miércoles, 17 de noviembre de 2021

El idiota

 

Como dispuesto desde hace mucho, como un valiente,
saluda a Alejandría que se aleja.
Y sobre todo no te engañes; nunca digas
que fue un sueño...
Konstantin Kavafis, El dios abandona a Antonio

 

Lo he sido por creer, porque creía
con entusiasmo, con pasión, casi con locura.
Aunque después de todo…
¡Después de todo siempre hay nada!
 
A veces es la muerte
la última razón del desengaño.
 
A veces, otras cosas que ocurren entre medias,
poco antes de morir
o mucho antes.
 
Un día, por ejemplo, se nos rompe un sueño,
una asunto pequeño que nunca imaginamos
que fuese tan crucial.
 
¡Y en él estaba todo sin embargo!
 
Una foto, un collar, una canción traidora;
el puñal de una voz;
un verbo arrebatado al sueño que lo dijo…
Un sueño como otro que no tenía importancia
y se hubo de romper, mal a mal, para tenerla.
 
Lo he sido por creer. Porque creía.
Porque elegí la fe, que era mi reto.
Porque el mundo del mundo me asqueaba,
me aburría su gris estupidez,
el eterno retorno de los vicios vulgares
a través de los años, a través de los siglos.
 
Lo he sido porque sí; porque lo quise;
porque me dio la gana ser quien soy:
un crédulo, un ingenuo, un alma en blanco,
un idiota aparente que eligió ser feliz...

Y nunca le importó que fuera un sueño.

 
 

 

16 noviembre 2021


martes, 9 de noviembre de 2021

La soledad real


Pronto hará nueve años. Apareció por aquí un domingo de noviembre allá por 2012. Los domingos, sus tardes sobre todo, siempre me han parecido momentos de soledades, y esta soledad real, más real según va pasando el tiempo de la humanidad, sigue habitando en ciudades que no existen porque ya no les quedan verdades. Basta clicar en la imagen para recordarla:



jueves, 4 de noviembre de 2021

Creer, saber...

 


No hay nada ya que se piense imposible. Me atrevería incluso a asegurar que nuestro mundo corrige a Hegel; que, en vez de “todo lo real es racional”, proclama envanecido que “todo lo imposible es racional”. Nada hay ya que pueda maravillarnos. La mayor de las mentiras es tan creíble  como la más hermosa de las verdades; la atrocidad más brutal, tan real como la bondad más admirada. Es decir, nada hay increíble porque ya nada hay sorprendente; porque lo más vulgar, lo más exótico, lo más cruel, lo más tierno, lo más grandioso, lo más insignificante, lo más estúpido, lo más inteligente… Nada puede sorprendernos. Todo tiene cabida en el inmenso desván de nuestro  adocenado aburrimiento. Porque, cuando ya todo es creíble, ya no creemos en nada, nada hay ya capaz de provocar el estupor delicioso que nos permitía proclamar: ¡eso es imposible! Para creer es necesario reservar un territorio a lo que no es posible creer; es decir, un espacio a lo inesperable, unas coordenadas a la admiración, una geometría a la imposibilidad…

Y para saber de verdad es preciso indagar las coordenadas de un sueño, la geometría de un milagro.

Yo era más feliz y más sabio cuando creía lo imposible.

viernes, 22 de octubre de 2021

Perdón...


 Ahora que tan de moda está pedir perdón por lo que hicieron gentes de otros tiempos y vidas de otras hormas...

Ahora que pedir perdón es todo un homenaje a nuestra cínica virtud −si seremos virtuosos que nos arrepentimos de lo malísimos que fueron los otros−...


Ahora que los actos no pasan de ser gestos, pancarta y narcisismo de falaces bondades...


Ahora que nos hemos liberado del gravoso dolor de las maldades propias...


Ahora que hacemos espectáculo de la infidelidad, escaparate de la traición, circo de la deslealtad...


Ahora que la verdad es una mentira que ha sabido repetirse −como predicara Göbbels− las mil veces prescriptivas (últimamente no se requieren tantas)...


