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Si uno examina la historia del hombre desde cierta distancia –desde Andrómeda, por ejemplo– tiene la triste impresión de un infantil desencanto, de un despropósito deslucido y desolador. Sobre todo si uno se atrevió a pensarla como cónica seductora, como hipérbola que anduvo, in illo tempore, infinitamente próxima a su desconcierto para después alzarse hasta frisar, infinitamente, la rectitud de su sentido. Pero la historia es una recta zigzagueante, una línea cabreada en el papel del tiempo, un trazo aleatorio entre los ejes cartesianos que ora se acerca, ora se distancia sin razón que dé razón de su errático discurso.
El cielo, sin embargo, está lleno de cónicas prodigiosas: las órbitas de Kepler, la horma de las galaxias, el curso enloquecido de los cometas que jamás regresan…
Por eso me gusta la noche, porque sabe dictar lecciones hermosas y teoremas creíbles. Frente a esto, la Historia sólo habla de geometrías absurdas, sólo concibe despropósitos, sólo argumenta embusteros silogismos.
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El cielo, sin embargo, está lleno de cónicas prodigiosas: las órbitas de Kepler, la horma de las galaxias, el curso enloquecido de los cometas que jamás regresan…
Por eso me gusta la noche, porque sabe dictar lecciones hermosas y teoremas creíbles. Frente a esto, la Historia sólo habla de geometrías absurdas, sólo concibe despropósitos, sólo argumenta embusteros silogismos.
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La geometría fracciona la realidad para entenderla, la convierte en triángulos y círculos de los que hallar el área. Es uno de esos conmovedores intentos del hombre, tan perdido, por adueñarse del mundo y entenderlo, aunque sea por capítulos: lo mismo que la Historia.
ResponderEliminarLa noche, sin embargo, nos hace entender sin explicación alguna que la realidad está muy sobrestimada.
Un beso irreal.
Antonio... ¿Puedo hacer de mediadora entre la Historia del hombre y y el profesor Azuaga?
ResponderEliminarPienso... A ver...Leo sus argumentos y los míos me parecen pobres. Seguramente no lo conseguiré. Es difícil si comparamos la torpona vida del hombre con la belleza armónica de la noche. Torpes ...La Historia del hombre es un saco lleno de torpezas, de tirar y aflojar, de un paso adelante y dos para atrás, de dar vueltas sobre lo mismo con ritmos ditintos ... siempre lo mismo. Así, a saco, arrastraríamos el fardo y lo tiraríamos al contenedor más cercano. Pero no, todavía no lo arrojamos. Esperamos un poco. Primero abrimos el saco. Nos reconocemos en muchas personas ... es él... y ella... y el otro que un día me reconfortó. ¿Y si hay más como él, como ella, como el otro?. Pobre saco... lleno de torpezas, lleno de historias individuales que un día, en el silencio del anonimato... consiguen redimirse. Probablemente porque alguien del mismo saco, también en silencio, los rescató.
Tampoco está del todo mal la historia del hombre si en lugar de globalizar la observamos sumando personas.
Supongo que el profesor Azuaga formulará una enmienda a la totalidad. Tiene muchos recursos. Pero que no se diga que no lo he intentado;)
Un saludo cordial para ti desde la madre Tierra.
Me pido un telescopio para Reyes. ¿Se verá Andrómeda?
Querida Olga, la geometría siempre estuvo allí, antes que la historia, antes que el hombre, antes que todo el sistema solar. Tanto da plana, curva o aún por descubrir. ¿Por qué? No lo sé; lo que sí sé es que forma la retícula que pone orden y posibilidad al universo. Pero la historia es nuestra responsabilidad, la metimos nosotros de por medio para que esa armonía pudiera reflejarse y comprenderse en una de sus criaturas, en esta humana criatura que saltó al escenario desnuda de casi todas las determinaciones de las demás, es decir, libre. La geometría, pues, no tropieza; la historia, sin embargo, constantemente.
ResponderEliminarPero estamos de acuerdo, Olga: la noche es la compensación al rigor de la una y los errores de la otra. Y quien dice la noche, dice otras tantas cosas a las que solemos llamar belleza.
Gracias siempre, y un beso.
