viernes, 12 de febrero de 2010

La red

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No importa el aire libre, el cielo abierto,
la asfixia de la luz, el zarco limes
de esta indefensa soledad vencida.

No importa el muro que rodea el reino
amable del silencio de la noche.

Es la quilla de un dios la que me arrastra
más lejos cada vez, más implacable
–morir la oscuridad y alzarse el día
sin que ocurra un después de tanto ahora–.

Es tan bella la red de haber amado,
que no importa la muerte que me arrojas,
ni la asfixia en la luz, ni el cielo abierto,
ni el limes que se aleja, ni tu barca…

¡Ni la tierra y su nada prometida!


12 febrero 2010
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