martes, 11 de febrero de 2014

El credo inevitable o entre el ser y el deber-ser




Hace falta una revolución personalista y comunitaria, no apta para mentirosos y sucios de corazón, que como el cuco cantan en un lado y ponen los huevos en otro.

Carlos Díaz. Hay que ser tolerantes. Acontecimiento (109). http://www.mounier.es/attachments/article/166/cdiaz2.pdf





Creo en Dios porque el hombre ni es capaz de ser quien dice ni jamás pretendió serlo.

Creo en Dios porque los sucedáneos terrenos de la esperanza son falaces y cicateros. Urdir espurias riquezas y falsificar beneficiarios es mala escuela; mejor dicho, es academia de almas prostitutas… Porque también las almas se dedican al oficio más viejo del mundo. Y no hay más que leer la prensa de cada día –que es el pan de nuestras prostituciones– para convencerse de ello.  Me da lo mismo el color de quien haga la calle o aguarde en las esquinas de su facción, partido o ideología: el resultado es un lecho podrido y un beneficio indigno.

Creo en Dios porque hay demasiada gente condenada de antemano; gente que, por carecer, carece hasta de la oportunidad de no sufrir, de no conocer tregua durante la que no llorar. Muchísima gente diluida en nuestros siete mil millones que sólo puede aspirar a engrosar las estadísticas del remordimiento de los otros. Si fuera verdad algo de eso que llamamos ‘nuestras verdades’ (o ‘nuestras convicciones’, que está más en la onda de la vulgaridad vigente), si algo de eso fuera verdad, el mundo se conmovería con una revolución sin precedentes. Una revolución rarísima que pondría patas arriba toda la historia que nos quede por hacer. Una revolución que se haría de dentro hacia fuera (justo al revés de como se han hecho todas las que en el mundo han sido), que no se justificaría por las masas ni sería ancilar de los plurales; que no se vendería en titulares ni pretendería portadas. Una revolución a la que darían exactamente igual los ‘muchos’ y los ‘tantos’ ­–esas cifras inicuas con que embaucan los trileros de la polis y las páginas de sus mercenarios voceros.

Creo en Dios porque una revolución así, una revolución tan heterodoxa con el canon común de las revoluciones, no se hace en las calles, ni en los despachos, ni en las asambleas, ni en los foros... Una revolución así se hace en los rincones apartados de uno frente a uno mismo, ante el espejo de la veracidad. Sin otro referente, sin otra prescripción que la empeñada voluntad personal de romper la fractura entre el ser y el deber-ser, ese abismo ignorado por los deseos del hombre.

Y como el deber-ser tiene tan mala prensa en nuestros días, es tan acomodaticio, tan relativo, tan coyuntural, es tan poco deber-ser que para poder ser tiene que pedir permiso a la indecente falacia dominante; por mucho que me empeñara…,  no tendría más remedio que creer en Dios.

Él, por lo menos, tiene claro que el ser humano anda lejos, muy lejos, de quien debiera ser.


9 comentarios:

Anónimo dijo...

Cupi : Bueno, esa revolución ya empezó en el sermón de la montaña hace mucho, y su corolario fue “el sermón del Gólgota”. Pero nosotros, los cristianos de hoy y los de antaño, nos seguimos escandalizando de la cruz, la cruz que se gesta en la vida, en las renuncias, en los sacrificios, en las opciones, en la fidelidad… .
Recojo aquí unas notas de cautiverio, de cruz, de quien dio un ejemplo de seguimiento en la vida, como tantos otros quizá reducidos al anonimato de la historia jamás contada, pero que late dentro de esa otra que se cuenta en los libros de texto.

“Estaciones en el camino hacia la libertad:
Disciplina
Si sales en busca de la libertad, aprende ante todo disciplina de tus sentidos y de tu alma, para que tus deseos y tus miembros no te arrastren sin descanso, aquí y allá. Nadie sondea el misterio de la libertad , a no ser por la disciplina.
Acción
No hacer y osar lo arbitrario, sino lo justo; no oscilar entre posilidades, sino acometer valerosamente lo real;la libertad no está en el torrente de los pensamientos, sino sólo en la acción.
Lánzate desde tus miedosas indecisiones a la tempestad del acontecer, solamente sostenido por el mandamiento divino y por tu fe, y la libertad recibirá jubilosa tu espíritu.
Sufrimiento
¡Maravillosa transformación!. Las fuertes, activas manos te son atadas. Impotente, solitario, contemplas el fin de tu acción. Pero tu respiras profundamente y depositas el bien, silenciosamente consolado, en una mano más fuerte y te quedas contento. Sólo un instante rozaste feliz la libertad, luego la entregaste a Dios, para que él la perfeccionara magníficamente.
Muerte
Ven ya, fiesta suprema en el camino a la eterna libertad;
Muerte, abate las molestas cadenas y murallas de nuestro cuerpo perecedero y nuestra alma obcecada, para que por fín avizoremos lo que aquí se nos niega contemplar. Libertad:te hemos buscado largo tiempo en la disciplina, la acción, y el sufrimiento. Al morir te reconocemos en la faz de Dios.”
Tegel 25 de Julio 1944
Dietrich Bonhoeffer
“Resistencia y Sumisión”
Sígueme; Salamanca 1983
Un beso, sin matices, en la solidaridad de esta perplejidad nuestra.