Ahora que es tan lábil y tibia la conciencia…


Sólo queda esperar el paraíso, es decir, apartar la nariz cuanto antes de toda la basura que hemos generado...


...Y volver a escribir palabras para nadie.



Perdón por la verdad. Perdón porque soñara
la verdad ser verdad. Perdón por las heridas
que me llevan y arrastro –¡su huella, su dolor!-

Perdón por la batalla y el ruido del combate
gozoso tras un roce de repente sublime
una mano en la mano, un vencejo en el aire,
el instante de un tacto que pasó y no sabría
suceder otra vez, ocurrir otro nunca–

Perdón por el empeño, la terca voluntad
del corazón vencido; por el lirio en la nieve,
la branquia ante el desierto, el día entre la noche,
el siervo del esclavo, el norte y el deseo,
la quilla en la mirada rompiendo lo imposible…

Perdón por el jardín que no hubo primavera.
Perdón porque he perdido la paz frente a unos ojos.
Perdón por tantas cosas… Perdón por la derrota. …

Perdón por no pedir clemencia al desengaño.


(Andrómeda, abril de 2009)

martes, 21 de septiembre de 2021

El abandonado

 


Las noches de imaginaria son lugar de soliloquios; y cuando uno habla consigo, en realidad lo hace con sus recuerdos. Vuelvo pues  otra vez a ellos porque hay abandonos que, al cabo, nunca nos abandonan:



Que te llame y no estés, o no respondas;

que el dolor sea un frío cristal cortando el labio 

azul de la esperanza;

que haya un rastro de líquenes abriéndose

camino por los ojos de los muertos;

que el corazón de un niño se eclipse entre algodones;  

que un disparo reviente la sien de un inocente...


Que te llame y no estés, o no respondas,

o pongas cara a cara mi voz con el vacío;

que el mundo esté cansado

de tanto vuelco inútil en la noche;

que amanezca de pronto la falsa compañía;

que nos hayan mentido;

que una idea diluya su grandeza en la tierra...


Que te llame y no estés,

y no respondas,

y no sepas de mí,

y no apartes del hombre este cáliz amargo,

y no haya inocencia,

ni virtud,

ni ternura...


Que de pronto la nada

sea la última nave...

¿Hay mayor soledad o más grave derrota?

 



Este poema también pertenece a La asamblea de las  sombras (Premio Villa de Leganés 1997. Exlibris, Madrid 1998) 


martes, 14 de septiembre de 2021

El fabulador y la lógica adverbial

 

Sé que no habrá después,

que es un momento último

que no dispondrá de otro, de ningún otro;

que no habrá ningún luego posible,

sólo un jamás donde aparcar cualquier más tarde.


Sé que no habrá otra noche

ni otra calle como ésta,

ni otra nube, otro pájaro, otro cielo;

ni tu voz otra vez, ni tu sonrisa

desconcertando a Dios ante su ingenio…


Sé que no quedarán ya verbos defectivos

con que salvar la nada de la nada;

ni ojos permeables

para la tilde de una lágrima...


Sé que después es ya.

Y que ya no hay después…

Porque la lógica adverbial no se discute:

nunca sucede un luego

al que antes jamás lo precediera.


Porque nunca hay después si antes no hubo …


Porque antes fue inventado…


¡Porque antes no fue nunca!




14 septiembre 2021

(un hoy cualquiera sin ayer siempre y nunca mañana)


jueves, 9 de septiembre de 2021

El pensamiento y 'las redes'

 


Durante los muchos cursos (cuarenta y seis para ser exacto) que estuve dedicado a la enseñanza siempre creí e intenté que la cimentación del pensamiento crítico fuese uno de mis objetivos prioritarios, convencido, además, de que los tres mil y pico años que llevaba invertida la vida en nuestro desarrollo se merecían esta mínima consideración. Naturalmente, el pensamiento, como actividad que es, necesita serlo sobre algo; y este algo son los datos. Si no hay datos, no hay pensamiento; y si no se contrastan objetivamente, no hay pensamiento crítico. Es más, no hay ni opinión; sólo un amontonamiento de palabras apedreadas por emociones incapaces de ir más allá de sí mismas. De lo que no me cabe la menor duda es de que tales datos, por simple practicidad, deben estar incorporados a la memoria propia, y no delegada su posesión exclusiva a los almacenes de que se obtuvieron, llámense internet, como algún ministro predica, o bibliotecas, como siempre se supo que lo eran. Este enfermizo afán de algunos por considerar que la red de redes supone una liberación de los esfuerzos en el aprendizaje me parece, amén de una gran mentira, un empeño de sospechosa intención. “Gran mentira”, porque no se trata de “liberar”, sino de “facilitar” la universalización del aprendizaje (y con ello estamos de total acuerdo); “empeño de sospechosa intención”, porque el propio término web está cargado de connotaciones engañosas, tramperas y cinegéticas.


Por si lo dicho fuera poco, las actuales “redes sociales” lo único que han conseguido es empobrecer, más si cabe, las ideas de sus adictos. Sus mensajes, breves, son fáciles; pobres en datos, no exigen esfuerzo de comprensión ni análisis de ningún tipo; apuntan a zonas del confort visceral establecido por el poder, y desencadenan respuestas sencillas a nivel abdominal más o menos sin mayor complicación intelectual o moral compromiso. Digamos que se trata de respuestas convencionalmente ortodoxas y absolutamente previsibles. Comunes, por lo tanto, y por desgracia indecentes. Porque concluyen sin saber, juzgan sin concluir y condenan sin juzgar. En otras palabras, son mecanismos de alienación unas veces y de linchamiento otras; muy rentables, eso sí, para los “negocios” de cierta clase (no sé si aún se puede decir “casta”) política, a la que también, por cierto, entusiasma la participación en ese circo.


Parece evidente que en tales circunstancias no hay mucho lugar para el pensamiento crítico y, en consecuencia, ninguno para su desarrollo: poco se puede esperar si las ideas están en duermevela permanente. Digan lo que digan quienes se pavonean de progresistas, esta España es una caricatura del progreso, una nave decadente que está estancada en media docena de eslóganes con olor a rancio y a buhardilla y no va hacia ningún horizonte; una nave cuya tripulación ha despreciado la potencia de la dialéctica en su afán de arrinconar todo lo que le incomoda porque es incapaz de contrastar ideas y de afrontar la imagen deformada que le devuelve el espejo de sus pesadillas (¡todavía los esperpentos de Valle!); una tripulación que cuando se confunde no tiene el valor de reconocerlo públicamente y corregirlo por tanto, sino que se enroca en un charco de patéticas justificaciones. Hoy en día, todo el mundo parece muy dispuesto a pedir perdón por lo que hicieron unos antepasados que no le importan lo más mínimo, sin embargo, no he visto aún a ningún dirigente hogaño reconocer personalmente un error ni responsabilizarse de un daño causado por él. Soberbios y vanidosos a fin de cuentas, les cuadran mucho mejor las palabras del Conde Lozano en Las mocedades del Cid:


...Procure siempre acertalla

el honrado y principal;

pero si la acierta mal,

defendella y no enmendalla.


Y es que donde no hay pensamiento crítico, tampoco habrá nunca autocrítica; y si lo primero embrutece a las tripulaciones, lo segundo envilece a los almirantes.



Septiembre 2021



viernes, 16 de julio de 2021

Museo de cera

 

Apareció en esta Imaginaria en febrero de 2009. Pero se borró el audio. Este poema, como entonces decía, cerraba La asamblea de las sombras (Exlibris 1998) y visitaba en las galerías del alma los personajes con que, mal que bien, hemos hecho la vida. Hoy, sabe Dios por qué, he sentido un aldabonazo en la memoria y la necesidad de recordarlo. Agradezco una vez más a Bruckner que, desde el paraíso de su inmortalidad, no me reproche el amparo inmerecido de la Sinfonía n.º 7.


jueves, 8 de julio de 2021

Historia de la verdad

 


La razón primero narró bellas historias que daban sentido a todo y todo lo comprendían. En ellas soñó la verdad. Siglos después hizo reinar a ésta al final de un camino hecho de hermosos argumentos e impecables silogismos; aunque, más tarde, un poco obligada por el auge de la pragmática burguesía, empezó a perseguirla por la piel de los fenómenos hasta acabar creyendo ser ella la propia verdad.

Al cabo, se desesperó y se defraudó a sí misma. Y en los tablaos del escepticismo se hizo palmera de los zapateados de la incertidumbre por su amargo sinsentido.

Entonces empezó a hablar con la posverdad, que no es sino la humillante destitución de la verdad ante los triunfantes galones de los sofistas.

Y así fue como la razón se convirtió en su falsificación.

Lo malo es que, entre la razón falsificada y la verdad destituida, al ser humano le cegaron todos los nortes. Y, cegado y desnortado, no halló mas paisaje en el horizonte que el de su vieja y animal condición. De ahí el cinismo de todos, de ahí la criminal atrocidad de cada día.

Esto, que pudiera parecer una divagación de tintes más o menos pesimistas, es en realidad una deducción desesperada. Porque si al ser humano le ciegas el norte de la verdad, le pudres la humanidad. Y en tiempos de tan loables inquietudes por la suciedad y contaminación consecuentes a nuestros bienestares, es una pena que nos preocupe tan poco el mal olor de nuestras almas.


Julio 2021

miércoles, 30 de junio de 2021

Dudas angustiosas

¡Que en tan poco
tiempo tal lengua entre cristianos haya!

Lope de Vega


Me llegaba días atrás, por vía de esas enredadas sendas de los smartphones, una nominal candonga que me llenó de dudas gramaticales. Referíase la misma al jugueteo inclusivo con el término votante, que en su triple, y hoy por algunos aplaudida, morfológica flexión penduleaba de votantes a votantas y de votantas a votontos. Con independencia de que en el último caso se ejerciese cierto forzamiento en el lexema a fin de hacerlo chistoso, despertome la angustiosa incertidumbre de cómo se habría de aplicar en la nueva gramática la concordancia de género en palabras comunes al respecto (tan justamente denostadas, por cierto, debido a la heterocontaminación despreciable y patriarcal de nuestra Historia). Pensaba yo si a los cantantes habría de referirse uno añadiendo cantantas y cantontos, aunque más justo me parecía, para obviar el forzamiento chistoso antes dicho, emplear cantantos que, aun sonando igual de tonto, al menos no insulta a quien al canto se dedica. Y así dudaba yo frente a un largo etcétera de palabras con género común: artista, artisto, artiste; policía, policío, policíe; amante, amanta, amanto… Un sinvivir, vamos, que se me iba convirtiendo en urgencia de aclaraciones a fin de saber hablar y escribir según la inclusiva rectitud que la igualdad demanda.

Días después de los días atrás del anterior párrafo, tuve la inmensa fortuna de poner la tele en el momento preciso en que una ministra nuestra de inteligencia y cultura repetidamente demostradas hacía una brillante exposición usando la deliciosa verbosidad de hogaño. Para mí, lo confieso con humildad sincera, ello supuso una didáctica iluminación porque en un pispás disolvió la oscuridad de todas mis incertidumbres. El todos-todas-todes, el hijos-hijas-hijes, el vosotros-vosotras-vosotres eran cuestiones que tenía yo bastante controladas, cuando, de pronto, como un relámpago de abrumadora lucidez para mi gramatical ignorancia, se refirió en su discurso, con delicada cadencia, a “los demócratas” (término que, como todos sabemos, es de género común). Y mientras yo aguardaba un desconcertante “demócratos” y un desolador “demócrates”, apareció la genialidad de la navaja de Ockham, el principio de economía que exige no repetir los entes sin necesidad, lo que Newton consagró como la preferencia elegante de la sencillez sobre el ordinario absurdo de la complejidad. Y así, nuestra ministra de inteligencia y cultura repetidamente demostradas dijo: “los demócratas, las demócratas, les demócratas...” Los, las, les... Fácil, ¿verdad? Nada de introducir flexiones morfológicas anómalas en palabras que ninguna tenían. Bastaba con precederlas de ese raro determinante le-les junto a los de toda la vida. Lo que no me quedó claro es por qué esta hermosa regla de nuestra ministra de inteligencia y cultura repetidamente demostradas no la aplicaban otras correligionarias suyas al caso de jóvenes y jóvenas, que suelen articular de esta guisa con gramatical descaro. No sé, a lo mejor se trata de una excepción que confirme la regla. En todo caso, lo que parece urgente es que, amén de sus leyes,  redacten una nueva gramática para esta neolengua suya; algo así como el Apéndice de 1984 (terrible por cierto que esta novela pueda prestar servicio al símil con nuestra verbal circunstancia). Sin duda, somos multitud quienes queremos hallar la publicación de aquélla en nuestras librerías. Somos legión, de verdad, quienes ansiamos desintoxicarnos de toda la miseria que han provocado en nuestros corazones las antiguas y repugnantes palabras. Porque, como también suele repetir esa ministra nuestra de inteligencia y cultura repetidamente demostradas‒, rememorando tal vez al siempre socorrido Wittgenstein, lo que no se nombra no existe

De pronto, no sé por qué, he sentido la inconsciente y rabiosa necesidad de nombrar gilipollas a un racimo de imbéciles que en nuestra circunstancia pululan. Y me ha conmovido una nueva y angustiosa duda: ¿tendré la culpa yo por nombrarlos de que en realidad existan?

29 junio 2021

domingo, 13 de junio de 2021

Aclaraciones sobre "La escala animal"

 

 

La entrada de hace tres días hablaba de algunas tragedias que, he de reconocer, no dejé muy bien definidas. La causa de tal imprecisión fue sin duda que el texto, más que un texto, era un puñetazo de ira en el teclado; un estallido emocional ante la barbarie de ese acto aberrante que es matar un niño. Un acto, por cierto, en que las manos sucias se multiplican hasta llegar a implicar, en muchos casos cotidianos, la de todos nosotros. Las tragedias, que con tan precaria definición redacté, se referían  a las siguientes pequeñas almas:

Pescaíto era, evidentemente, Gabriel Cruz, el delicioso chavalín de ocho años que tuvo en vilo a toda España hasta el doloroso desenlace de su hallazgo. Lo mató una maldita mujer

Aylan, claro está, se refería a Aylan Kurdî, un angelito de tres años cuya foto de sueño sin vida boca abajo en una playa de Turquía conmovió al mundo entero. Lo mató la huida de una maldita matanza contra su pueblo, que él ni pudo saber jamás cuál era.

Mari Pili era María Pilar Quesada, una niña de ocho años que estaba jugando en el patio de una casa donde vivían sus padres. La mató, junto a otras doce personas (tres niños más entre ellas), el maldito odio mercenario de una ambición política llamado ETA.

Oscura tristeza no tenía nombre, como allí decía, porque realmente no se refería a un niño o a una niña determinados.  Oscura tristeza era una multitud. Oscura tristeza eran todos los ángeles que mueren todo los días en todos los rincones del mundo olvidado, de hambre, de sed, de enfermedad o de cualquier guerra miserable. Los mata la maldita indiferencia de todos nosotros.

Anna y Olivia no estaban con nombre ni clara referencia porque estas dos criaturas eran precisamente el doloroso paisaje que había provocado  mi puñetazo de ira en el teclado. Las mató un maldito hombre.

