viernes, 9 de diciembre de 2011

Oscuridad encadenada

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Prometeo acabó encadenado a una roca por su osadía; Sísifo, a un quehacer inútil por su impertinencia; los subterráneos esclavos de Platón, a una caverna por la torpeza de su alado auriga…

Tal vez, el hombre sólo es libre entre paréntesis porque está condenado a encadenarse, porque está encadenado a un destino en que inevitablemente deja de ser libre. Tal vez, el hombre no es más que un paralogismo de la libertad.

Como yo, sin ir más lejos, aherrojado en mi interminable imaginaria que no acaba de ver amanecer, que no acabará nunca, porque el día anterior, el día en que me nombraron para el servicio, fue en realidad el último día; un día sin día al que lo único que habría de ocurrirle era la noche siguiente, la noche a la que seguiría la noche de después...

Incluso a mí me aburre tanta oscuridad.
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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Siempre podemos romper las cadenas si realmente deseamos hacerlo.¿No crees?
A lo mejor es que nos abandonamos demasiado pronto a nuestra suerte.
O no somos lo suficiente honestos con nosotros mismos y al final lo que deseamos profundamente es estar encadenados o que alguien nos encadene porque tenemos demasiado miedo a ser libres.
Preciosísima música.Comparto tu gusto.
Besos
Doña Anónima

Antonio Azuaga dijo...

Gracias, Doña-Anónima, por tu visita y tus palabras. No creo que se trate de “miedo”, sino de coherencia. Somos libres hasta que nos elegimos, luego desarrollamos el que decidimos ser.

Quedo encantado de que compartas mi gusto.

Besos.