lunes, 4 de marzo de 2013

Historia de un soldado







Érase una vez un soldado que defendía una plaza rodeada por un desierto. Desde nunca hasta jamás fue cruzado tal desierto por ejército adversario que mereciera la pena de su vana ocupación –ni tampoco aliado, capaz de entretener tan aburrida centinela–. Y aquel turbio soldado, que contaba las horas en clepsidras de tedio, se murió sin hazaña ni nadie con quien cruzar espada o firmar armisticio.

Y érase otra vez –o tal vez la misma vez– un soldado defensor de una plaza harto distinta; una plaza en el centro de un rabioso conflicto; una plaza rodeada de ejércitos inconmensurables y enemigos. Tantos eran los frentes que el soldado no sabía por cuál de ellos empezar. Y embotado, confuso e indeciso murió de una granada que silbaba en el cielo camino de otra parte.

Lo peor de esta historia es el triste renglón que ocupa el hombre… Ese gris centinela que vigila la nada… Ese ambiguo soldado humillado ante el todo.

4 marzo 2013

9 comentarios:

Doña A. dijo...

Lo mas triste de toda esta historia es pensar que haya personas que al final de su vida se encuentren con la trágica y patética verdad de la esterilidad de su trayectoria vital.

¿Se harán preguntas? ¿ Se las hicieron antes? Por qué hay personas que temen tanto decidir por si mismas?
Es triste, realmente triste tu historia Antonio.
Un beso

Antonio Azuaga dijo...

Tal vez, querida, Doña A, no trate el caso de este soldado de ‘personas’, sino de la misma desconcertada especie a que me referí semanas atrás.

Gracias una vez más por tus amables visitas.

Y un beso, claro.

Doña A. dijo...

Pues...como especie no se que te diga; me produce la misma tristeza.
Hace poco leía un texto de Galdós que se podría aplicar a la situación política y social del momento y han pasado cien años. No hemos evolucionado nada.

Un beso

Antonio Azuaga dijo...

A lo mejor (…o peor), querida Doña A, tenían razón los ‘viejos’ griegos y el menos viejo Nietzsche, y la vida es un eterno retorno; más aún, un retorno interminable de interminables pequeños retornos. A lo mejor (o…peor), la libertad es una fantasmada de lo ‘previsible’ que nos deja sólo la posibilidad de aceptar lo que pasa, lo que inevitablemente ha de pasar. Claro que esto… ¡también lo dijeron ya los viejos griegos! Después de todo, el estoicismo resulta bastante sensato.

Un beso.

veridiana dijo...

Dicen que todos somos responsables de nuestros actos,pero la vida no tiene ningún sentido,la idea de lograr una felicidad permanente es un disfraz.

Un beso.

Antonio Azuaga dijo...

Dígase lo que se diga, mi temida Circe, incluso, diga yo lo que diga a veces, no renunciaré jamás al postulado de ser quien he querido ser; lo que sería imposible si no fuera el responsable mí mismo… ¡Aunque me convirtiera en animal su encantadora perversidad!

Gracias, Veridiana, por tu costumbre de visitarme.

Un beso.

Olga Bernad dijo...

El estoicismo resulta bastante sensato, sí. Volcanes imperturbables, ya sabes cuánto me gustan. Soldados en su sitio. Larguísimas imaginarias. Carpe noctem, querido Antonio.
Un beso.

Antonio Azuaga dijo...

Deliciosamente hermoso siempre, Olga, encontrarse con tu palabra.

Gracias por tu compañía (tan poco merecida por mí).

Un beso.

veridiana dijo...

Hummm...¡Qué peligro!jeje...

Pasa buena tarde.