miércoles, 21 de enero de 2015

Cenizas



Hace algunos años escribía... Pero todo es coherente. A fin de cuentas un fracasado crea puestos de trabajo: consultas, terapias psicológicas y fármacos variopintos. A un derrotado le basta el abrazo de un amigo.

Pero por entonces la derrota era aún un ejercicio de metafísica estatura, una tilde filosófica rodeada de grandeza. 

Han cambiado mucho las cosas en este tiempo. La heraclitiana hoguera de la realidad se ha transformado en brutal incendio. No sé dónde poner el alma que pueda respirar el aire fresco de la esperanza. Las verdades del hombre están podridas. Incluso cuando claman por su resurrección en los foros de la historia, se hacen irrespirables. No queda oxígeno para el mañana; ni cultivos hoy para el oxígeno. La preocupación por el clima que amenaza el futuro del planeta no debería ser meteorológica, sino histórica.

Rousseau (y otros muchos) fue un embaucador. La naturaleza del salvaje no es la bondad porque nada puede ser bueno antes de que exista su definición. Y ésta sólo es posible cuando el salvaje deja de serlo, es decir, cuando ya no es naturaleza sino cultura, sociedad, historia...


Pero hoy la Historia arde por doquier... Y se convierte en cenizas de su contrario.