martes, 12 de marzo de 2013

El pistolero y el desierto






Amo la soledad de los revólveres,
sus redondos abdómenes hexástilos,
su inquietante advertencia, su amenaza;
amo el ojo avisado de la muerte
y el ácido perfume de la pólvora
en las seis rosas negras de su alma.

Debo cruzar el último desierto
sin norte ya, ni rumbo ni tarea.
Hacia viejos poblados que no existen
debo seguir queriendo seguir vivo.
Y cabalgar a lomos del silencio.
Y cabalgar y cabalgar… por nada.

La cobriza tangencia del crepúsculo
pone triste la sien de mi caballo.
Oigo el silbo de Dios en la llanura…
En la llanura inmensa, ilimitada.

El desierto es el tacto del olvido,
la caricia del vértigo, la fibra
terminal de la tierra donde ahora
el rostro reconozco de la muerte,
donde sólo es verdad esta brillante
soledad de un revólver en mis manos.



Marzo 2013


10 comentarios:

Doña A. dijo...

Un poema que habla de soledad; de tu soledad, de tu desierto, de un sentimiento íntimo. Me gusta tu poema.
Los poetas sois personas generosas que regaláis trozos de sentimientos sinceros. Nos dejáis entrar a los demás en un lugar recóndito, vetado, íntimo y por eso: mi agradecimiento.
Un beso Antonio

Olga Bernad dijo...

Hermosa pistola negra, forastero.
Yo también amo la soledad de los revólveres. Y mucho más amo los desiertos, las enormes llanuras. Y galopar, y galopar... y que los perros ladren.
Me gusta pensar que, al cruzarnos, tal vez se alegre la sien de tu caballo,-)
Un beso, maestro.

Antonio Azuaga dijo...

Mi “lugar recóndito”, Doña A, es de una vulgaridad pasmosa. Nada hay allí que no haya en cualquier otro ‘recóndito lugar’. Probablemente porque yo no soy un “poeta”, como tan generosamente opinas. En cualquier caso, agradezco tus cariñosas palabras que muestran una lectura en extremo amable de las mías.

Un beso, querida amiga.

Antonio Azuaga dijo...

Para mí siempre será una alegría cruzarme contigo, querida forastera, y charlar de los “poblados que no existen” porque el paisaje no se los merece (siempre me sale Platón por alguna parte). Tal vez por eso nos resultan tan atractivos los desiertos y las llanuras.

Gracias, Olga, y un beso.

P.D.: Me he vuelto a probar ese sombrero de “maestro” que me regalas y, qué pena, me sigue quedando grande.

veridiana dijo...

Te gusta Platón porque su filosofía sigue representando una posibilidad permanente de lo humano.

Mejor galopar sin cargas...
Las armas dan seguridad al que no la tiene y quieren controlar lo incontrolable,(tal vez porque las he sentido próximas)y no me gustan.

Un beso.

Doña A. dijo...

¡Que va! Cada "recóndito lugar", Antonio, no tiene nada que ver con otro.Cada uno tiene características diferentes y únicas que nos hacen especiales, pero los poetas a veces nos dejáis ver algo del vuestro, por eso sois más generosos.
Aunque tengo que reconocer que todos son muy interesantes.
Un beso

Antonio Azuaga dijo...

Me gusta Platón, Veridiana, porque gracias a “su filosofía” la filosofía pudo ser ‘filosofía’.

En cuanto a lo que dices de las armas, no sé qué pensar. Me bastaría cambiar el sujeto de tu frase para entender en ella un pensamiento cautivador. Por ejemplo: el amor ‘da seguridad al que no la tiene y quiere controlar lo incontrolable’. Y quien dice ‘el amor’ podría decir ‘la esperanza’, o ‘los sueños’ o cualquiera de esas cosas grandes que permite a los seres humanos sentirse seguros y pretender lo imposible. No, las armas no hacen eso.

Gracias por tu compañía y un beso.

Antonio Azuaga dijo...

Ya que insistís, querida, Doña A, no seré yo quien os contradiga. Sea pues lo que vos digáis.

Un beso.

veridiana dijo...

¡¡Feliz cumpleaños mañana día siete!!

Que el dios Ares te colme de energía y vitalidad.

Un beso.

Antonio Azuaga dijo...

Muchas gracias, Veridiana; y felicidades a ti que también quedas bajo la protección de Ares.

Un beso