viernes, 17 de octubre de 2014

El paleolítico de la noche o Preguntas mientras duerme el alma




¿Será que el universo, nuestro cosmos, aún no ha aprendido a cultivarse, aún deambula sobre la desolación del caos?

¿Será que el ser todavía es el paisaje de un paleolítico grandioso que ignora la agricultura de sus astros, que sólo los persigue y caza, y los engulle y continúa errante buscando nuevas presas que le permitan sobrevivir?

¿Será que el neolítico de la noche, el asentamiento y la ciudad del cielo aún no han ocurrido? ¿Que la parte –nosotros– tenía la tarea inmensa de aleccionar al todo, de enseñarle cómo la prehistoria se hacía historia; cómo la horda, grupo; cómo urbe, el páramo y su hostilidad?

¿Será que éramos el docente microorganismo de un macroorganismo depredador?

¿Será que la heroica empresa de nuestra pequeñez era la civilización de un bárbaro inmenso y monstruoso que llamábamos universo?

¿Será que menospreciamos el potencial de nuestra esperanzadora insignificancia, ésa que frente a lo que ocurre se atrevía a pensar lo que debería ocurrir, que definía el deber-ser a pesar del ser y lo convertía después en proyecto y hazaña?

¿Será que fue verdad no consumada la secuencia hegeliana del espíritu, que el destino del todo era saberse a través de nosotros; que el silencio aguardaba la palabra y el espectáculo su espectador?...

¿Será que nunca fuimos la esperanza?






martes, 7 de octubre de 2014

Pitia





Hace tiempo soñé que yo era la distancia,
un pedazo de olvido mezclado con los hombres,
una sombra inaudita de vapores extraños.

Hace tiempo soñé que no me despertaba
del sueño que tenía el alma de la tierra;
y que yo era la tierra,
el grano innumerable de sus montes,
el polvo sin destino al polvo destinado.

Un día desperté y tenía un nombre
rodeando el afán del infinito.

Anduve algunos años leyendo extraños signos…

Y al cabo regresé al sueño que antes era,
a ese incrédulo estar donde no estaba,
a ese amargo destrozo de haber sido.



Octubre 2014