sábado, 28 de enero de 2012

La tragedia real o la importancia de no ser importante

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Alguien, ahora, en alguna parte, está poniendo en el mosaico de la Historia una tesela fundamental. Él o ella lo ignoran; pero lo demás, todo lo demás, pende y depende del hilo de su gesto, su suceso, la modesta decisión que acaban de tomar.

Alguien, ahora, en sabe Dios dónde, está ocupado en la razón de un destino que doblegará el tiempo. Cualquier mañana está pendiente del presente insignificante en que él o ella ocurren. No hablo de los nombres ilustres que decoran los libros. No me refiero a los espurios protagonistas de las crónicas. Mi “alguien” es cualquiera. Mi “alguien” son los “tús” cotidianos que pasan por la vida sin que el tiempo se entere, que nacen y se mueren sin más tierra en el ser que la memoria de quienes les amaron.

El hombre es necesariamente trágico, pero no como pensaba el mundo antiguo, no porque la moira le arroje a un destino irremediable sea cual sea su derrotada determinación, sino porque una modesta decisión suya arrastra el mundo a un inevitable mañana.

La tragedia real consiste en comprender que cualquier cosa que después ocurra depende de la insignificante tesela que alguien, ahora, en algún paisaje irrelevante, está poniendo en el mosaico de la Historia.

La tragedia real es que cualquiera está siendo autor y responsable de todo el tiempo, de todo el hombre.
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8 comentarios:

Olga Bernad dijo...

¿Y por qué lo llamas tragedia?
A mí me gusta pensarlo. Está, pero no sabemos cómo ni en quién. No le ponemos rostro pero podemos imaginarle unas manos. Aceptar que nunca comprenderemos el gesto que nos trajo aquí, pero saber que somos un poco su consecuencia.
Quizá estoy muy cansada ya a estas horas y necesito mirar bien para ver algo agradable, pero esa "tragedia real" me parece ahora mismo consoladora.
Buenas noches, Antonio.
Y un beso.

Doña Anónima dijo...

Seguramente la "tesela" que alguien decida colocar en el mosaico, nos hará cambiar nuestra manera de concebir el mundo que nos rodea, pero en el fondo, el "hombre" no será ni mejor ni peor que desde la noche de los tiempos. Y eso...es triste y trágico. Si que lo es.
Un beso
Doña Anónima

Antonio Azuaga dijo...

Lo llamo tragedia, mi querida Olga, porque, frente a la ‘clásica’, que nos habla de la determinación de la libertad por la ‘necesidad’ impasible de lo ya escrito, la tragedia real es su recíproca: la libertad más irrelevante del más ‘pequeño ahora’ determina la necesidad inconmovible de un suceso aún por escribir. Digamos que es la versión moral del ‘efecto mariposa’ de Lorenz, de esa ‘teoría del caos’ que tanto gusta últimamente. Pero tienes toda la razón: también por eso estamos aquí.

Gracias siempre por acercarte y hablar a este rincón.

Un beso.

Antonio Azuaga dijo...

Bueno, Doña-Anónima, se supone que el pesimista soy yo. Así que esa desconfianza en la posible mejoría humana no debería Vd. decirla. Si le parece, hacemos una componenda: el hombre no será mejor ni peor, pero los hombres, cada vez que ponen una tesela, podrán ser mejores o peores según sea la inclinación de su voluntad. Lo que nos hace buenos o ‘no-buenos’ es ‘lo que queremos’ que ocurra, no lo que ocurre por causa de lo que queremos (creo haber hablado alguna vez de esto citando al viejo Kant: “Ni en el mundo ni fuera del mundo hay nada bueno o malo que no sea una buena o mala voluntad”).

Un beso, y muchas gracias por su aportación.

Doña Anónima dijo...

¿Será entonces que nuestra capacidad de aprender es muy limitada? ¿O es que en realidad todos somos la consecuencia de otros y no nos queda más remedio que seguir en la cadena?. Porque es bien cierto que son muy pocos los que son capaces de romperla y colocar la "tesela" en un lugar del mosaico que le de una nueva visión al conjunto.Y después... se vuelve a empezar mi querido profesor, hasta que de nuevo otro "alguien" encuentra una pieza diferente que nos enseña...¿quizás otro mosaico nuevo? ¿Pero que hemos aprendido del mosaico anterior?
Un beso
Doña Anónima

Antonio Azuaga dijo...

“…¿O es que en realidad todos somos la consecuencia de otros y no nos queda más remedio que seguir en la cadena?”

No, Doña-Anónima; yo no pretendo decir eso. El “demonio de Laplace” estaría encantado con una interpretación así, pero yo siempre he estado lejísimos de cualquier mecanicismo (por cierto, la física actual tampoco hace buenas migas con éste).

Sin duda me he explicado mal. No hay cadenas que romper (eso se lo plantearía la tragedia clásica), sino ‘decisiones’ que se toman y provocan el tiempo; no sólo nuestro tiempo, sino el de todos los demás. Que uno decida hoy leer un libro, por ejemplo, supone que no va a hacer otra cosa. De aquello y esto proceden una pluralidad de concatenaciones que, sabe Dios, en que impronosticable mundo acabarán. Pero esta decisión no está ‘causada’, ni enredada o amarrada a nada: la tomamos porque ‘queremos’; porque, en un momento determinado, ‘la queremos’. Que no podamos prever lo que de ella depende es lo que conforma la tragedia real.

Nadie “especial” configura un mosaico nuevo: la “pieza” más impensable es la tesela fundamental. Aunque, después de todo, nadie lo sepa.

Un beso.

veridiana dijo...

Sí,como Margareet Teacher que ya nos metió en este pozo sin fondo y no es consciente por su demencia,del mal que pudo causar.

Bonita música,junto con el arte,es lo único que me hace feliz...

Antonio Azuaga dijo...

La música une mucho más que la palabra; con ésta se discute, con aquélla se siente…

Y cualquier sentimiento está unos cien escalones por encima de la discusión más brillante.

Un beso, y gracias por tu compañía