martes, 7 de octubre de 2014

Pitia





Hace tiempo soñé que yo era la distancia,
un pedazo de olvido mezclado con los hombres,
una sombra inaudita de vapores extraños.

Hace tiempo soñé que no me despertaba
del sueño que tenía el alma de la tierra;
y que yo era la tierra,
el grano innumerable de sus montes,
el polvo sin destino al polvo destinado.

Un día desperté y tenía un nombre
rodeando el afán del infinito.

Anduve algunos años leyendo extraños signos…

Y al cabo regresé al sueño que antes era,
a ese incrédulo estar donde no estaba,
a ese amargo destrozo de haber sido.



Octubre 2014

7 comentarios:

Susi dijo...

Los sueños, querido Antonio, son una parte importantísima de nuestra vida, pero tienen un lenguaje que, a veces, está lejos de nuestra comprensión.
Me gusta más pensar lo que soñabas en el entremedio de tu poema, que no en el principio y final.
En cualquier caso los "sueños sueños son" aunque lo que vivimos en ellos sea "casi"tan real como la propia "realidad".
Un beso soñado.

Antonio Azuaga dijo...

Me alegro, Susi, de hallarte con tu nombre; y agradezco, sin duda, que aún acompañes estas “distanciadas” imaginarias.

A la poesía le pasa algo parecido a lo que ocurre a los sueños: tiene “un lenguaje que, a veces, está lejos de nuestra comprensión”. En realidad, se escribe por la misma razón por que se sueña; simplemente, por el descanso del alma.

Gracias de nuevo, y un beso.

cupi dijo...

Para el Otoño, o para cualquier otra estación de la vida, es siempre un arte acertar a devolverle al tiempo, su afán y al deseo, su voluntad. Un beso

Antonio Azuaga dijo...

Muchas gracias, Cupi, por tu visita.
Luego de tanto silencio, pensé que estas “imaginarias” ya estaban, como el Voyager-1, fuera del Sistema Solar. Veo que no es así. Gracias, pues, por seguir sintonizando mi cascada emisora.
Un beso.

Olga Bernad dijo...

Es muy difícil entender el mundo y qué hacemos en él, quizá para eso soñamos o escribimos poesía, porque entonces entender se vuelve otra cosa y nuestra extraña y natural relación con la tierra o el cielo puede "nombrarse" o volcarse en palabras distintas. Como las de un oráculo. Pitia, qué acertado.
Un beso, maestro.

Antonio Azuaga dijo...

Qué alegría, Olga, aunque no merezco ni tu visita ni tus palabras. Tengo que hacer algo para remediarme.

Gracias siempre y siempre un beso.

Olga Bernad dijo...

Claro que lo mereces, no digas eso. No tienes que hacer nada más que escribir :)