jueves, 3 de febrero de 2011

La voluntad herida

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Ahora no.

No me dejes ahora.

No ahora que es verdad lo que es debido.

No ahora… cuando tengo que saldar
el préstamo de Dios en pequeñas monedas,
en los pobres ahorros que invertí en voluntades
y guardé para ti en la alcancía del alma.

No me dejes sin cielo o sin sonrisa,
sin aire que beber o luz en que asfixiarme,
ahora que el soldado no espera otra batalla
ni sabe ya querer ningún ejército.

Sin gloria ya en el filo de la espada,
sin aplauso ni olor de pólvora en el viento,
sin reino que ganar, sin ebriedad ni triunfo;
caído sobre el barro de una indigente hazaña…
no me dejes rodar por la derrota.

Ahora no.

Ya no tengo valor para la vida;
soy un cobarde ante su casi nada.
Sólo tú, si tu fe me hace posible,
después de cada día me hablas de otro.

Sólo tú me creaste invulnerable;
capaz incluso de beber grandeza
en la derrota si era yo el vencido.


2 febrero 2011
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4 comentarios:

Olga Bernad dijo...

Es verdad: solo sin voluntad estamos solos.
O no, con voluntad también, pero esa soledad es otra cosa, capaz de dar valor para la vida con los otros y hasta con los unos.
Ni tu yo poético ni tú la perderéis del todo nunca. No puedo imaginarlo (yo, que me imagino tantísimas cosas;-)

Un beso, voluntarioso caballero.

Antonio Azuaga dijo...

Gracias, Olga. La verdad es que estoy algo “tocado” (touché como en esgrima reconocía la nobleza lo que ahora la electrónica denuncia), aunque son duelos contra la soberbia y otras circunstancias inevitables: de vez en cuando (o de siempre en siempre) la voluntad excede de sí misma.

Un beso.

sunsi dijo...

Qué solos nos deja la voluntad cuando nos deja... Haría, empezaría, llamaría, acompañaría... Todo son futuribles que llevan al nunca. Y más solos si la voluntad está enferma y el entendimiento más vivo que nunca. Atrapado en una jaula mientras ves que los "otros" entran y salen, emprenden... y te miran: "¡Pobre...!"

Un saludo, profesor.

No puedo creer que a ti te haya abandonado la voluntad... Cuando se pelea para amueblar cerebros ... llega y te rescata.

Antonio Azuaga dijo...

Espero que yo tampoco pueda creerlo, Sunsi; he antepuesto tantas veces la voluntad a las otras potencias del alma, que si lo hiciera, si de verdad me abandonara, ya no sería capaz de ser yo ni este poco entendimiento mío. Ni su prisión siquiera; todo lo más la cera derretida de ese candil que tan pobremente ilumina mi cabeza.

Gracias, y un saludo.