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Un azar detenido en una lente.
Una hoja en la cruz del objetivo
de una cámara oscura. Un adjetivo
cayendo de la vida, lentamente…
Son cosas del otoño. Un accidente
que sucede a un castaño disyuntivo
entre el ser y el no ser, Hamlet cautivo
deshojando un quehacer indiferente.
Si sólo fuera eso, si esa hoja
sólo fuera un caer de primavera
que ya no tiene mayo ni proclama,
si no fuera la muerte lo que arroja
al azar tanto olvido… ¡Si no fuera
la nada lo que prende un fotograma!
7 diciembre 2009
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Un azar detenido en una lente.
Una hoja en la cruz del objetivo
de una cámara oscura. Un adjetivo
cayendo de la vida, lentamente…
Son cosas del otoño. Un accidente
que sucede a un castaño disyuntivo
entre el ser y el no ser, Hamlet cautivo
deshojando un quehacer indiferente.
Si sólo fuera eso, si esa hoja
sólo fuera un caer de primavera
que ya no tiene mayo ni proclama,
si no fuera la muerte lo que arroja
al azar tanto olvido… ¡Si no fuera
la nada lo que prende un fotograma!
7 diciembre 2009
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¡Ah! Antonio...pero fíjate que el fotograma lo ha rescatado de la nada... o del olvido.
ResponderEliminarComo las personas ... que son rescatadas por la mirada amorosa
de quien camina fijándose en la personas. Igual que la hoja. No se pierden porque un objetivo las rescató.
Precioso poema. Gracias, Antonio
Caray... me pegué un buen suto con el poema anterior. Creí que te volvías a despedir.
Un saludo cordial y afectuoso.
Casualidad o voluntad, quién sabe. Yo creo que la hoja lo intenta: quiso caer delante de tus ojos porque ningún otro le hubiese hecho un soneto.
ResponderEliminarSuerte que tienen algunas, y eso que son nada;-)
Un beso, Antonio, me alegro mucho de verte de vuelta tras el puente.
Si no fuera y quisiese no ser nada ...
ResponderEliminarHermoso poema!
ResponderEliminarComo Olga también creo que esa hoja cayó en ese instante para ser un poema. La levedad del azar, que a veces vuela en una hoja de otoño.
Saludos
Hasta otra
Hermoso soneto, Antonio. Vaya ofrenda otoñal, y placer de lectura para quienes amamos la poesía.
ResponderEliminarTal vez esa hoja en su lenta caída pensaba...No te dejes caer en la tentación de la muerte...
ResponderEliminar¡Y alguien la rescató!
A un inconveniente fotógrafico un bello poema. ¡¡ Eres un artista!!
Un beso inmortal.
Alguien hizo que esa hoja no cayera... un instante de eternidad.
ResponderEliminarQuizá no todo pueda ser visto. Quiza eso que creemos olvido, no lo sea.
Cosas del otoño, esta tristeza.
Y aún está por llegar el frío...
Un abrazo.
Lo primero, y por ciertas dudas, aclarar que no me había ido. A veces un tal Rodríguez se me cruza (como esa hoja) con no sé qué preocupaciones y ocupaciones (no laborales siempre) y tenemos nuestras diferencias. Por eso me puso ese soneto del 2007 y quitó los comentarios, porque no me iba a permitir ningún tiempo para responder a vuestra siempre cariñosa amabilidad. Aunque protesta de seguir igual, ayer me concedió el paréntesis de esa caprichosa foto.
ResponderEliminarEn segundo lugar, muchas gracias a todos:
A Sunsi, por lo que dice de esos “rescates” de la mirada, que me ha hecho reparar en lo mucho que sobre ésta escribo. No sé si tendrá algo que ver en tanta reincidencia que mi madre muriera casi ciega por un maldito glaucoma, no sé si no será remordimiento por no haber entendido entonces que su tristeza no era por ella, sino por todos los demás, por todos los que ya no podía “rescatar” con su “mirada amorosa”.
A Olga, que tilda de voluntad el azar, que es tilde –ya sabes– que me gusta: las cosas no pasan porque sí, pasan porque quieren. Esto encaja perfectamente en mi personal interpretación de esas indefiniciones cuánticas que trastornan al gato de que tanto hablo. Me halaga, pues, la pretensión de la hoja; y me halaga aún más que tú la consideres afortunada por quererlo… Aunque, claro está, tú eres ante todo una buena amiga.
