martes, 8 de marzo de 2011

El destino de las supernovas

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Luz, ¡más luz!
J. W. Goethe

…somos polvo de estrellas
C. Sagan


La mayor parte de los átomos es vacío. Al cielo le ocurre algo parecido con la oscuridad. La luz es toda una excepción: un paseo puntual de diminutas y alejadas insolencias. Porque la luz es una insolencia, un atrevimiento, una osadía rodeada de sombras que, al cabo, revienta hastiada de tanta y tan constante hostilidad. Luego se esparce en la noche, como un raro prodigio, y siembra lugares y posibles miradas.

Del agotamiento de la luz ante su empresa nacen rincones en la oscuridad, surgen otras diminutas y alejadas insolencias que miran al cielo y admiran su vencida hazaña. Eso dicen al menos los sabios que de aquélla saben.

El hombre es la mies de una derrota, el pan de un desastre. Pero también el atleta que recoge el testigo de una rebeldía luminosa.

El hombre es un héroe trágico que se obstina en la luz, como la luz se obstina en no ser su contrario.

Supongo que es así porque si no, ser humano sería una indecencia… ¡Sólo al cobarde le importa la derrota!
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6 comentarios:

Olga Bernad dijo...

"El hombre es un héroe trágico que se obstina en la luz". Qué hermosa manera de verlo todo, Antonio. Tu propia luz alumbra lo que dices y lo que ves.
Recuerdo mi deseo profundo de luz y mi impotencia. Pero consuela un poco leerte y sentirse polvo de estrellas.
En el fondo, miras el universo con el delicado gesto con el que tu astrónomo de Vermeer tocaba -sin tocar- el mundo.
Gracias.
Y un beso.

Antonio Azuaga dijo...

Muchas gracias Olga por el cariño con que siempre lees estas imaginarias (que empiezan a ser muchas, demasiadas probablemente). Así leíste ese astrónomo de Vermeer que recuerdas; así también, aquella otra supernova, hermana gemela del destino de ésta (junio y julio de 2008, ¡cómo pasa el tiempo!). Lo cierto es que no es gran cosa lo que yo escribo, aunque tú lo haces crecer cuando lo lees.

Un beso.

J.M.F.R dijo...

Cada hombre debe buscar su obstinación, que es resistencia, que es rebeldía, que es cabeza alta y bien visible ante el páramo desolado de la perplejidad, ante la cuerda floja bajo los pies, ante la gran intuición inefable, que es combate continuo contra el miedo a no tener miedo, contra el miedo a sentir sin límites. Sólo desde la rebeldía podemos amar. Sólo la rebeldía puede dignificar nuestro titubeante caminar. Sólo la rebeldía nos hace buenos.
Tenerse en pie.
Variaciones de la misma melodía.

Vericuetos entre la física teórica moderna y lo... humano, demasiado humano.

Bella reflexión tu texto.
Un cordial saludo

Antonio Azuaga dijo...

¿”Bella reflexión…”? No sé si será tal cosa, pero lo es sin duda tu exquisito comentario. Porque la “rebeldía” es el último regalo de la ciencia al que no hemos prestado la atención debida, el santo antojo de la insignificancia que ora es onda y no partícula, ora es partícula y no onda. Y si el microcosmos tiene tanta arrogancia, ¿no vamos a tenerla nosotros que somos su modesta amplificación? O, dicho de otra forma, ¿no seremos nosotros el lugar donde se cita la rebeldía con el conocimiento de sí misma?

Muchas gracias J.M.F.R.

veridiana dijo...

Tal vez por eso el pintor Edgar Degas odiaba la luz.

"Por mucho que un hombre valga,nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre"

Un beso diáfano.

Antonio Azuaga dijo...

Lo que le gustaba a Degas era la luz domesticada, artificial y urbana, no la luz en estado salvaje que es la de la naturaleza en bruto.

Más cercana veo la cita de Machado; precisamente porque el “valor más alto” del hombre es “el de ser hombre”: es en él donde la luz de las supernovas se encuentra consigo misma.

Gracias siempre Veridiana.

Un beso intraestelar.