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El vino de la nada

  Las batallitas de los abuelos abruman a los oyentes con la agobiante repetición de su ocurrencia. - Ya está el abuelo con sus “Cañones a mi derecha, cañones a mi izquierda, cañones ante mí… ¡Y allí estaba yo!” No, no es éste el caso. Tengo una edad, pero no tanta como para molar de haber estado en la batalla de Balaclava o presumir de haber merecido un renglón en el poema de Tennyson. Mis batallitas son menos grandiosas y nada heroicas, naturalmente. Ésta de hoy, por ejemplo, consiste en rescatar un viejo soneto al que se le estropeó su vínculo al audio (el original se puede encontrar buscando en Archivos del Blog, enero de 2009). Al no disgustarme en exceso (aunque he retocado alguna que otra palabra), he querido reflotarlo de las honduras abisales de los años pasados, ésas que van cultivando el olvido en los ayeres de un blog. Cierro el día. Portazo en la mirada y la noche de pronto; de repente, la oscuridad. Estamos frente a frente  bebiéndonos el vino de la na...

Aquel molesto objeto

  No merecieron nunca mucho aplauso. En realidad no merecieron ninguno. Fueron, como esas hierbas que asoman a veces por los bordillos de las aceras o entre las grietas de las calzadas, una tilde de vida que no acentuó pálpito alguno, un arañazo de luz que no supo herir ninguna oscuridad. Sin embargo, ahí están, enterradas, hundidas en el alma, sosteniendo la vida que me queda, el sueño que aún resiste, el amor que sigue inventándose con tesón, con voluntad empecinada. Como este “objeto molesto” de un noviembre de hace algunos años… ¡Viejas palabras de viejos atardeceres! Lo he puesto en un rincón de la mesa, detrás de los altavoces del ordenador, que, por cierto, no funcionan. Luego me he sentido inquieto: me distraía tenerlo tan cerca, no podía evitar mirarlo de cuando en cuando. Así que lo he guardado en el primer cajón de la otra mesa, la que queda a mi izquierda, la que parece, la que sigue pareciendo por mucho que me empeñe en lo contrario, una papelería entrópica. Y...

La sombra II

  Hay un chopo enfrente de mi ventana; y una fachada, cercana y alta, al otro lado de ese chopo. A esta hora, de noche presumible y próxima, su sombra en la pared alcanza la talla de la verdad que admira. Se le nota a la sombra que quiere ser su causa, que la intenta imitar, que le reprocha el robo de la luz, que crece resentida de su oscura dependencia… En otros momentos, se arrastra y se somete, pero, en esta hora del día, encuentra la alianza de un muro vertical y triste que sólo sirve para engatusar contraluces. Y ella acude a su socorro cada tarde, más o menos por mayo, para acrecer su ser precario durante unos minutos. A mí, no sé por qué, esta sombra me parece medio humana.  Hace catorce años de estas palabras (mayo 2008). La sombra sigue ahí, frente a mi ventana, insistiendo en la hazaña intrascendente de competir con la forma vanidosa de un chopo cuando por mayo es posible. Porque sólo entonces la tarde se lo consiente; el resto del año el sol se ausenta por ángulos ...

Recordando a Gutierre de Cetina

  Me lo dictó el Caballero Inactual allá por 2010. Lamentaba, como solía, su desubicación temporal; lo que, naturalmente, era lo mismo que no estar de acuerdo en casi nada con lo que al vivir hogaño se ha de estar. Según fue aumentando la vulgar ordinariez que le rodeaba, se sintió cada vez más incapaz de coexistir junto a ella. Y se murió de un trastorno degenerativo de la esperanza… en el tiempo, por supuesto. Léase, pues, este soneto por la elegancia de su atemporal recuerdo y la inelegancia de nuestra sucia vulgaridad. ¿por qué, si me miráis, miráis airados?   Gutierre de Cetina No se lleva, lo sé. Diría, incluso, que sin querer disgustas, que molestas; que te presumen tonto, necio, iluso; un patán trasnochado, un aguafiestas. Pero aún somos verdad. Somos y amamos de una forma irreal que nadie entiende. Estamos –por estar donde no estamos–  sin hoy, ayer, mañana siempre aquende, siempre aquí sin ahora... No se lleva este amor –ya lo sé–, sino ...

Un lugar indeseado

  Vivo en un mundo bárbaro donde es justo el que practica la injusticia, virtuoso el que domina el vicio, miserable el  que acostumbra actos ejemplares. Vivo en un lugar indigno. Un amargo lugar donde se oculta el sol cuando sus ciudadanos dicen que amanece; un planeta incomprensible donde la noche es luz, donde ver muy poco o no ver nada es gozar de una agudeza visual envidiable. Vivo en una tierra brutal en que se arrancan los ojos de quienes tienen la desgracia de ver más de lo debido; más de lo que dictan que es obligado ver sus leyes aberrantes. Vivo en un mercado de ideas rebajadas, de segunda mano; ideas que se venden por las calles... “¡A dos por una, y un porro de regalo!”  Vivo en un espacio unidimensional que, a pesar de ser orgánicamente inviable, no permite a nadie escapar de su indecible estupidez. Vivo aquí, donde vivir empieza a ser... el sueño de dejar de hacerlo. 17 mayo 2022

Soleares del silencio

Tanto hablar puede el silencio que cuando pasa estremece el corazón de los verbos. Porque es ciencia popular lo que dice sin decir callar con sólo mirar. Hay quien piensa que las flores no necesitan palabras: les basta con sus colores. O su perfume, tal vez, que es a lo que huele un niño a poco de amanecer. Porque el olor de la vida es la palabra del tiempo que calla la amanecida. Cuando hablar es no decir y no decir es querer. ¡Y no querer es morir! 12 de mayo de 2022

Amar

Un soneto ya sin mundo ni momento. Amar es entregarse al silogismo de un alma herida por sus sinrazones, andar de confusión en confusiones, querer salvar a un verbo de su abismo. Y no saber si uno es uno mismo o un extraño. Si quitas o si pones luz a la oscuridad. Si los rincones del corazón son flor de un espejismo. O, de repente, un día convencerte de que nada ya temes en la vida, de que ya no te importa ni la muerte, ni el dolor, ni la pena, ni la herida del alma, tan voraz de tan violenta, porque amar es morir sin darte cuenta. 3 mayo 2022