. Lo he oído de dos formas sutilmente diferentes: la música es el más bello de los ruidos, pero ruido al fin ; y, la música es el menos molesto de los ruidos … Se parecen, desde luego, pero la primera afirmación suena más física y la segunda más militar , más napoleónicamente militar . Es probable, no obstante, que el tímpano de Napoleón, acostumbrado al eco grave y sordo de la pólvora negra, estableciera tan duro contraste entre el ruido y la música con intención que se nos escapa: tal vez pretendía dignificar a aquél, antes que menospreciar a ésta. Si así fuera, yo aplaudiría la frase porque la pólvora negra estalla con la cadencia subterránea y profunda de una tragedia griega. La otra, sin embargo, la que llaman sin humo –la de nuestros días– revienta los oídos como una telenovela hortera de media tarde. Naturalmente, esto es una apreciación muy personal. Lo que es evidente es que hay vibraciones de las moléculas del aire que incomodan – ruidos – y otras que no – música –. Las prime...
Y qué solos nos deja sólo
ResponderEliminarAy, Antonio, ya no hay respeto por nada, ni por la soledad del solo ni por la manera de ser del solamente. En fin, que su diacrítica distinción permanezca siempre en nuestra memoria, porque ya no va a estar en ningún otro lado.
ResponderEliminarUn beso, caballero.
"Ha ido solo a la farmacia..."
ResponderEliminar¿Qué ha pasado? ¿No lo han acompañado? ¿O es que no le ha dado tiempo de pasar por el súper? ¡¡¡Ahhhh!! Nos vamos a quedar con la incógnita, Antonio.
Buenísimo el poema.
Un saludo afectuoso.
Lo que es terrible, Capitán, porque es señal de que también las palabras empiezan a “confundirse.”
ResponderEliminarClaro que no hay respeto, Olga: primero engañan al viejo “solo” y le dicen que además de adjetivo va a ser adverbio, y luego resulta que es mentira, que lo dejan en usurpador ambiguo del pobre y difunto sólo.
ResponderEliminarUn beso, mi Señora Doña Olga.
No sólo con ésa, Sunsi, sino con muchas más. Porque una cosa es decir que el lenguaje sea una realidad viva y, por lo tanto, naturalmente cambiante; y otra que la vida sea esta obsesión artificial por el cambio. Es una especie de enfermedad, que no sufren sólo los “académicos”: si algo es distinto, es mejor. Supongo que nos hemos olvidado de que la naturaleza propone cambios aleatorios constantemente. Pero elimina la mayoría.
ResponderEliminarNo quería ponerme serio, pero se me ha ido la luz (la de Edison, naturalmente) y se me ha quitado el humor.
Gracias y un cordial saludo.
Soledades juntas.
ResponderEliminarMi beso y tú.
Una hechicera nunca está sola, Morgana-Circe-Veridiana, eso es cosa de los adjetivos que ven arruinarse los adverbios que los prolongaban.
ResponderEliminarUn beso para vos.