miércoles, 3 de agosto de 2016

El hombre como inecuación


Las inecuaciones son una fantasía matemática en la que, por ejemplo, tres veces un sueño más cinco veces la voluntad no puede ser igual a nada –o sí, y lo es entonces en modo disyuntivo–, sino algo menor o mayor que una constante indefinida. Por eso, si despejamos el sueño, resulta algo menor o mayor –o raramente igual– que un tercio de la diferencia entre la indeterminada constante y el quíntuplo de la voluntad. Dicho en modo más claro:

3s + 5v < = > k

De donde resulta,

s < = > 1/3 (k - 5v)


Las inecuaciones son algunas de las abundantes tangencias de la razón con la irracionalidad. Las inecuaciones nos asfixian con su incertidumbre incluso cuando se resuelven. Tal vez por eso a mí me parecen tan humanas. Tan dramáticamente humanas. Después de todo, nuestros actos, nuestras esperanzas, nuestros sentimientos siempre andan oceánicamente indefinidos entre lo mayor y lo menor –o lo raramente igual– a lo que alguna vez soñamos.



4 comentarios:

Susi Eguia dijo...


Inecuación: que palabra tan rara, no puedo evitarlo, pero inmediatamente, la asocio con la palabra inadecuado y ... es que el hombre, es decir, el ser humano, me parece inadecuado tantas veces, tantas que... quizás sea por eso, porque nunca estamos seguros ante nada, carecemos de confianza en la vida, en lo que nos podemos encontrar o no.
Es esa enorme inquietud ante todo,esa incertidumbre... debe ser eso, lo que nos hace inadecuados.
En cualquier caso me gusta más la expresión :"tres veces un sueño más cinco veces la voluntad no puede ser igual a nada –o sí," que la expresión matemática propiamente dicha.
Claro que, ya sabes,a mí no me gustan las matemáticas.
Un beso

Antonio Azuaga dijo...

Aunque no haya que tomar esta entrada demasiado en serio (eso de la "fantasía matemática" no deja de ser una insolencia literaria), la verdad es que las matemáticas son, como pensaba Galileo, la lengua en que nos habla la naturaleza; y quien dice naturaleza en este caso, dice toda la realidad. También la humana, por supuesto. Si será así, que son capaces de proponer definidamente lo que después resuelven de modo tan indefinido... ¿Hay algo más humano que esto?
Gracias por la compañía de tus reflexiones (aunque sigan sin gustarte las matemáticas).
Un beso

Anónimo dijo...

Ni perros ni lobos. Absolutamente inadecuados, irreductibles a todo intento de racionalización matemática. En eso radica nuestra grandeza. No sólo la nuestra sino la de todo cuanto existe. Tenía razón Pascal: vivir es apostar. Y el que no apuesta no vive, calcula. Al fin y al cabo en este negocio que es la vida de cada cual las cuentas no salen nunca. Y eso es bueno.

Antonio Azuaga dijo...

Lo malo, amigo Anónimo, es que esa apuesta de Pascal también es un razonamiento matemático.

Desde luego yo no creo que el hombre sea reductible a las matemáticas; lo que si advierto es un guiño profundamente humano en ellas, tan humano que son capaces de acomodarse con números irracionales y números imaginarios, que es algo así como convivir con su contrario y hospedar a su imposible.

Pero todo esto sobra. Lo que de verdad importa es que tú, anónimo amigo, me hayas regalado esta participación en tu apuesta.

Un saludo.