jueves, 31 de diciembre de 2009

Un mundo raro

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Hoy debería recordar muchas cosas, pero no tengo ganas; y no las tengo precisamente porque las recuerdo. De pasar revista a los años ya se encargan quienes los “inventan”; porque los años se han convertido últimamente en una patética invención. Nunca como ahora ha habido tanta información al alcance de cualquiera; y nunca como ahora, tanta mentira, tanta falsedad, tanta desfachatez, tanta perversión, tanta estupidez coronando la monocefalia del mundo. Puro cuento, vamos, donde las únicas verdades vienen emparedadas entre el dolor y la muerte. No nos engañemos, lo demás es un sutil argumento de lindezas para enmascarar los verbos de la basura.

No tengo ganas de recordar nada porque el dolor de cabeza es mucho peor si además duele la memoria. Me crispan los exámenes de conciencia y los propósitos de intenciones cuando se ha perdido el valor de llamar pan al pan y vino al vino; es decir, bien al bien y verdad a lo que puede serlo. Me enerva la voluntad vicaria, la moral ancilar del poder, de la cobardía y del “estado de opinión” generados por cuatro mangantes que detentan lo que debería ostentarse. Digamos que soy… raro.

Probablemente, éste es un mundo maravilloso para quienes circulan por sus raíles; para los otros, para los que preferimos el horizonte del campo a través, de la pisada dueña de sí misma, del amanecer ineficaz pero radiante, no existe aquí ni lugar ni calendario. Siempre dije que el hombre va adonde quiere. Rectifico con tristeza, el hombre no va a ninguna parte: no es nada más que la gota evaporada de un entusiasmo que atravesó la Tierra antes de que algunos decidieran que su propiedad era del “viento”.

Ya sé, ya sé: no es esto lo que hoy es de rigor decir… Pero no se lamente nadie que se sienta “raro”: hogaño, la rareza es un privilegio. Más aún, es esperanza.

Ah, se me olvidaba: ¡feliz raro…, perdón, año!

Por cierto, esta ranchera dice bastante mejor que yo lo que aquí pretendía (si aparece “publicidad”, es cosa de Google; conste).
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jueves, 24 de diciembre de 2009

Gracias, don Diego

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Dicen que es un cuadro familiar, que él mismo se pintó de rodillas, en calidad de Gaspar, y que el niño en realidad era una niña, Francisca, su propia hija. Probablemente. De lo que estoy seguro es de que esa carita es la más tierna, más veraz, más divinamente humana que yo he visto en un cuadro sobre las rodillas de María. Es más, estoy convencido de que Dios la dejó pasar por el mundo –qué picarona y tenue sonrisa, qué mirada tan humanamente encendida– para que Velázquez advirtiera Su Misterio, para que no se nos olvidara a nosotros y –por qué no– para que este vulgar imaginaria hoy pudiera desearos una feliz Navidad.
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lunes, 21 de diciembre de 2009

El esclavo

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Me has hecho libre –y yo no lo quería–.
Me has dado una ciudad sin ti, unas calles
que no cruzo por ti, unos rincones
que no esperan de ti ningún prodigio.

Me has regalado un reino sin hazaña,
una tierra sembrada en el olvido,
un arado sin haza ni verano.

Y me has dicho: sé libre... Pero nunca
te pedí yo la propiedad del alma...

ni la empresa de ser cuando muriera
la sierva soledad de su esperanza.


21 diciembre 2009

sábado, 19 de diciembre de 2009

El bien, la verdad y los relativismos

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Dice Aristóteles que puede uno conducirse mal de mil maneras diferentes; porque el mal pertenece a lo infinito; de lo cual concluye que es más fácil hacer el mal que lo contrario. Es cosa que hoy todos sabemos aunque fácilmente olvidamos. Sobre todo por su correlato inevitable: lo más difícil exige mucho más esfuerzo. Y el bien, que según el mismo pertenece a lo finito, es alcanzable de una manera única, lo que convierte su empresa en algo bastante peliagudo.

