.

.
Sólo la oscuridad, sólo tenerte
confusamente oscura; sólo ajena,
a punto de no ser; sólo tu arena,
el resto de tu tierra. Sólo verte
en niebla indefinida, padecerte
ausencia horizontal que el día estrena
sin ser día, sin ser aurora plena,
sin ser tú. Mirar… y suponerte.
Sólo indagar tu sombra enajenada,
ese resto de ti que el sol olvida
y esparce por el mundo, indiferente.
¡Sólo tu confusión desdibujada!
…Y a la luz castigar por distraída
por sólo merecer tu sombra ausente.
.
27 noviembre 2008
.

.
Sólo la oscuridad, sólo tenerte
confusamente oscura; sólo ajena,
a punto de no ser; sólo tu arena,
el resto de tu tierra. Sólo verte
en niebla indefinida, padecerte
ausencia horizontal que el día estrena
sin ser día, sin ser aurora plena,
sin ser tú. Mirar… y suponerte.
Sólo indagar tu sombra enajenada,
ese resto de ti que el sol olvida
y esparce por el mundo, indiferente.
¡Sólo tu confusión desdibujada!
…Y a la luz castigar por distraída
por sólo merecer tu sombra ausente.
.
27 noviembre 2008
.
Qué momento de la aurora tan inaprensible, como un amor que sólo puedes suponer.
ResponderEliminarMe gusta "ese resto de ti que el sol olvida" y ese castigar a la luz por distraída, como si fuese una alumna tuya:-)
Buenas noches, Antonio. (Antes decir esto era muy normal, cuando publicabas todos los días, pero ahora es casi un privilegio).
Cuando leo estas cosas y sobre todo cuando te acabo de ver y de oír, con tu voz profunda y sabia, me siento afortunado. