martes, 13 de julio de 2010

Los héroes y los demás

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A la Selección de Fútbol de España y a su ‘hombre tranquilo’. Todo el mundo entiende por qué


El entusiasmo es nuestra necesidad más importante. Lo descubrieron los griegos y lo sembraron en el tiempo. Y ha llegado a nosotros por las torrenteras de la Historia.

Vuelvo a los héroes. A la referencia de los pueblos. Históricamente, quiero decir. Humanamente siempre. Los héroes son hombres con dos o tres cucharaditas de un dios que a la grandeza le suman la posibilidad. De los hombres es aquélla; de los héroes, ésta.

Pero no siempre ocurre la grandeza. Aunque lo sea; aunque con ella se pueda definir a cualesquiera hombres y mujeres de cuantos son, serán o han sido. Se necesita el tacto divino con que -los griegos decían- son tocados los héroes. Y cuando esto ocurre, cuando pasa lo que habitualmente no pasa, estalla en los demás el generoso entusiasmo de la admiración, del arquetipo, del modelo... Y todos se saben grandes porque alguna grandeza ha sido posible.

Siempre habrá recalcitrantes que protesten. Pero los recalcitrantes no pueden nada contra los postulados de la verdad. Y esto es verdad. Los héroes son gente común que hace algo extraordinario. Cualquier cosa. Y dibujan, sin darse cuenta, el diseño de un entusiasmo plural en quienes no lo hicieron.

Por eso digo que los necesitamos. En ellos sucede lo que en los demás es posible. Y en los demás, la convicción entusiasta de que no existen sueños irreales.

8 comentarios:

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

En efecto, Antonio, sin entusiasmo todo se convierte en desasosiego. Saber que todo puede ser posible hace que no perdamos la esperanza. Y eso, de siempre, es fundamental para resistir.
Un abrazo de campeones.

veridiana dijo...

oe,oe,oeee...!

Está bien merecer y recompensar.

Un beso

Olga B. dijo...

Qué forma de explicarlo todo. Es exactamente lo que yo pensaba;-)
Quizá porque sin la intuición del tacto divino, siquiera en los demás, todos estamos mucho más solos. Aunque no siempre ocurre la grandeza, ocurre a veces, y eso es suficiente para alimentar un poco cierto grado de entusiasmo necesario. Ya decía Chesterton que la mediocridad consiste en estar delante de la grandeza y pasar de largo.
Sin nada de entusiasmo sólo queda el desencanto, que algunos pesimistas confunden con la lucidez. Yo creo que alegrarse y sentir un poco propia la grandeza de otros es un acto de humildad e inteligencia. También participa un poco de la justicia (¿poética?).
Aunque el fútbol sólo sea fútbol, no están las cosas como para despreciar una alegría.
Fue bonito, con tintes épicos y final feliz.
Un beso, maestro.

sunsi dijo...

A mí no me gusta el fútbol, Antonio. Y, sin embargo, este grupo de chicos me han pillado por completo mientras ha durado el mundial. Y creo que ahora ya sé por qué. Lo has explicado divinamente. Para todo lo que puede ser...basta con soñar. Pero cuando la potencia deja de ser algo que puede alcanzarse y se hace realidad cambia nuestra mirada. Son los mismos chavales pero han vuelto con algo que han conseguido ellos: la copa y el entusiasmo de todo un país.

Y en Canaletas se oía cantar: "Yo soy español, español, español". Histórico, profesor.

Un afectuoso saludo. Espero que estés descansando a pesar del calor.

Antonio Azuaga dijo...

Una vez más estamos de acuerdo, querido colega y semi-tocayo. Además, el entusiasmo es hermano gemelo de una virtud: la magnanimidad.
Un abrazo de los que tú dices, que suena a gloria.

Antonio Azuaga dijo...

Exacto, Veridiana: ellos se lo han merecido… ¡y nos han recompensado a nosotros!

Un beso.

Antonio Azuaga dijo...

Tú sabes perfectamente, Olga, reconocer la grandeza; sirva de ejemplo esa entrada tuya al anónimo gladiador que “venció seis veces.”

Desde luego “sólo es fútbol”; aunque ese “sólo” sea en realidad mucho más. En un párrafo memorable (que tengo subrayado) de la “Teoría de la inteligencia creadora”, en el capítulo que titula “El movimiento inteligente”, Juan Antonio Marina escribe: “Los jugadores tienen ‘sentido de la jugada’, ‘olfato de gol’, ‘capacidad de anticipación’, un conjunto de dones misteriosos que no son otra cosa que eficaces modos de manejar grandes cantidades de información compilada…” Probablemente sea esa capacidad de ‘manejar grandes cantidades de información compilada’ lo que admiramos en los deportistas. Pero ¿no llamamos inteligencia precisamente a esto? Los griegos, claro está, así debieron de entenderlo, por eso veneraban como veneraban a sus atletas.

Aunque en el caso de esta alegría que tan espontánea y unánimemente ha celebrado toda España, hay todavía más, mucho más Yo diría que el sentimiento reprimido de una identidad que, entre unos que parecen querer amordazarla y otros monopolizarla, no encuentra resquicio para decirse. Estos héroes nuestros no sólo han ganado un Mundial de fútbol, nos han despertado el entusiasmo de ser quienes somos y nos han regalado el ejemplo de cómo debe actuar una sociedad cuando pretende alcanzar un objetivo… O un sueño.

Me volví a enrollar… Sorry.

Un beso, “dilecta discípula”.

Antonio Azuaga dijo...

No, Sunsi, no estoy descansando; es más, como el director está en tribunal de oposiciones, el jefe de estudios es el que asume su tarea. Así que estoy al pie del “curro”.

A mí con el fútbol me pasó lo que a Juan Ramón con la poesía... Aquello que dice:

“Vino primero pura,
vestida de inocencia;
y la amé como un niño.
Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes;
y la fui odiando sin saberlo…”

De joven era muy aficionado, pero después vinieron los mercaderes y se llegó a la desmesura insufrible de nuestros días. Yo admiro a los “dioses”, pero odio los “endiosamientos”. Sin embargo, esos “chicos”, que dices, y su ‘hombre tranquilo’ han sabido ser aquello sin tener nada que ver con esto. Y si a ti te han “pillado”, a mí me han reenganchado. Claro que, además, está todo ese “más” de que hablaba con Olga.

En cuanto a eso que “en Canaletas se oía cantar”, se ha oído en tantos rincones –hasta el “caballero” me dice que lo entonó en Andrómeda– que ha sonado a catarsis colectiva, a desahogo del corazón de todos.

Un saludo de parte del mío.