martes, 2 de noviembre de 2010

Dos de noviembre

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Hay demasiadas respuestas. Demasiadas. Para las cosas, para su gente, para los hombres, para sus nortes… Hay inflación de respuestas –desmesuradas, excesivas–. Por aquí, por allá, por doquier… Por donde sea siempre hay alguien amartillando una astucia para matar una pregunta. Y enterrarla después… O incinerarla y esparcir sus cenizas entre el silencio y la noche.

Tengo que visitar el cementerio de las preguntas y dejar una rosa a los pies de su memoria; una rosa de ésas que confunde la tierra y cree nacer en mayo mientras ocurre noviembre. Tengo que murmurar una oración sin nadie para que no se me mueran del todo las preguntas, o se me diluyan en precarias respuestas que no son las que ellas merecían.

Porque una pregunta siempre cree en un sueño, como el mayo que no es y confunde a la rosa.

La respuesta, sin embargo, no es más que la niebla fría que sucede en noviembre.
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10 comentarios:

Olga Bernad dijo...

Pues si hay demasiadas respuestas, yo no las tengo, alguien se las ha quedado todas.
Según tu texto, tengo un mayo que no es asegurado para siempre...
No sé si es un buen panorama, en pleno noviembre.
Un beso para tus preguntas, que no morirán, como esas ideas que siempre sobreviven.

Antonio Azuaga dijo...

La mayoría –por no decir todas– de las respuestas no merecen las preguntas a que se refieren, Olga. Entonces, mejor no tenerlas. Y yo no digo de mayo lo que tú interpretas, sino del “mayo que no es”, es decir, el noviembre que “confunde a la rosa”, como la respuesta espuria que engaña y pudre la pregunta.

No quiero enrollarme más. Gracias siempre y un beso decididamente terco en su ignorancia.

veridiana dijo...

Tú,como Borges, te gustaría que una sola palabra define el todo;pero la torre de Babel,es intermonable...

Un beso un tres de noviembre soleado.

Antonio Azuaga dijo...

No, Veridiana, no es este el caso. “Definir” es delimitar, poner fines, rodear de límites. Lo que yo quiero es lo contrario; quiero que las preguntas que hemos enterrado vuelvan a andar entre los hombres y a inquietar sus tontas certidumbres. Es la ciencia la que anda buscando el “bosón de Dios”, una partícula que aspira a explicarlo todo.

Yo me conformo con bastante menos.

Un beso nada pretencioso.

veridiana dijo...

No creo que nuestras palabras están sumidas en abandono y olvido, como reliquias arqueológicas,todo es según la sensibilidad o las ganas de ver las profundidades de la tierra.

Antonio Azuaga dijo...

Mira, Veridiana, si hay algo que hoy está sumido “en abandono y olvido”, ese algo son las palabras. Y no tiene uno nada más que recorrer unos cuantos canales con programas de máxima y popular audiencia para darse cuenta de que esto es una tristísima verdad; sobre todo porque en esos canales se gestan los iconos y arquetipos reales de la gente común. Y si lo que se pretende es que la gente común sea “extraordinaria”, hay que dejarse de tonterías y ponerse a excavar para resucitar preguntas, que, sin duda, dependen de la “sensibilidad.” Pero a ésta hay que educarla; mejor aún, despertarla.

veridiana dijo...

La 2 de TVE,es extraordinaria.

¡Ay!,no me deprimas desde por la mañana...

Antonio Azuaga dijo...

Me callo entonces, Veridiana. Soy un tipo poco recomendable para alentar entusiastas amaneceres. Yo sólo tengo un raquítico farol con menos luz que sombras. Por eso estoy de imaginaria. Por eso… hablo tanto de tantas oscuridades.

Julio Castelló dijo...

Que una respuesta no ocupe todo el lugar o el hueco de la pregunta; que no se tapie la puerta, vaya, que si no, no hay modo de avanzar...

Antonio Azuaga dijo...

Tienes razón, Julio; mejor dicho, tienes verdad. Yo creo que las respuestas sólo son válidas si desembocan en preguntas más grandes que las presuntas soluciones que nos ofrecen.

Muchas gracias por tu visita.