Ir al contenido principal

Cometas o El amante astrólogo


Milagros en quien sólo están de asiento
alta deidad y ser esclarecido…

Conde de Villamediana


Son señales oscuras, advertencias
de tierras sublevadas, de seísmos,
de infartos en el mar, de cataclismos,
de incendios, de epidemias, de dolencias

sin cuento. Son oscuras evidencias
de lejanos augurios, silogismos
que la noche razona en sus abismos
y esparce en el temor sus consecuencias.

Y no me sé guardar de su amenaza,
de ese discurso que acaricia y funde
auspicios con espectros infrarrojos.

Están ahí, su desazón me abraza,
su belleza me inquieta y me confunde...
¡Me ahogo en el presagio de tus ojos!

(12 marzo 2008)

Comentarios

  1. ¡Qué sorpresa! Gracias por volver y enhorabuena por los dos poemas.
    P.S.: Prefiero el diseño de esta imaginaria del alma.

    ResponderEliminar
  2. "Cosas, Celalba mía, he visto extrañas..."

    Magnifico, Antonio.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Gracias a ti, Julio. ¡Ojalá fuese capaz de cambiar algo más que el diseño!

    ResponderEliminar
  4. Infinitamente superior, por supuesto, Góngora; pero el suyo contrapone desastres a lo que le preocupa, el mío pretendía “conclusiones desatrosas” al mirar unos ojos; por eso la referencia al de Villamediana, que no las pretende, desde luego, pero es igualmente conclusivo. Me has hecho caer en la cuenta de la ambigüedad posible. Cambiaré el título para evitarla.
    Gracias por ello y por el "magnífico" generoso y excesivo.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

La metáfora amable

El mundo está tenso, enrarecido. Casi todo lo que uno oye o lee es desagradable; y si no lo es, parece contener un inquietante presagio. A los felices veinte del pasado siglo les sucedieron los amargos treinta y los trágicos cuarenta. Latía extraño el hombre, y cuando el hombre late de ese modo, algo podrido cocina la historia. Cientos, miles de veces ha ocurrido así. Para Sísifo –siempre Sísifo–, al final del esfuerzo sólo está la derrota. Su modesto placer de coronar la cumbre es efímero y repetidamente inútil. No hay paz ni paraíso al cabo de la escalada; sólo desolación, tristeza, crueldad, destino… ¿Existe el destino? ¿Debe ocurrir siempre lo que siempre ha ocurrido? ¿Es de verdad la historia la brillante sustitución de la fatalidad natural por la libertad humana o es simplemente la metáfora amable de la ‘ordenada’ crueldad de aquélla? Las especies combaten, y se destruyen y sustituyen. ¿Y las culturas? ¿Y los pueblos del hombre?... ¿Qué de especial creímos ver en los h...

La tristeza de la inocencia

Por Julia y a su hijo Julio Me han llegado noticias tristes por ese golpe tan temido de los teléfonos, repentinos y traidores como es su costumbre. Un familiar lejano, una mujer, mayor desde luego, aunque eso... ¿qué importa? …Y  he pensado en uno de sus hijos; un niño detenido por la vida, varado en una luz de infantil inteligencia que oscureció la caprichosa divagación de un cromosoma y nació bendecido de inocencia interminable. He pensado en ese niño, que ha cumplido ya los años de los hombres, aunque no sus soberbias ni vanidades... Y he pensado en la tristeza y el abandono, un abandono en su caso más cruel por la distancia inmensa de los otros. He pensado en el desconcierto de su ternura mirándose al espejo; y en el estupor de su niña memoria ante el beso sin labios de su madre. Un río de pequeños recuerdos; tal vez, algunas lágrimas; un no saber, un  sí sufrir la soledad repentina, inexplicable...Y el dolor de su alma en carne viva golpeándose desco...

Napoleón y el ruido

. Lo he oído de dos formas sutilmente diferentes: la música es el más bello de los ruidos, pero ruido al fin ; y, la música es el menos molesto de los ruidos … Se parecen, desde luego, pero la primera afirmación suena más física y la segunda más militar , más napoleónicamente militar . Es probable, no obstante, que el tímpano de Napoleón, acostumbrado al eco grave y sordo de la pólvora negra, estableciera tan duro contraste entre el ruido y la música con intención que se nos escapa: tal vez pretendía dignificar a aquél, antes que menospreciar a ésta. Si así fuera, yo aplaudiría la frase porque la pólvora negra estalla con la cadencia subterránea y profunda de una tragedia griega. La otra, sin embargo, la que llaman sin humo –la de nuestros días– revienta los oídos como una telenovela hortera de media tarde. Naturalmente, esto es una apreciación muy personal. Lo que es evidente es que hay vibraciones de las moléculas del aire que incomodan – ruidos – y otras que no – música –. Las prime...