Al Eximio Capitán, que lee, en parecida voluntad, un decidido ejercicio de rebeldía con ese endecasílabo “Si no fuera y quisiese no ser nada” que merece una atención especial.
A Eloy, que me permite darle la bienvenida y cree, con Olga, en decisiones del mundo vivo. Aunque a mí me preocupa pensar si la hoja eligió el poeta adecuado para saltar al vacío.
A Antonio, que no “para” en su distancia y me regala una vez más con su visita y su amable generosidad.
A Veridiana, ¡que me llama “artista”! Mi temida y adorada Circe, os estáis ablandando. ¿Artista yo? Un pájaro pirómano-bombero de sí mismo, por mor de vuestro hechizo, ¿artista?... Entiendo (soy un poco lento): queréis decir que me pasa lo que a la hoja; que quiero la eternidad. “Vanitas vanitatum…” La inmortalidad del beso me salva. Por cierto, ¿no os debo yo un soneto sobre un “beso pensado”?... Qué manía ésta “de adquirir bajo crédito las rosas”.
A Ana, que abre puertas al olvido para que deje de serlo. Sí, tal vez no lo sea. Probablemente no lo es. Seguramente… no lo será. Son cosas del otoño; que no es triste, sino serio. Filósofo quizá. Un poco, al menos. En realidad, lo único que pide, como todo lo que nos rodea, es que no lo miremos sólo como cíclica circunstancia, sino como una lección de que la vida siempre está –y estará– ocupándose en lo mismo: ser y no dejar de ser. Esto ya lo inventaron las amebas.
Lo dicho: a todos gracias, a todos un abrazo, y un beso, además, a la que me permita.
Hoy tendrás que darme la razón.
ResponderEliminarSe acabó el otoño tardío y el necio espectador... ¿también con el móvil?
La hoja que al ojo ausente
ResponderEliminarda aviso de su derribo
y suspende sin motivo
la vacuidad del presente,
es la hoja delincuente
que infringe la ley severa
del instante. Traicionera,
en la memoria se aloja
del papel: sin cuerda floja,
trapecista artimañera.
¡Está ahí!
ResponderEliminarMe ha encantado este soneto, sobre todo el final... la verdad que a mí un poema que tenga la palabra hoja y fotograma lo miró con otros ojos pero este es espléndido Son imágenes tan bonitas y tan originales que nada que pueda decir yo sirve para algo. Siempre con mi silencio, (perdóname pero como siempre, me quedé sin palabras...)
ResponderEliminarUn saludo
Te la doy, Alejandro. A medias, pero te la doy. Porque “el necio” no se ha acabado y el otoño, casi. De hecho, apenas hace quince días que lo saludaba… ¡y ya se está terminando! Aciertas también con el móvil, que no se porta mal del todo ante mis olvidos. Para que te hagas una idea de su “leal compañía”, la foto de aquí es sólo un “detalle”; la total es más grande: ¡cinco megapíxeles! A que “mola”.
ResponderEliminarUn abrazo.
Rafael, ¡qué elegancia…! Y eso de “la hoja delincuente…”, ¡qué gallarda subversión contra los relojes!
ResponderEliminarGracias.
Samsa, ante un fotógrafo y un poeta como tú, confieso cierto rubor por esta entrada.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
Sí que sirve, Antonio, mi joven amigo; tanto lo que digas como lo que calles. A mí, que tanta edad calzo, desde luego me sirve, qué digo, me vale muchísimo.
ResponderEliminarGracias.
Este espíritu hechizado de bella durmiente,espera con ansia vuestro "beso pensado" y poder celebrar el ritual para recuperar su identidad.
ResponderEliminarAntonio... Tu madre (como mi abuela... también mi padre que ve tan poquito...) miraba con amor con sus manos cuando acariciaba, cuando palpaba, cuando abrazaba... Su tacto le ganó terreno poco a poco a la vista, con el mismo ritmo que se apagaba la luz. Estoy segura. Quiero estar segura...
ResponderEliminarPerdona si quizá soy poco oportuna. Pero cuando he leído tu comentario (llevaba días sin entrar en tu casa)los dedos se han lanzado a las teclas del ordenador. Dios te bendiga, profesor.
¿Una hechicera hechizada…? ¡Santo Dios, grande prodigio! Y, mientras tanto, yo en deuda con la hechicería.
ResponderEliminar¡Tengo que hacer alguna ofrenda a Erato, hechizada Circe!
Nunca eres "poco oportuna", Sunsi.
ResponderEliminarGracias
Gracias a ti, Antonio.
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