Los tiempos modernos –los de Chaplin incluidos– padecen la enfermedad congénita de la facilidad; de la dificultad sólo nos ha quedado su exhibición lúdica, deportiva y, cómo no, millonaria. Lo plausible se ha reducido a lo accesorio, mientras que la pretensión de lo fundamental se ha convertido en mojigatería de gente sospechosamente tendenciosa. Para este fin se ha divinizado el depende; un depende que se justifica con inexplicables respaldos culturales, con masivos aplausos a la pluralidad y con progresistas proclamas de su bonanza. Aristóteles se quedaría un tanto perplejo porque para él, y no sólo para él, lo plural no es el bien, sino su contrario: el bien es singular y único, le pasa lo que a la verdad, que también es objeto hoy de semejante asedio por las hordas innúmeras de lo opinable. Cuando lo bueno y lo verdadero se hacen súbditos de cualquier particular, local, circunstancial o mediática opinión, la bondad y la verdad se manifiestan en vítor descerebrado. A esto llamo yo decadencia, cultura descreída, pobreza de convicción o arrepentimiento de la historia propia.

Estoy seguro de que Aristóteles y yo estamos de acuerdo en esto; y de que Platón sonríe acordándose de los sofistas. Claro que también Machado, Antonio en este caso, dice de la verdad verdades semejantes:

La verdad es lo que es,
y sigue siendo verdad
aunque se piense al revés.

Yo lo prescribiría como oración nocturna para entrenar en gallardía las flojas voluntades de la decadencia. Porque:

Al bien, como a la verdad,
le viene a pasar lo mismo:
es bien a nuestro pesar.

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lunes, 14 de diciembre de 2009

Fantasía al cabo

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Todo amor es fantasía;
él inventa el año, el día,
la hora y su melodía;
inventa el amante y, más,
la amada...

Antonio Machado



En Coslada, Madrid.
.................................Hoy hace frío.
Los lirios del jardín se han arruinado
–recuerda aquel error encaprichado
que bordaba noviembre en su atavío–.

Fuera se muere un sueño que era mío;
no tuyo ni de nadie. Un parque helado,
un parterre de escarchas rodeado,
un farol, un solar semivacío…

Sólo unas cuantas hojas tardimuertas
recitan sus monólogos finales.
Y otoño, que olvidó cerrar sus puertas.
Y el invierno estrenando sus portales.

Y tú y yo, que no estamos ni estuvimos,
ni estaremos jamás…. Ni nunca fuimos.




14 diciembre 2009, pidiendo perdón a San Juan –de la Cruz, claro–

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domingo, 13 de diciembre de 2009

La geometría y la historia

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Si uno examina la historia del hombre desde cierta distancia –desde Andrómeda, por ejemplo– tiene la triste impresión de un infantil desencanto, de un despropósito deslucido y desolador. Sobre todo si uno se atrevió a pensarla como cónica seductora, como hipérbola que anduvo, in illo tempore, infinitamente próxima a su desconcierto para después alzarse hasta frisar, infinitamente, la rectitud de su sentido. Pero la historia es una recta zigzagueante, una línea cabreada en el papel del tiempo, un trazo aleatorio entre los ejes cartesianos que ora se acerca, ora se distancia sin razón que dé razón de su errático discurso.

El cielo, sin embargo, está lleno de cónicas prodigiosas: las órbitas de Kepler, la horma de las galaxias, el curso enloquecido de los cometas que jamás regresan…

Por eso me gusta la noche, porque sabe dictar lecciones hermosas y teoremas creíbles. Frente a esto, la Historia sólo habla de geometrías absurdas, sólo concibe despropósitos, sólo argumenta embusteros silogismos.
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miércoles, 9 de diciembre de 2009

La hoja que se quiso eternidad y se cruzó en una foto

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Un azar detenido en una lente.
Una hoja en la cruz del objetivo
de una cámara oscura. Un adjetivo
cayendo de la vida, lentamente…

Son cosas del otoño. Un accidente
que sucede a un castaño disyuntivo
entre el ser y el no ser, Hamlet cautivo
deshojando un quehacer indiferente.

Si sólo fuera eso, si esa hoja
sólo fuera un caer de primavera
que ya no tiene mayo ni proclama,

si no fuera la muerte lo que arroja
al azar tanto olvido… ¡Si no fuera
la nada lo que prende un fotograma!



7 diciembre 2009
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