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La encontró en una red aleteando,
y le concedió el aire.
Lo descubrió atrapado por un cepo,
y le permitió el bosque.
Le conmovió pensar en sus preguntas,
y para él forjó el tiempo
y los nombres del mundo.
En el octavo día,
el lobo discutió con la paloma,
el hombre con el lobo y con el tiempo,
los nombres con el mundo y su esperanza…
Y sucedió la Historia.
Pero ya lo sabía...
¡Dar el tiempo era obrar un desencanto!
9 enero 2010
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La encontró en una red aleteando,
y le concedió el aire.
Lo descubrió atrapado por un cepo,
y le permitió el bosque.
Le conmovió pensar en sus preguntas,
y para él forjó el tiempo
y los nombres del mundo.
En el octavo día,
el lobo discutió con la paloma,
el hombre con el lobo y con el tiempo,
los nombres con el mundo y su esperanza…
Y sucedió la Historia.
Pero ya lo sabía...
¡Dar el tiempo era obrar un desencanto!
9 enero 2010
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La tercera y cuarta estrofa son de lo mejor que te he leído. "Le conmovió pensar en sus preguntas". Tal vez fue sencillamente así.
ResponderEliminarPero la historia es más, también el lobo amó a la paloma algún momento, y se encandiló con su batir de alas, y el hombre con la seria soledad de un lobo estepario, y los nombres quedaron prendidos a las cosas, prendados de ese matrimonio de conveniencia que es el lenguaje de los hombres. Y todo eso sabía... que dar el tiempo era meter de lleno al universo en una casa encantada.
El beso de toda la vida.
P.S.: Me releo y no me lo puedo creer. ¿Tú te das cuenta de lo que hago por "llevarte la contraria"?
No sé si eres literato, filòsofo, poeta, o alguna otra categoria que ahora mismo no se me alcanza enumerar.
ResponderEliminarTu entrada me ha dejado tan perpleja como casi todas las tuyas, no puedo hacer un comentario pues el contenido de la misma es tan contundente, que casi me asusta pensar en él.
Un abrazo,
Montse
Se dice que hay Historia desde el momento en el que alguien le da por escribir lo que sucede. Habrá que echarles la culpa a los cronistas, Antonio. Que los hombres se abstengan de interpretar los sucesos. Que utilicen la palabra para embellecer el mundo en lugar de juzgarlo.
ResponderEliminar¿Vale aquí recordar el verso de Juan Ramón Jiménez: "No la toquéis más que así es la rosa"?
Un saludo cordial
Con un poco de retraso
ResponderEliminarte saludo el año nuevo
ahora que te salgo al paso.
Que ya está aquí el dos mil diez
según dice el calendario
repitiéndose otra vez.
Lo proclamó el de Borbón
y la de la minifalda
que sale en televisión,
y, para el menos creyente,
por los bares de mi barrio
lo va diciendo la gente.
El tiempo… -qué hijo de p…-
es hijo de un dios gamberro
y padre de la disputa.
Padre de todo es la guerra,
dice mi amigo el efesio
-todo lo que el tiempo encierra.
Carne de guerra la historia,
vaya a hundirse con el tiempo,
que nos basta la memoria.
La memoria que se canta:
sóbrenos tiempo este año
y no nos falte garganta.
Probablemente sea así, Olga, aunque sea por esforzarte en llevarme la contraria. Pero se me ocurre una preguntar para intentar contrariar tu contraria: el “encantamiento”, ¿lo gozan los molinos como gigantes o los gigantes como molinos?... “¿Qui is veritas?” No sé; tal vez la de Don Quijote, o tal vez la de Sancho. En cualquier caso, al final siempre será el desencanto.
ResponderEliminarGracias por tus palabras como siempre. Y, como siempre, un beso.
Pues, sinceramente, Montse, con tanto picar aquí, allá y acullá, lo cierto es que no soy nada ni nadie; un cómico todo lo más, entusiasmado, como Edmundo Kean con Shakespeare, con los personajes de ese drama histórico que es el hombre.
