jueves, 7 de mayo de 2015

La risa, la única risa




La risa del hombre, cuando alcanza la presunta estatura de su definición, se vuelve ácida, amarga; en ocasiones, con un lastre de crueldad, insulto o menosprecio. No deja de llamar la atención que la manifestación más espontánea de la alegría –en realidad, la única viable en la naturaleza– pueda acabar retorciéndose hasta extremos tales. Somos los únicos animales dotados de una musculatura especializada en su posibilidad: somos los únicos capaces de reír, de hacer el gesto de la gratitud y la felicidad, o la inocente comprensión de la inocencia pura. El niño, esa metáfora ontológica, esa luz que estrena el alma en unos ojos, es el más delicioso de los ejemplos. ¿Habéis visto reír alguna vez a un niño sin apenas edad ante cualquier simpleza? ¿Habéis oído el precioso estallido de su carcajada porque un objeto cayera de forma imprevisible, porque alguien de repente estornudara, porque cualquier insignificancia desvelara de pronto su condición de espectáculo y maravilla?... ¿No habéis sentido entonces la más amable de las infecciones, los síntomas de la enfermedad más añorada, la fiebre de la inocencia, la necesidad de reír al paso de esa risa...?


¿No habéis entendido aún que a nuestra contradictoria especie le sobra toda la acidez, toda la amargura, toda la crueldad, todo el menosprecio de que, por desgracia, somos capaces?


4 comentarios:

veridiana dijo...

La dureza del paso del tiempo sufre esa metamorfosis...
Buen día Antonio!!
Un beso.

Antonio Azuaga dijo...

"La dureza del paso del tiempo", querida Veridiana, podría explicar la acidez y la amargura, pero la crueldad y el menosprecio tienen que ver más con el resentimiento, que es mala pasión humana.

Un beso y muchas gracias por tu compañía.

Susi Eguia dijo...

La risa de cualquier niño de esa edad es preciosa y lo es porque está limpia. Limpia como una mañana clara de primavera. Es la vida cuando empieza. No hay nada en ella que la mancille.Efectivamente es contagiosa y bellísima. Sin embargo, no estoy del todo de acuerdo contigo, cuando la risa envejece no siempre es ácida y amarga. A veces está cansada, desilusionada y humillada.
Un beso, Antonio.

Antonio Azuaga dijo...

Sí, es cierto, "no siempre es ácida y amarga". Aunque, si "está cansada, desilusionada y humillada", yo creo que, en el fondo, refleja cierto amargor. El niño ríe porque sí, porque todavía tiene intactas la sorpresa y generosidad de la vida; a nosotros sólo nos sale algo parecido cuando se nos pega el gesto de esa inocencia.

Gracias, Susi, por acompañar estas líneas.

Y un beso, por supuesto.