…

Y en mis manos la cinta de tu pelo;
y la espada de Héctor en las manos de Áyax
–¿qué otro loco luchó contra un rebaño
reclutado en su heroica locura?–

La voz con que me hablabas o el regalo de Héctor…

Y al final, como Áyax,
el filo de un delirio desangrándome el alma.



18 julio 2010
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martes, 13 de julio de 2010

Los héroes y los demás

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A la Selección de Fútbol de España y a su ‘hombre tranquilo’. Todo el mundo entiende por qué


El entusiasmo es nuestra necesidad más importante. Lo descubrieron los griegos y lo sembraron en el tiempo. Y ha llegado a nosotros por las torrenteras de la Historia.

Vuelvo a los héroes. A la referencia de los pueblos. Históricamente, quiero decir. Humanamente siempre. Los héroes son hombres con dos o tres cucharaditas de un dios que a la grandeza le suman la posibilidad. De los hombres es aquélla; de los héroes, ésta.

Pero no siempre ocurre la grandeza. Aunque lo sea; aunque con ella se pueda definir a cualesquiera hombres y mujeres de cuantos son, serán o han sido. Se necesita el tacto divino con que -los griegos decían- son tocados los héroes. Y cuando esto ocurre, cuando pasa lo que habitualmente no pasa, estalla en los demás el generoso entusiasmo de la admiración, del arquetipo, del modelo... Y todos se saben grandes porque alguna grandeza ha sido posible.

Siempre habrá recalcitrantes que protesten. Pero los recalcitrantes no pueden nada contra los postulados de la verdad. Y esto es verdad. Los héroes son gente común que hace algo extraordinario. Cualquier cosa. Y dibujan, sin darse cuenta, el diseño de un entusiasmo plural en quienes no lo hicieron.

Por eso digo que los necesitamos. En ellos sucede lo que en los demás es posible. Y en los demás, la convicción entusiasta de que no existen sueños irreales.

martes, 6 de julio de 2010

La voluntad inútil de los grillos

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Los grillos son manuales de nostalgia,
voz alta del verano en la memoria.

Los grillos no consienten ausencias a la noche
y por eso nos duelen sus guitarras al aire.

Los grillos cantan coplas a un celo inacabado,
a una pasión sin norte ni trasunto.

Los grillos son palabras que están de imaginaria
y velan el insomnio del silencio.

Los grillos que buscábamos de niños con jaulas y linternas
para encerrar su lira en nuestras manos.

Esos grillos de ayer, que no son éstos,
son lo igual, son lo mismo, son aquello que deben:
la voz no derrotada de un cansancio incansable;
la misma eternidad, la misma empresa inútil,
la hazaña atemporal de militar en siempre…

La soledad de siempre… La guerra contra nunca.


5 julio 2010
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