ResponderEliminarMuchas gracias por el alto concepto que de mí tienes, aunque sea inmerecido.
Un abrazo.
No, a los cronistas no, Sunsi. La historia era hermosa y aleccionadora cuando se conformaba con ser crónica. Luego… “se fue vistiendo / de no sé qué ropajes; / y la fui odiando sin saberlo” (Juan Ramón, también). Esos “ropajes” son los que “científicamente” la han vuelto inhóspita y amarga, temporal y “determinada”. Un verdadero “desencanto”.
ResponderEliminarGracias, y un cordial, naturalmente, saludo.
Como siempre, brillante, don Rafael.
ResponderEliminarTras leer tu verso, es evidente por qué Heráclito es el filósofo del llanto. Aunque, como igualmente dices, la palabra (el canto) es también alcancía de la memoria. Invirtamos, pues, sus ahorros en poesía.
Feliz “canto” nuevo, y un abrazo.
Siempre el empezar el año me sobrepasa con creces. Para conseguir que mi culto siga vivo, resolver los enigmas, los misterios del Arte, los conjuros afectivos, esas normas que como " diosa" he heredado de generación en generación...
ResponderEliminarMuy bonito lo que has escrito. Ese es el secreto de la vida.
Un beso enigmático bajo este frío de Siberia.
¡Enredoso quehacer, sin duda, ese de ajustar el IPC de misterios y conjuros! Pero son gajes de su hechicera divinidad. Yo creía, sin embargo, que, dada esta condición, quedabais al margen de nuestra humana servidumbre al frío; aunque supongo que es una exageración vuestra para nuestro consuelo.
ResponderEliminarMuchas gracias, venerada Circe, y un beso en cubitos (de hielo, quiero decir).
Yo no sé cuál es la verdad, Antonio, pero sé que existe, igual que el encanto. Sólo don Quijote podía decir "yo sé quién soy", y la verdad era lo que sentía.
ResponderEliminarSé que tienes razón, y que al final está el final, siempre recuerdo una frase de no sé quién que decía "el desencanto camina despacio y sonriendo detrás del entusiasmo", pero esa sonrisa cínica es tan odiosa... que siempre me invento algo para mantener algún encanto vivo. Aunque no siempre lo logro, para qué te voy a mentir.
Un beso.
Una gota de agua es transparente; el mar no lo es. Las partes no tienen las mismas propiedades que el todo. Yo me refiero al todo, a la social totalidad humana, tan llena de opacidad como el océano. La persona, como la gota, tiene atributos diferentes. El todo parece que le exculpa a uno, por eso un buen hombre puede llegar a formar parte de un linchamiento colectivo. El desencanto que digo es de la masa, no de su porción. Por eso, frente a Aristóteles, considero que la política tiene un rango inferior a la ética y no al revés.
ResponderEliminarYo no soy pesimista ante la persona, lo soy ante su enajenación social. Y de esto es de lo que se han encargado el tiempo y la historia. Y cuanto más tiempo y más historia, más incluso; a pesar de las cacareadas bondades de nuestro supuesto “progreso”.
Gracias, Olga, por la insistencia.
Me quedo con esa última respuesta a Olga, Antonio. Así, a bulto, en global, es muy difícil hallar bondades individuales... Peor es empeñarse o conformarse en ser "bulto" y no dar el paso para escapar de la masa y percibirse a uno mismo.
ResponderEliminarGracias. Y al pobre de Aristóteles...que sigue errando... unas palabritas de apoyo, aunque sólo sea por no haber sido porción del "bulto".
Un saludo cordial desde Tarraco. Hoy luce el sol y el frío parece que remite.
Y eso que jamás el hombre se peleó por el tiempo que, desde mi punto de vista, es nuestro bien más preciado.
ResponderEliminar¡Qué poco nos dieron, Antonio!
