martes, 26 de enero de 2010

La almoneda

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Apareció pulida de verdad en otro enero
que no era de este exilio de penumbras.

Regateó el precio de mis noches
y me compró el silencio.

No me dijo su nombre ni por qué visitaba
ese viejo almacén que era mi vida.

Me pagó tres monedas, y se fue sonriendo.

Y aquí están, en mi mano,
el amor, la verdad… y su olvido.


26 enero 2010
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sábado, 16 de enero de 2010

Morir sin muerte

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La muerte es una quimera, pues cuando yo estoy, ella no está; y cuando ella está, yo no
Epicuro de Samos.

…morir sin muerte es casi una osadía
que no puede invocarse así nomás
por eso yo prefiero ser discreto
vivir sin vida es menos pretencioso.

Mario Benedetti.



Amanecer un día y no encontrar el mundo:
la casa, su jardín, aquellos parques,
los amables rincones de un común entusiasmo,
la calle envenenada de una antigua tristeza,
la asfixia en los relojes, su fatiga…

Amanecer y ver
el horizonte sólo del silencio,
el beso eliminado de los labios,
el cruel desbordamiento de la muerte...

O amanecer el mundo y no encontrarte;
y no verte en la casa..., ni cruzando el jardín
ni paseando en los parques;
ni saber de tus labios y sus horas
en el beso, la vida, la palabra…

Amanecer sin mundo… Amanecer sin ti… Qué importa.

Para morir sin muerte
me basta con vivir junto a tu ausencia.


16 enero 2009
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sábado, 9 de enero de 2010

Omnisciencia

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La encontró en una red aleteando,
y le concedió el aire.

Lo descubrió atrapado por un cepo,
y le permitió el bosque.

Le conmovió pensar en sus preguntas,
y para él forjó el tiempo
y los nombres del mundo.

En el octavo día,
el lobo discutió con la paloma,
el hombre con el lobo y con el tiempo,
los nombres con el mundo y su esperanza…

Y sucedió la Historia.

Pero ya lo sabía...

¡Dar el tiempo era obrar un desencanto!



9 enero 2010

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martes, 5 de enero de 2010

Necesariamente humano

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Flor que desdeña el avance del tiempo...
Antonio Serrano Cueto

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Nos guste o no, el misterio es nuestra auténtica columna vertebral, el principio de nuestra verticalidad arrogante. Ni australopitecos ni pitecántropos, el eslabón perdido de la especie fue un "chimpancé" que se decidió al misterio. Y le pasó eso porque se dio cuenta de que su mundo de lianas, plátanos y funambulismo arbóreo ya no tenía ningún interés. Era una aburrida y repetida vulgaridad. Lo suyo fue una verdadera hazaña: gracias a él, se puso un punto y aparte en la narración de los bosques y comenzó un párrafo nuevo.

Luego, claro, vino el después. Porque el misterio primero se admira y luego se curiosea. Más tarde se intenta explicar; e incluso, a veces, se consigue. La vanidad de estos modestos logros (el misterio es muchísimo más interesante que todas las explicaciones de que nos creemos capaces) y esa oscura inclinación a vegetar muellemente entre lianas (…como a nuestro parecer / cualquier tiempo pasado / fue mejor) nos están arruinando la especie y debilitando la espina dorsal. Nos pasa últimamente que no somos capaces de convivir con lo inexplicable. Y, víctimas de esta incapacidad, o bien lo banalizamos y vulgarizamos en librerías y carteleras (hay una apestosa invasión de enfermas fantasías), o bien lo despreciamos y ridiculizamos desde cuatro ideas provisionales (todas las ideas humanas lo son) que mal digerimos y peor empleamos.

Un error, sin duda, que lo único que pone de manifiesto es la melancolía de una hazaña.
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Para todos los niños, que ni me leen ni me entenderían si lo hicieran; aunque lo de ‘hoy’, queridas y pequeñas posibilidades, no es exactamente un misterio, sino un prodigio entusiasta para vuestra inocencia. En cualquier caso, no os olvido en mi carta. He pedido que os dejen en los zapatos un misterio. Para mañana… Para vuestro largo mañana… Para que podáis caminar mañana.

Y siempre.

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lunes, 4 de enero de 2010

Más coplas del Caballero Inactual

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Me ha felicitado el año –tarde por cierto, debe de ser cosa de la velocidad de la luz– con literarias evocaciones de sus amoríos. Lo único que me creo es eso de que vive en ‘Nunca'… Lógico: es su ciudad de siempre.


En Madrid cogí una vez
un sueño de cercanías;
y llegué hasta no sé dónde,
que era donde tú sabías.

Después de allí no hubo allá.
Y volví a Madrid de nuevo
respirando tu memoria
para no olvidar tu sueño.

Así están entre nosotros
las cosas de los andenes
por no dejarme llegar
a la ciudad que me debes

Ésa que no tuvo tiempo
ni reloj para inventarse:
un sueño de cercanías
que se empeñó en alejarse.

Y así yo, cada mañana,
compro un 'ticket' sin destino.
¿A dónde, señor…? –preguntan–.
A Nunca, que es donde vivo.


3 de enero de 2010
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sábado, 2 de enero de 2010

La noche más hermosa

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Lo escribí y dejé colgado de un “atardecer”, tal día como hoy, hace dos años. Lo recupero por capricho y coincidencia; a mí es que la noche del 2 de enero me sigue gustando mucho. Modifico, por lógica, la hora y el año del último párrafo y me permito la compañía de Chopin en manos de ese jovencísimo maestro que es Yundi Li.
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No se oyen gritos, ni frenazos, ni alaridos, ni petardos, ni arcadas, ni sirenas, ni bramidos… No se ven montones de humanidad ni comas etílicos; ni hordas asfixiadas en vinos espumosos; ni envases ni papeles ni suciedad por las aceras, ni borrachos orinando al amor de una farola… No se huelen perfumes espesos hasta el vómito, ni alientos de tabaco mezclados con carmín y eructo de champán. No se roza el sudor de un abrazo artificial, ni se engulle el vigésimo polvorón para empapar la inundación obligatoria… No pasa nada, no se oye nada, no se ve nada... Si acaso alguna estrella entre la bruma alta, si acaso el ladrido solitario de un perro en la lejanía.

Es la noche más hermosa, la de sus auténticos amantes, no la de ésos que se lo llaman cuando lo único que pretenden es que deje de ser noche. Porque los amantes de verdad son súbditos de su objeto: lo aman como es, no en modo diferente. No quieren convertirlo en otra cosa, no quieren alterarlo ni transformar su encanto. En la noche se ama el misterio, el silencio, la inmensidad, el decorado infinito de las preguntas, la belleza inquietante de su desamparo… Pero hay mucho proxeneta de su embrujo, mercaderes que la disfrazan de día espurio y venden en las ciudades su inefable fascinación. ¡Mala gente que comercia con la belleza y la embadurna de innecesarios afeites!

Pero hoy no, hoy libra la noche su hermosura: los tenderos, traficantes y profanadores están exhaustos. Agradecida y sola, oigo que no la oigo al otro lado de la ventana; fría sobre los árboles desnudos de este recién invierno, bella como la paz que un soldado celebra a pesar de sus heridas.

A las dos y cuarto de la madrugada del dos de enero del año dos mil diez… Otra vez, o siempre, dedicado a ti, la noche más hermosa.
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