Mira que eres, Sunsi, la entrada no es una “lección”, ni una opinión especializada, ni un juicio de valor sobre la innumerable corte de los seres humanos individuales. Es un “punto de vista” personal, bastante enemistado por cierto, sobre ese tópico de hogaño que no se le cae de la boca a ninguno de los brillantes próceres que “conducen el carro”: el “progreso”. Lo dicen todos, lo manosean todos, lo desvirtúan todos. Un punto está delante de otro sólo si en el horizonte hay un punto definido y definitivo que se pretende. Cuando esto no se da, no hay progreso que valga, sino un zigzag distorsionado en el sendero.
ResponderEliminarSólo era eso, Sunsi, una perspectiva personal que al final se queda en la tranquilidad estética de poder mirar la noche.
Gracias por tu comentario, que comparto sin duda, y un “cordial” saludo.
P.S.: Andrómeda se ve hasta con unos prismáticos; no como en las fotos naturalmente. Por supuesto, también con cualquier telescopio; aunque no hay que hacerse ilusiones: lo que se ve es un rasgón de luz neblinoso y pequeño que cuando impresiona de verdad es al pensar en los dos millones de años que ha tardado en llegar a nuestros ojos.
Como sin duda te has portado bien, seguro que te lo traen.
Ocurre a veces, que en esa noche, encontramos la verdadera medida del hombre, esa que no se puede recoger en fórmulas, que es incontenible a pesar de la diversas formas en que se la quiere recoger.
ResponderEliminarOcurre a veces... que en una noche, te encuentras la verdadera medida del hombre. Y sólo en tus labios es posible sostener una palabra: misterio.
Ocurre a veces... y siempre, cuando es de noche. Yo lo he visto.
En muchos problemas, las solucines son parciales y se obtienen analizando desde escalas distintas.
ResponderEliminarN cabe duda de que analizada a pequeña escala la historia humana es quebrada, ¿pero no es simplemente hermosa si se revisa en su conjunto?
Un abrazo, como siempre una entrada para disfrutar.
Mis más humildes diculpas, Antonio... Hoy me he levantado más contenta de lo habitual y me he lanzado a comentar sin releer tu post. Tengo que releer para interpretar bien. También es verdad que no tenía a nadie para llevarle la contraria, con lo que a mí me gusta debatir, y he pensado que no te lo tomarías demasiado en serio.Por fortuna creo que ha sido así.
ResponderEliminarUna muestra más de la torpeza del ser humano. Torpes incluso para lanzarse a "la contra".
Gracias siempre por tu cordialidad, profesor.
Eso que dices Ana, se parece mucho al “principio antrópico” de los astrofísicos, que no es principio que me disguste, ni mucho menos; particularmente en su versión “fuerte”, aunque no sea la que goza de mayor aplauso. En todo caso, a mí me parece que la ciencia se acerca cada vez más a la vieja filosofía y a la poesía de siempre.
ResponderEliminarMuchas gracias por tu compañía y un saludo.
Tienes razón, Capitán, en lo que a las diferentes escalas se refiere; pero a mí me parece que es al revés, que es en las escalas grandes donde se produce el desconcierto, donde la recta se quiebra. Por poner un ejemplo al vuelo, diría que hay mucha más distancia entre la miseria y la opulencia en el siglo XXI de la que había en el XIII entre iguales referentes: el miserable sobrevivía con casi lo mismo, pero el poderoso con bastante menos. Así que, moralmente por lo menos, hay algo que no encaja. No digo yo que no esté llena la historia de momentos grandiosos, pero el todo, aunque parezca una contradicción, es bastante más insignificante que muchas de sus partes.
ResponderEliminarGracias por tus palabras, Capitán, y un abrazo.
¿”Disculpas”…? ¿”Torpeza”…? Ni necesitas de aquéllas ni ésta es cierta, Sunsi. Yo sólo pretendía justificarme; quiero decir que, bien mirado, parece que estoy pontificando siempre sobre lo humano y lo divino. Ni soy “profesor” para tanto ni es eso lo que pretendo. Además, de esto de hoy tiene la culpa el “caballero”, que es el que me lo dictó (ese “desde Andrómeda, por ejemplo” es una confesión tácita de lo que digo). En conclusión, que soy tan zigzagueante, errático y contradictorio como la historia de que formo minúscula parte. ¿Quién, sino yo, tendría entonces que proclamar torpezas y pedir disculpas?
ResponderEliminarUn saludo más, éste penosamente terrícola.