jueves, 28 de julio de 2011

Contrición

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Para Charo
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Perdóname haber sido prescindible.

Perdóname al guerrero y sus batallas perdidas.

Perdóname los ángeles oscuros,
los relojes malditos y los días sin alba.

Perdóname no ser quien hubiera debido:
el arco bajo el cual ocurre lo imposible,
la espada que convence al sueño inalcanzable,
el alma que detiene el dolor y la ausencia…

Perdóname esta sombra de luz inmerecida.

Y tanta pequeñez…

¡Y mi ridícula grandeza!

Perdóname que el tiempo no me haya perdonado
y sólo hubiera noche después de mi palabra.
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28 julio 2011
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martes, 26 de julio de 2011

El sueño de Juan de Tassis

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Me pasó hace casi un lustro. Lo conté algo después: un domingo de mayo alejado poco más de cincuenta meses. Nada nuevo, por tanto… ¿Que, por qué lo recupero ahora, al cabo de tantos “atardeceres”...? ¡Sabe Dios! A lo mejor, porque no puedo conmigo; a lo peor, porque no sé qué hacer con lo demás; eso que yo no soy, pero no puedo distraer de quien fui sin dejar de ser el mismo.


Es el más bello siglo de los siglos,
el más bello: valor, honor, palabra;
la espada o el amor… ¡Es el más bello!

Te dije al detenerme en un semáforo.

Y de pronto, cruzó Villamediana.
“…a ser morir, morir por esos ojos”–,
murmuró mientras dos hojas caían
sobre el capó del coche.
..........................................No lo viste,
ni siquiera llegaste a darte cuenta,
y eran tuyos los ojos de que hablaba.
Ni siquiera le oíste, ni siquiera.

Juan de Tassis besó esos dos milagros–,
pensé cuando la luz se puso verde.

Por la noche soñé que recorría
callejones oscuros y desiertos
de un Madrid inviable entre latidos
metálicos de espadas y de espuelas;
soñé con soportales inquietantes
y citas misteriosas, y traiciones;
soñé que en San Ginés un mercenario
me arrancaba la vida a cuchilladas;
soñé que vi tus ojos… Vi tus ojos.

Te juro que los vi mientras moría.


Febrero 2007



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viernes, 22 de julio de 2011

Adverbio de tiempo

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…en la infinita primavera pura
de tu interior totalidad sin fin!

J. R. Jiménez


Todavía es de día. A mi derecha, la ventana de siempre y los árboles de siempre… Y lejos, la fracción del edificio de siempre… Y más lejos aún, lejísimos sin duda, una cinta modesta, irregular, crepuscularmente turquesa, del cielo de siempre. Todavía es de día, como siempre ocurre en julio a las veintiuna horas de cualquier veintiuno de julio. Pero …nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. ¡Valiente descubrimiento!: la eternidad, patrimonio de la circunstancia; y nosotros, dominio de su indiferencia. Se trata, naturalmente, de una eternidad a medias, de una eternidad promiscua con la temporalidad. Porque, si amontonamos años hacia atrás o hacia delante, todos los “siempres” se disuelven en el mismo desencanto.

A veces uno quiere que “siempre” se deje de truculencias, que no nos engañe más para tergiversar lo que nunca pasa de ser un rato, un amable rato, un mentiroso espejismo…

A veces uno piensa que el hombre es sólo la transcripción dramática de un adverbio de tiempo.
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miércoles, 20 de julio de 2011

El loco

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Puedo reproducir cuanto hice esta mañana:
levantarme temprano, abrir la ducha,
poner la cafetera al fuego inexistente
de la común y familiar vitrocerámica…

Puedo poner las cosas que recuerdo
en su lugar sensato… Y puedo hasta creerme
que he vivido entre ellas, como todos los días
que llego a imaginar y dicen que he vivido.

Sin embargo no sé qué son las cosas luego,
qué les pasa después ni quién avala
que una vez ocurriera su rota realidad.
No sé qué diferencia soñar de recordarlas;
inventar el amor o indagar su memoria;
crear lo que no ha sido, o creer si ya no es;
repasar el pasado en un hoy con mañana
o fingir su invención desde un hoy sin pasado.

No sé si esta mañana fui yo y fue mi recuerdo.

O fue mi creación… Y soy mi olvido.


19 julio 2011
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sábado, 16 de julio de 2011

El encerrado

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No tengo ganas del tiempo: hace tiempo que perdí esas ganas. En mi caso es comprensible; así que me refugio en lo que ya dejó de ocurrir. Supongo que es por lógica de vida. Pero yo hago lo posible para que no se note: estar en este o aquel día parece que nos hace suceso de uno u otro. Por eso sigo estando, por simple disimulo ontológico. Pero, si soy moralmente sincero, lo cierto es que hace tiempo me quedé en estas palabras…
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lunes, 4 de julio de 2011

La vejez del caballero

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Es el último soneto que he encontrado del Caballero Inactual. Estaba en una carpeta entre un montón de facturas. Lo recojo hoy porque hace mucho que no sé de él. ¡A ver si se decide a dar señales de vida!
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La mañana, otra vez, desdibujada;
malconcebida, extraña, displicente…
Mi mirada, sin ti tan indigente,
tan vana en su rincón, rota en la nada…

Me tengo que inventar otra mirada,
fabular otro sol para otro oriente.
Morir de ti ya ha sido suficiente;
mi vida de después será inventada.

Mi poca vida, claro. A estas alturas,
vivir sólo es gastar una pobreza,
una precariedad de amor y olvido;

pasear la soledad y andar a oscuras…
Y tropezar de nuevo en la extrañeza
de un día que aun sin ti ha amanecido.

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