Antonio Azuaga dijo...

La historia es una crónica de torpezas y siempre acaba pareciéndose a sí misma: su lección, en el fondo, es poco aleccionadora, y sus “revoluciones” un cúmulo de arrogancias fracasadas. Por eso, mi querida amiga, una revolución como ésta tiene que estar “empezando” siempre; sobre todo porque la especie sigue siendo obstinadamente cerril.

Gracias por tus palabras y por las de Bonhoeffer, tan certeras siempre.

Un beso.

P.D.: ¡Ah!..., y por todo esto, no tengo más remedio que creer en lo que creer digo.

Doña A. dijo...


El eterno conflicto, Antonio. En ocasiones cuando quieres, no debes; y al revés, cuando debes no siempre quieres. Ante estas contradicciones no nos queda más remedio que elegir siempre, continuamente. El problema del deber ser nos lleva a tomar conciencia de nuestra conducta y dirigir la acción hacia la propia superación.
Estoy contigo de acuerdo en que la revolución es totalmente personal, constante y continúa y por tanto una utopía. Ante esto no nos queda más remedio que dirigir nuestra mirada hacia algo superior ante esta insignificancia tan nuestra.

Un beso

Antonio Azuaga dijo...

Pues estamos apañados, querida Doña A: si una revolución “personal, constante y continua” es también una “utopía”, entonces el hombre no tiene arreglo ni por el “todo” ni por las “partes”. Habrá que seguir, pues, la exhortación de Hamlet –“Vete a un convento”–, que es lo que se desprende de esta entrada.

Gracias por tu visita y un beso.

Doña A. dijo...

Dejemos de engañarnos, somos lo que somos. La historia lo demuestra. Al fin y al cabo barro, queriendo ser estrellas, pero no cabe duda de que estamos a muchos millones de kilómetros y por eso alzamos la mirada hacia ellas cuando nos desencantamos tanto y tanto de nosotros mismos.
A mi, lo que verdaderamente me desgarra es la capacidad que tiene el hombre para dañar a sus hermanos en cualquiera de las muchas modalidades que practica.
En cualquier caso no desespero porque en él siempre existe también esa capacidad de superarse a sí mismo.
Un beso

Antonio Azuaga dijo...

Sea como decís, Doña A. Yo me conformaría con que esa “capacidad” conservara la conciencia del abismo abierto entre lo que somos y lo que deberíamos (y podríamos) ser.

Mar Revuelta dijo...

Antonio: lo primero te pido perdón por tomarme la libertad de escribir este comentario ,sin tener relación a tu escrito,pero quiero que sepas que hoy has estado muy presente en mi "hoy".
En una reunión con el tutor del instituto de mi hijo ,buen profesor y magnífica persona,pero rodeado de grandes"listillos e "impertinentes profesores no vocacionales ", te puse como ejemplo de gran profesor que eres,como te preocupas de enseñar de una manera sencilla,amena y alegre tu materia ,y como a la vez transmites respeto ,tranquilidad,valores,amistad y confianza a tus alumnos,así si se puede sacar de cada chico adolescente lo mejor.
¿Dónde están los "profes" de verdad ,los que enseñan materia y valores.?
Antonio,que orgullosa estoy de haber sido tu alumna durante años,gracias por todo lo que me has y sigues enseñando.
Un beso y todo mi agradecimiento

Antonio Azuaga dijo...

¡Ay, Mar, qué preciosa sorpresa! Me traes ‘todo tu nombre’ de recuerdos (es lo que tiene llamarse así de grande).
¿Que te sientes “orgullosa” dices?... Para orgulloso yo, que os encontré de casi niños y me enseñasteis a amar el oficio que me hizo la vida. Por eso la memoria se me va tan a menudo a las modestas aulas de aquel rincón de Madrid. Me acuerdo muchas veces de todos vosotros, sobre todo cuando la “confusa educación” de nuestros días me pide oxígeno para la esperanza… Entonces pienso que ‘lo mejor’ es posible porque alguna vez fue real.
Muchas gracias por tu cariñosa visita, y un beso.

Anónimo dijo...

....¡¡¡Y sí que es posible!!!, y ¡necesario! para resistir al absurdo y a la nada, amigo y maestro, y proporcionar esperanza a nuestros chicos. Sin alharacas, sin prepotencias, sin imposiciones. Suavemente y de la mano del amor que nos mantiene `vivos´, hemos de seguir abriendo caminos alternativos al abismo que se les ofrece a los chicos. Y aunque no recojamos frutos hoy, ni los veamos cercanos, la semilla crecerá como para que otra generación como Mar, necesite saber que sus hijos tienen algo más que un “google” que los eduque. La alternativa a nuestra resistencia es la que taladraba mis oídos en el instituto alguna docente: “<>. Un beso y gracias a tu antigua alumna, Mar, por recoger el testigo
P.D. Por eso “el deber ser” llama al “ser” a “lo que debe ser”.