sábado, 25 de septiembre de 2010

Otoño

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Tras la lenta tristeza de los días,
tu mirada distante, enajenada,
presunta en cada gesto de la tarde;
ausente, inactual, medio inventada…

Todo el otoño hoy. Ocurre y vuelves,
disfraz de luz robado, a mi ventana.
Yo beso la advertencia de un reflejo
que ha colgado la tarde de las ramas;
de tus ojos, sin luego y sin ahora;
de los míos, sin antes ni mañana…

Sé de extraños paisajes que no tienen
un lugar en el mundo. Sé de mapas
que dibujan ciudades que no existen.
Sé de ti. Sé de mí. Sé de la nada.
Sé del romo horizonte del vencido;
sé del puñal que traicionó su audacia…

Y tú vuelves sin ti, a pesar de todo
–la mirada distante, enajenada–,
tras la lenta tristeza de estos días;
ausente, inactual, casi inventada…


24 septiembre 2010
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8 comentarios:

sunsi dijo...

Un poema del Otoño, Antonio. Ya lo tenemos encima. Se nota en esa luz distinta, melancólica. Es un invasor. Está agazapado...y obtiene todos los años su presa. Irremediablemente.

A pesar de que no me gusta esta ewstación del año, preciosos tus versos. No me he resistido a comentártelo.

Un saludo, profesor.

Antonio Azuaga dijo...

Muchas gracias, Sunsi, sobre todo porque sé que el otoño no te gusta; y me parece encomiable tu esfuerzo por acercarte a estas palabras. Yo, sin embargo, siempre fui un animal otoñal; incluso cuando a mi edad no le correspondía. Ahora, que me ocurre lo contrario, que ya empiezo a tener los años del invierno, sigo prendado de su, para mí, misterioso encanto.

Un saludo, inevitablemente “cordial”

veridiana dijo...

¡Ay,qué preciosidad!

El otoño me encanta, y todo lo que conlleva: las castañas,las nueces,las uvas,las naranjas.
Esas hojas que se despojan de los árboles,esa dulce melancolía y armonia...
Esos colores otoñales. ¡¡Cuanta belleza!!

Dicen,que como en la naturaleza,el otoño de la vida,llega sigiloso.
Dicen,que es la época más plena sólida y profunda.
Así, que el otoño, nos tiene que gustar.

Un beso con brisa otoñal.

Antonio Azuaga dijo...

En mi opinión, Veridiana, el otoño es la estación de la elegancia y el desinterés, quizá de ahí su melancolía. Su color, tan rico en matices, no tiene la sensualidad de la primavera ni invierte en frutos para el verano; su color es un ejercicio de belleza gratuita: lo esparce para morir después. Que la naturaleza haga estas cosas en estas latitudes debería servirnos de ejemplo. Porque no todo lo que ocurre lo hace porque sea eficaz (las flores de mayo son una estratagema de la vida para que los insectos sirvan de “celestinas” en sus amoríos). Hay espectáculos “sin sentido”, generosamente repartidos, que no pretenden nada, que se dicen por nada, que suceden para nada…

El otoño es uno de ellos. Y me encanta que te encante.

Un beso de oro viejo, que es el color de sus días.

Olga Bernad dijo...

Creo que sabes muchas cosas, de paisajes comunes y de extraños. Pero a veces los más comunes pueden hacerle a uno sentir más extranjero.

Sé de extraños paisajes que no tienen
un lugar en el mundo. Sé de mapas
que dibujan ciudades que no existen.


Se nota. Siempre te ha sentado bien mirarlos. Saca tu mejor voz, la que más reconozco.

Un beso.

Antonio Azuaga dijo...

Mi “voz”, Olga, es monótonamente grave y gravemente monótona. Por lo uno, a veces ni se me oye (muchos se quejan de que “hablo hacia dentro”); por lo otro, es pesada y recurrente y llega a producir sueño. Aunque es normal que me reconozcas en ella. Porque yo soy así… Como los ladridos esos, de que tanto hablo.

Muchas gracias siempre por tu cariñosa compañía.

¡Y un beso, claro está!

Capitán dijo...

Puro otoño, puro e inactual.

Un saludo

Antonio Azuaga dijo...

Gracias, Capitán: cuando la actualidad es lo que es, la inactualidad es un elogio.

Un abrazo.