viernes, 4 de marzo de 2011

La costumbre de los esperpentos

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Un acto justo no hace a un hombre justo, ya lo sabía Aristóteles. Un acto, un día, un acierto azaroso, no son suficientes. La exigencia de lo debido es más rigurosa: el acto tiene que definirse en costumbre; el día, en biografía; el azar, en norma. Por eso la ética va más allá de un gesto virtuoso o de un momento de acierto. Por eso la ética es –o era– metafísica de las costumbres, teoría entusiasta de los hábitos del hombre. El asunto de la moral era ése precisamente.

¿Cuáles son los hábitos debidos? Un hábito necesita un acto y un acto necesita un norte. Pero ¿qué define hoy el norte? ¿Es el norte el poder? ¿Es un medio aplaudido? ¿Es un esperpento políticamente potenciado…? Y la costumbre ¿puede ser la reiterada idolatría de un acto esperpéntico…?

La melancolía de la moral es ésta precisamente: haberse soñado metafísica de las costumbres, haberse despertado costumbre de los esperpentos.
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4 comentarios:

veridiana dijo...

Esa frase de que cada hombre se hace a sí mismo...
El hombre es hecho por la sociedad en que vive y por el mundo histórico-cultural que le pertenece.

Aranguren comentaba:"Para que los hombres,sean buenos,y se comporten de acuerdo con las normas socialmente vigentes,es menester que la carencia de recursos y el desamparo social no les empujen a situarse contra una sociedad que les explota o se desentiende de ellos,insatisfechos,desconsiderados o carentes de oportunidades,son enemigos reales,o al menos potenciales, del "orden"establecido."

Todo es muy complicado,la corrupción,la rutina, la incompetencia...
¡Buf!...

Un beso carnavalesco

Antonio Azuaga dijo...

Yo sí creo en esa “frase”, Veridiana.

La sociedad no hace al hombre, le condiciona. Pero el hombre es libre; y esto lo creo de manera casi enfermiza, porque si no lo creyera, tendría que asumir el dominio animal que establece el más fuerte. Ésta es la única norma que queda cuando se niega o falsifica la libertad, la eficiente norma que regula las pirámides ecológicas y la darwiniana evolución de la naturaleza. Lo que justifica, racionalmente, cualquier “orden” social por aberrante que sea.

No, la voluntad le hace al hombre. Dueño y responsable de sí mismo. No se puede echar la culpa al empedrado: a cada quien hay que pedirle cuentas por haber elegido ser cada cual. De esto no me apeará nunca nadie. Y si los nortes son esperpénticos, no es sólo responsabilidad de los almirantes, sino también de la tripulación que iza las velas hacia ellos. Y para lo que digo, tanto monta que los marineros coman bazofia y se sientan “insatisfechos”, o exquisitos manjares y se comporten de acuerdo con las “normas vigentes.”

Un beso agradecido a tu compañía y tus palabras.

veridiana dijo...

Me sorprende tu comentario,como diría el filósofo Lukács:" es un comentario burgués".
No estoy de acuerdo,ya que con las mismas capacidades,la discriminación es tan grande,que nunca tendrán las mismas oportunidades los que han nacido en Serrano que en Villaverde.
Ni la vida pone en su sitio a quien se merece,ni se merece la vida a muchos que les toca.
La vida no es lo mismo leerla que vivirla.

Antonio Azuaga dijo...

Que Lukács me hubiera dicho tal cosa no me habría preocupado lo más mínimo: a fin de cuentas su padre era director bancario y, naturalmente, el freudiano complejo de Edipo le hacía ver “burgueses” por todas partes. Que seas tú quien lo cita, me preocupa porque refleja lo mal que escribo y lo peor que me explico (con independecia de que, dados los “nortes” de nuestro progresismo, burgués haya perdido sus connotaciones negativas para convertirse en la contradictoria indecencia que avala nuestra sociedad del bienestar).

Sólo aclararte que mi respuesta habla de los “paniaguados” (no de los nacidos en Serrano o Villaverde) que, insatisfechos por su bazofia o gozosos de su manjar, consienten y siguen el norte desnortado, alienante y errático de la “explotadora” (así se entiende mejor) oligarquía de los almirantes. A esa responsabilidad me refiero, de esa castración de la libertad hablo.

Temida Circe, me llames burgués o lo que quieras, tengo razón. Lo siento.

Ah, y tienes, como diría Unamuno, toda la verdad: “La vida no es lo mismo leerla que vivirla.”