miércoles, 3 de agosto de 2011

Otra forma de entender agosto

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Todos sabemos que agosto es a febrero lo que al invierno el verano. No hay que ser experto en razones matemáticas para darse cuenta. Al día tres, que es hoy, le queda de estío casi lo mismo que a San Blas le falta hasta la primavera. Agosto tendría que ser tan loco como el amputado mes de las extravagancias. Y lo es de hecho: si en éste el perro busca la sombra, en aquél el frío sorprende al rostro. Lo proclama el refranero, que es sabiduría sin cátedra ni tarima, pero sabiduría de muchos quilates. Claro es que después de febrero viene otra cosa, más jovial, más multicolor, más gozosa… Algo que, en cada amanecer, ve aumentar la alegría en los solares de Deméter.

Agosto, sin embargo, es prometeico: su futuro es lo que queda después de una osadía, después del calor y el fuego, después de la hazaña que nos permite vivir, no vacar, sino vivir. Agosto sólo espera a las águilas de otoño hurgándole en el alma; al desgarro cruel de la memoria y la vida. Pero, a pesar de todo, agosto es bello y grande… Porque nada hay más grande, nada más bello, que aguardar la sentencia de una audacia.

Agosto es la advertencia de una condena inevitable… Pero inmensa.
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4 comentarios:

Aurora Pimentel Igea dijo...

Algunas personas mayores, abuelos, decían que en agosto hacía menos calor. En cualquier caso por Valladolid este verano está siendo suave, casi otoñal o británico. Buen verano en cualquier caso alejado del ruido y el follón, si te es posible, Antonio. Y un fuerte abrazo.

Antonio Azuaga dijo...

Yo, Aurora, que soy persona mayor, bastante mayor, también lo digo. En realidad lo digo desde siempre. Julio, que nunca me ha gustado mucho, es el mes de los bochornos y los cielos azul desvaído –este año, no, desde luego; este año ha hecho un julio precioso y bonancible con la clara intención de contrariar los “asfixiantes augurios” de los meteorólogos– . En agosto, sin embargo, y a pesar del pobre San Lorenzo, el cielo recupera el vigor de su claridad turquesa y la temperatura invita a cierto recogimiento. Y es que agosto es más serio porque también es mayor, es ya “un verano mayor” que sabe de sobra lo que se avecina.

Es un placer y un alegría enorme verte por aquí, Aurora. Gracias de verdad. Y buen verano también; descansa y repón fuerzas… para ser feliz.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

En las tierras que yo habito, dicen que cuando acaba Julio , el verano ya se ha ido y que vuelve en Setiembre , sobre todo en la primera quincena, con las mareas vivas y las puestas de sol de fuego, después, el otoño, como dice Sabina , dura lo que tarda en llegar el invierno, que aquí, en la costa,nunca es demasiado severo.Y en la vida, como en este tiempo que vivimos, yo creo, es el intermedio de la madurez, pero todavía hay que esperar mucha belleza por ver.Eso , creo yo.

Un beso de verano.
Doña Anónima

Antonio Azuaga dijo...

En éstas que habito yo, Doña Anónima, centrales, esteparias y de riguroso clima en los dos solsticios (creo que vos las conocisteis, al menos durante sus inviernos), el verano tiene una resurrección pequeñita a finales de septiembre. Lo llamamos el “veranillo de San Miguel” por suceder cuando el arcángel es celebrado. A mí no me gustan ni el veranillo ni el verano: soy un animal otoñal que inexplicablemente nació en primavera. Por eso siempre he estado desfasado, fuera de lugar. Por eso creo que soy tan poco sociable, tan probablemente antipático: es consecuencia de una frustración equinoccio-natal que no parece importar ni a psicólogos ni a astrónomos. Pero, tiene que haber de todo ¿verdad?

Acepto el “beso de verano” por de vos venir; porque, lógicamente, yo sólo consiento decadentes besos otoñales.

Como éste, por ejemplo, de color madrid-octubre (que es un color precioso) que os dejo de despedida.