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Cortar la seda. Cercenar el vínculo.
No querer escapar del laberinto amargo
ni del monstruo posible que al final nos aguarda.
Quedarse aquí,
dentro de uno,
con la daga sangrando y el último silencio;
con el alma asustada y su oscura agonía.
No querer olvidarse de uno mismo,
de la bestia encerrada que nos sigue esperando
cada noche en su cueva,
cada noche en su noche sin aurora,
eterna o intemporal, cruel, heroica,
oscura soledad de piedra y musgo
que no sabe los triunfos y sus días.
Solos al fin la tristeza y la espada;
y el monstruo en su rincón, en su condena,
aguardando la muerte, la sangre de decirse,
el bramido glorioso de haber sido.
(13 octubre 2008)

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Cortar la seda. Cercenar el vínculo.
No querer escapar del laberinto amargo
ni del monstruo posible que al final nos aguarda.
Quedarse aquí,
dentro de uno,
con la daga sangrando y el último silencio;
con el alma asustada y su oscura agonía.
No querer olvidarse de uno mismo,
de la bestia encerrada que nos sigue esperando
cada noche en su cueva,
cada noche en su noche sin aurora,
eterna o intemporal, cruel, heroica,
oscura soledad de piedra y musgo
que no sabe los triunfos y sus días.
Solos al fin la tristeza y la espada;
y el monstruo en su rincón, en su condena,
aguardando la muerte, la sangre de decirse,
el bramido glorioso de haber sido.
(13 octubre 2008)
Enhorabuena, Antonio.
ResponderEliminarCortar la seda. Parece tan sencillo.
ResponderEliminarImpresiona este Teseo que es de su laberinto y no de Ariadna. Y el bramido final sí es triste y glorioso.
Saludos, Antonio.
Gracias, Julio: suena inmensa tu voz dentro del laberinto.
ResponderEliminarNo, Olga, desde luego no es "sencillo" cortar la seda, por eso es heroico, por eso no lo hacemos casi nunca. Lo común, lo fácil es querer escapar del laberinto; lo infrecuente es mirar de frente al Minotauro, acabar con él y seguir a su lado admirando su agonizante monstruosidad. Terminar con la bestia es empezar con el hombre. Lo menos que podemos hacer es seguir a su lado.
ResponderEliminarGracias y un beso.
Ya te he citado en mi blog. Gracias, porque me has ayudado a escribir de nuevo algo parecido a un "proema".
ResponderEliminarEn ese laberinto que nos cerca, en ese laberinto cuyos muros son el centro de otro laberinto inabarcable.
ResponderEliminarEl hilo, la seda que nos ata a nuestra cueva.
Una de sus mejores entradas, lo cual es decir mucho.
Saludos,
Hernán.
Grcias a ti, Rocío: sin duda he sido yo el beneficiado.
ResponderEliminarBesos.
Tú eres más experto que yo en muros que nos encierran y en su trato poético. Muchas gracias por tus palabras.
ResponderEliminarUn saludo.