domingo, 28 de noviembre de 2010

Los otros agujeros negros

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Nadie sabe lo que pasa allí dentro, en esa oscura soledad en que el espacio se engulle a sí mismo. Tan lejos se hallan de la espectacularidad del universo, que sólo las matemáticas intentan hablar con ellos. Porque las matemáticas, cuando dejan de ser aritmética cotidiana o proporción canónica, se dedican a telefonear oscuridades y a indagar silencios. Si los fenómenos responden, los científicos proclaman leyes; o incluso teorías cuando lo que escuchan es una conversación más o menos sensata. Galileo dijo algo sobre esto, y Platón –¡no iba a olvidarme de él!– intuyó preludios semejantes de esta ciencia.

Pero los agujeros negros son la última vejez de las estrellas y es muy difícil hablar con ellos. De alguna forma, se parecen a la oscura soledad de los ancianos: con la edad, se retira tanto el alma del brillante espectáculo de la vida que ésta parece engullirse a sí misma. Ya no escapan luz de ella ni palabras; los signos que llegan de fuera se hunden, probablemente distorsionados por la gravedad inmensa de los años, en el mismo silencio que las señales propias.

Es muy difícil hablar con los ancianos porque en ellos la curvatura de la vida se hace infinita, como la del espacio en los agujeros negros. No sabemos lo que pasa allí dentro, en esa retirada incontrolable de su modesta historia. No disponemos de ecuaciones que con ellos hablen o lo intenten al menos. Sólo tenemos palabras comunes que les dan lo mismo, que son sólo materia y ruido gravitatorio del olvido, restos en que se descompone el estallido final de la memoria.

Nadie sabe lo que pasa allí dentro… Aunque, ¿alguna vez hemos sabido algo de las almas de los otros?
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miércoles, 24 de noviembre de 2010

La recompensa

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Hay momentos que no tienen historia
ni crónica para creerse un sueño.
Pasan sin voluntad, ocurren
entre almas y cuerpos. Hay momentos
de dicha y brevedad inexplicables.

Se descartan y pasan. No sabemos
que prodigio los hizo, o les consiente
ser para parecer que nunca fueron.

Sin embargo, son robos a la nada.
El botín de haber sido sólo es de ellos,
de esa pobre emboscada sin historia
ni crónica donde esparcir un sueño.

Hay momentos bandidos que secuestran
la eternidad a cambio del silencio.


23 noviembre 2010
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lunes, 22 de noviembre de 2010

Las soledades de solo

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A la Académica 'crueldad'


Sólo se ha rendido a solo:
ya no es sólo, sólo es solo.

¡Y solo sigue tan solo
como antes de no ser sólo!

Porque al sumar sólo y solo,
dos solos son sólo un solo.

¡Qué solo solo se queda!
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22 noviembre 2010

sábado, 20 de noviembre de 2010

Puedo esperar la noche sin tristeza...

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Puedo esperar la noche sin tristeza,
acostumbrar los ojos a las sombras,
a la vieja asamblea de las sombras
que convoca los sueños al olvido;
puedo hacerlo, tranquilo y con orgullo
de haberla derrotado tantas veces.

No me asusta la oscura fortaleza
que la noche promete a la mirada;
ni el azar que condujo hasta estos días
el silencio en que empieza su promesa.

No me asusta el sol rubio de las tardes
que diluye el color en desaliento.

De más allá de ahora, de este ahora
al que no seguirá otro luego nunca,
sé que vendrán la niebla y el invierno.

La tundra que me advierten no me importa.

Después de todo, he sido.

Puedo esperar la muerte sin tristeza.


19 noviembre 2010
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martes, 2 de noviembre de 2010

Dos de noviembre

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Hay demasiadas respuestas. Demasiadas. Para las cosas, para su gente, para los hombres, para sus nortes… Hay inflación de respuestas –desmesuradas, excesivas–. Por aquí, por allá, por doquier… Por donde sea siempre hay alguien amartillando una astucia para matar una pregunta. Y enterrarla después… O incinerarla y esparcir sus cenizas entre el silencio y la noche.

Tengo que visitar el cementerio de las preguntas y dejar una rosa a los pies de su memoria; una rosa de ésas que confunde la tierra y cree nacer en mayo mientras ocurre noviembre. Tengo que murmurar una oración sin nadie para que no se me mueran del todo las preguntas, o se me diluyan en precarias respuestas que no son las que ellas merecían.

Porque una pregunta siempre cree en un sueño, como el mayo que no es y confunde a la rosa.

La respuesta, sin embargo, no es más que la niebla fría que sucede en noviembre.
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