Bueno, Sunsi, no quiero decir yo que yerre Aristóteles, líbreme Dios de tal petulancia. Él considera que el bien es el mismo para el individuo que para el estado, pero la política procura el bien de toda una nación lo que le da un rango mayor. Lo que en teoría es indiscutible, pero en su práctica histórica es más que cuestionable.
ResponderEliminarAquí, hoy hace un frío de muerte y lleva toda la tarde nevando.
Gracias, y un saludo climáticamente congelado
Colectivamente se ha peleado siempre por el espacio, por la tierra y sus límites; pero individualmente… No sé. Quizá la batalla con el tiempo se ha librado más en el terreno del arte; de la literatura en particular. Fausto y su “arriesgadísima inversión” son todo un arquetipo.
ResponderEliminarY sí, nos dieron poco, pero vale muchísimo, aunque a veces no lo apreciamos apenas (eso parece al menos cuando leemos los periódicos y los saldos cotidianos de la muerte gratuita).
Gracias por tu visita, Alejandro.
Ciertamente (casi) toda la ciencia en tu entrada, zoología, física, psicología, dialéctica, ...
ResponderEliminarEstupendo poema.
Un abrazo
Capitán, eres demasiado generoso. No hay “ciencia” –para mi desgracia–, sólo melancolía por su consecuencia.
ResponderEliminarUn abrazo.
jajaj...Me ha gustado eso del i.p.c
ResponderEliminarCuánta profundidad tras tanta sencillez. El desencanto del tiempo, sí, pero, ¿qué sería de la poesía, del misterio, sin el tiempo, sin el desencanto?
ResponderEliminarUn abrazo.
Gracias, Juan Antonio.
ResponderEliminarEsas preguntas que dejas en el aire encierran la verdad de toda la dialéctica. Porque, si no hubiera oscuridad, la luz no tendría ni nombre ni aplauso. Rafael me recordaba a Heráclito y tú lo has vuelto a hacer. Sólo puede haber "desencanto" si alguna vez hubo su contrario. Merece la pena el "no" porque, en realidad, es testimonio de la afirmación.
Un abrazo.
Quizá tuviera que ser así, ir caminando poco a poco a través del desencuentro, del desencanto de verte frente a lo que no esperábamos. Y seguir tirando del hilo... quizá, quizá es que tiene que ser así.
ResponderEliminarUno nunca sabe.
Estoy con Olga, de lo mejor de la factoría. El poema es muy bueno entero, pero esa cuarta estrofa... ¡uf!
ResponderEliminarUn abrazo.
Mira lo que acabo de leer, me he acordado inmediatamente de tu entrada:
ResponderEliminar“Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad”.
¿No hacemos también un poco eso?
¿Tú qué crees?
Yo tal vez sí he sido, o soy, o sé que en algún momento seré una soñadora. Eso no es malo, pero tiende sus trampas.
Un beso de fin de semana.
Naturalmente, Ana: así es la esencia misma del tiempo. Si no fuera así, no pasaría nada, no transcurriría; sería un no-tiempo. Nunca habríamos sabido en consecuencia qué era el "encanto".
ResponderEliminarGracias y un saludo
Muchísimas gracias, Rafael; tus palabras son todo un estímulo. Te confesaré, no obstante, que ando un poco "desencantado" con las mías. Veré si consigo reconciliarme con ellas.
ResponderEliminarUn abrazo.
Yo retocaría la cita, Olga, levemente (no sé qué manía me ha entrado últimamente de enmendar la plana a los filósofos): “Como todos los soñadores, descubrí que el desencanto era la verdad.”
ResponderEliminarUn beso, y gracias por acordarte de mí leyendo a Sartre.
¡Qué listo!
ResponderEliminar;-)
...Sartre, naturalmente.
ResponderEliminar¡Ja, ja, ja...! Perdón, Juan Manuel, me ha dicho Olga que te he llamado "Rafael". ¡Y era verdad! Lo siento, es que "estoy mayor". Perdón por la edad, Sr. Macías: mi antepenúltimo comentario y su gratitud eran para vuesa merced.
ResponderEliminarOtro abrazo.