El mundo está tenso, enrarecido. Casi todo lo que uno oye o lee es desagradable; y si no lo es, parece contener un inquietante presagio. A los felices veinte del pasado siglo les sucedieron los amargos treinta y los trágicos cuarenta. Latía extraño el hombre, y cuando el hombre late de ese modo, algo podrido cocina la historia. Cientos, miles de veces ha ocurrido así. Para Sísifo –siempre Sísifo–, al final del esfuerzo sólo está la derrota. Su modesto placer de coronar la cumbre es efímero y repetidamente inútil. No hay paz ni paraíso al cabo de la escalada; sólo desolación, tristeza, crueldad, destino… ¿Existe el destino? ¿Debe ocurrir siempre lo que siempre ha ocurrido? ¿Es de verdad la historia la brillante sustitución de la fatalidad natural por la libertad humana o es simplemente la metáfora amable de la ‘ordenada’ crueldad de aquélla? Las especies combaten, y se destruyen y sustituyen. ¿Y las culturas? ¿Y los pueblos del hombre?... ¿Qué de especial creímos ver en los h...
Hermosa puerta, Antonio, aunque dé a la tristeza.
ResponderEliminarP.S.: Además, es un poema que se ha hecho él solito a sí mismo, un día antes de que tú lo escribieras.
Los días están cansados de ser agosto, pero todos sabemos que tampoco quieren ser septiembre. Los días tendrían que ser siempre 29 de febrero, que es un día que espera con ganas poder serlo. Un abrazo.
ResponderEliminarGracias, Julio. Lo escribí después de una "complicada" conversación con mi padre seguida de otra no menos "complicada" con "su hijo"... En fin, que tal vez por eso confundí la fecha y puse 31 donde debí poner 30. Lo corregiré.
ResponderEliminarUn abrazo.
En febrero, amigo Diego, sea o no el excepcional 29, quien se va cansando de serlo es la noche.
ResponderEliminarEncantado de tu reaparición.
Un abrazo.
Qué gusto da volver, cada día, a los buenos versos. Y si es después de tanto tiempo, tanto mejor.
ResponderEliminarMe alegro de leerte.
Un fuerte abrazo,
Francisco
Lo que de verdad da gusto, amigo Francisco, es comprobar que Sísifo arranca de nuevo desde la ruina… y que sigue, sin duda, dispuesto a la belleza (hay que entrar en tu blog hoy para entenderme).
ResponderEliminarGracias y un abrazo.
Los días se acortan ya claramente, como los versos de tu poema, pero volverán a alargarse. Tal vez están cansados de tanto verano y tanto alumbrar. Me hace gracia que yo descubriese tu blog el 29 de febrero, que es un día raro y todavía corto, pero con toda la primavera por delante.
ResponderEliminarToque lo que toque, mejor versos que pulpas exprimidas.-)
Un beso, Antonio. Muy bonito el poema.
El descubrimiento más importante que tenías pendiente (creo) era el de ti misma. Y ahí están tus “caricias perplejas”. Por eso no soñaste con zumo de naranjas, sino con leones.
ResponderEliminarSiempre gracias, Olga, por la visita de tu palabra.
Un beso.
Volverá, sin embargo
ResponderEliminarotra vez y mil más la primavera
sus largos días y sus soles nuevos,
y otra vez la esperanza
y otra vez.
Puede que le falten a la entrada, Juan Tocayo, versos como los tuyos para que el poema no acabe en tanto pesimismo. Pero eso para mí es más difícil.
ResponderEliminarGracias y un abrazo.
Me alegro de tu vuelta, Antonio (aunque con dos entradas de retraso:-) Es un precioso poema para empezar septiembre. Todos entramos por esa puerta, queramos o no; es una puerta comunal. Pero septiembre nos traerá muchas cosas buenas, estoy seguro. Es mi mes preferido. Por fin el verano se va yendo con su bicicleta, y los días se acortan pero siguen teniendo 24 horas. Un abrazo.
ResponderEliminarGracias, Juan Manuel, por tus palabras. Pese a lo que pueda parecer, es también uno de los meses más queridos por mí: le debo muchas memorias entrañables. Sin embargo, es quien es y está donde está, cargado de advertencias que, con los años, se hacen “cada día” más reales.
ResponderEliminarUn abrazo.