En muchos rincones de esta tierra nuestra (mía, sin duda, cada vez menos) se han producido, inmediatamente, unánimes manifestaciones y gestos de repulsa y condena por tal atrocidad. Pero en lo que he visto sobre ello, hay algo que me repugna casi tanto como la miserable atrocidad de este parricidio: la farisaica, oportunista y despreciable emergencia de los puros, esa caterva indecente que explota el dolor y la tragedia de algunos para la rentabilidad política de sus particulares intereses. Y lo digo porque en todas esas convocatorias no hay ni una sola palabra sobre la vida arrancada a estas criaturas, sobre la brutal amputación de su esperanza y su existencia. Hay, por supuesto, proclamas acerca de la violencia machista, de la violencia vicaria, del patriarcalismo, etc., pero nada en favor de quienes son las victimas reales de todo por lo que vocean, pero también de todo lo demás que callan. Y este todo lo demás les abarca a ellos y a ellas -por supuesto- y a mí y a los políticos de cínicas especies que cada día abundan más en los escaños.

 

 PD. Recién acabada esta entrada leo que en Sant Joan Despí una mujer ha matado a su hija de cuatro años para vengarse de su exmarido. Un ángel menos entre nosotros y una mezquindad más en nuestros corazones, porque ¿a que no va a haber convocatorias de condena y repulsa por la muerte de esa pobre criatura?

jueves, 10 de junio de 2021

La escala animal

 

 

El mundo es una pesadilla. La vida es una pesadilla. El hombre es una pesadilla...

Me avergüenza escribir. Todo acaba repugnando. Me da asco todo lo que rodea nuestro tiempo.

¿Verdad, Pescaito? ¿Verdad que a tus ojos de estrellas también le repelen los días que embadurnamos con tanta maldad?

O a ti, Aylan, ¿verdad que tus niños pulmones, cruelmente ahogados y ya en tanto olvido, reclaman justicia a todos los hombres?

Y tú, oscura tristeza, siempre sin nombre, con tu cuerpecito rodeado de moscas en un lecho sucio, ¿no nos exiges a todos nuestra anónima parte de culpa?

A veces hasta invocando “grandes ideas”, reventamos el alma a los niños. La madre que os… ¿Verdad, Mari Pili, que fuiste robada a los días que te correspondían con sólo ocho años por un miserable estallido en un patio de paz donde estabas jugando?

Y días atrás, un juicio en Godella... A unos padres de mierda y de vómito.

Y tantos... Y tantos...

Y hoy… Maldito sea hoy! Maldito sea el hombre que hizo maldito y vergonzante este hoy!

Pero todos los días volvemos dóciles a las lindas palabras. En los Parlamentos, en los titulares, en cualquier sitio, como aquí sin ir más lejos, cuando lo único decente que nos queda ya es el silencio. No decir nada, no engatusar con horizontes de esperanza nunca. Callar. Callar hasta que toda la mierda se nos pudra en la especie.

Y luego intentar recuperar un lugar digno en la escala animal. La de los ángeles ya está absolutamente fuera de nuestro alcance.


Hallado en el mar el cadáver de Olivia, la mayor de las dos niñas desaparecidas en Tenerife tras ser raptadas por su padre | Sociedad | EL PAÍS (elpais.com)

miércoles, 26 de mayo de 2021

La rosa y el eterno retorno

 


                    

 

¡La eterna clepsidra de la existencia dará vueltas incesantemente, y tú con ella, polvo del polvo!

                    F. Nietzsche (La Gaya Ciencia)

                            

 

De pronto una luz nos confunde. Besa

un jardín, una rosa. Descoloca

un tiempo mal vivido…  Y se confiesa

al resplandor la sombra que provoca.

 

Piensa la oscuridad, hace memoria

de un entonces sin ser, ninguneado,

confuso, disponible en otra historia;

inesperadamente iluminado.

 

Un entonces que el alma no sabía

y cree saber de pronto, sin paisaje

ni calendario ni lugar ni día;

un nunca de ontológico coraje...

 

Mientras, la luz eterna y silenciosa

vuelve y vuelve a volver en una rosa.

 

 

 

25 mayo 2021


miércoles, 12 de mayo de 2021

La decepción inesperada


 

Cuando uno se cansa de todo, lo mejor es dejar correr la pluma para bajar la presión del alma. Libre, suelta, sin rienda de argumentos, ni brida de razones. A su antojo por todo lo que ocurre o no llega a suceder; como un vilano de esos que soplábamos de niños para verlo arroparse con el viento y llegar donde no nos alcanzaba la vista. Cuando uno se cansa de la tierra que habita y de la gente que arroja la verdad por la borda de mezquinas intenciones; o detesta los días que pasan escupiendo a la Historia y las páginas falsas de luces sombrías, y los lobos que aúllan a lunas que no existen. Cuando uno se cansa de todo y, mire donde mire, sólo ve oscuridad...

Oigo y leo a notables personalidades que discursean lamentando su decepción ante el inesperado (?) desmadre de botellones, gritos y borracheras que han sucedido tras el súbito final del estado de alarma. La verdad es que no puedo evitar la pregunta: ¿son tontos o simplemente se lo hacen?  ¿De verdad alguien podía esperar un austero y solidario recogimiento de estas masas incívicas? A lo largo de  seis meses, no sé cuántas veces hemos asistido a la sistemática violación de todas las exigencias  del estado de alarma por multitudinarios “fiestones” en colegios mayores, plazas urbanas, naves industriales, pisos turísticos, playas, descampados, etc. etc. No sólo eso, en agosto pasado proliferaron lamentaciones similares por jolgorios parejos que desembocaron en los desastres de la segunda ola (en la entrada del 23 de ese mes, “La tristeza avergonzada”, ya me referí a ello). En cualquier caso, y se pongan como se pongan quienes aseguran haberse sorprendido, esto es algo que esperábamos y temíamos casi todos y que tiene una explicación sencillísima: la paupérrima educación cívica de ciertos sectores de nuestra sociedad. Es patético que en un mundo en que la muerte (no sólo de covid, sino de todo tipo de enfermedades y carencias) acorrala la alegría y la esperanza en sus rincones,  haya tipos de tan impermeable arquitectura moral.

Sin embargo, no oigo ni leo ninguna inquietud causal sobre el escasísimo civismo de esas masas humanas. Quiero decir, que a nadie parece inquietar qué es lo que las ha llevado a tan lamentable estado. Es más, de no ser por el coronavirus, no habría ningún estupor ante su comportamiento de escandalosos primates ensuciando las calles y los parques. El asunto es que el botellón es un invento de largo recorrido; de más de veinte años. Una cultura, como estúpidamente se suele decir cuando hogaño quiere bendecirse cualquier sandez que se le ocurra a unos cuantos bípedos implumes. Tan es así, que en tiempos prepandemia tenía uno de sus escenarios favoritos en la Ciudad Universitaria de Madrid. Con un consentimiento más o menos tácito de las autoridades, fue incrementando su atracción lo que, unido a unas leyes educativas cada vez más deficientes, desarrolló la enfermiza conciencia de su imprescindibilidad y abusivo ejercicio. Además, ese rasgo de multitud un tanto embrutecida, que lo acompañaba, era toda una inversión para los capitales totalitarios, que tanto abundan en nuestro tiempo. ¡Cabezas huecas con una pátina de ideas importadas, repetidas en momentos clave, pero sin ningún calado en las almas! Y emergieron los ciudadanos de 1984  o los épsilon de Un mundo feliz  coreando desaforadamente:  soma, soma, soma…! Pero un día, de pronto, llegó el silencio, la abrumadora soledad de las noches sin paraíso, la larga pausa del aburrimiento (?)... Lo de menos para ellos, desgraciadamente, pareció ser la tristeza y la muerte.

En nuestro caso, evidentemente, la causa próxima de esta indignante actitud es la irresponsabilidad de un Gobierno que abre la espita de una cámara a presión sin aclimatamiento previo y racional de la barbarie que encierra. Y la causa remota, una educación miserable que no ha sabido, y sigue sin saber, hacia dónde hay que mirar para formar ciudadanos libres, responsables y verdaderamente solidarios.

Cuando uno se cansa de todo, lo mejor es dejar correr la pluma… Y así bajar la presión del alma.


Mayo 2021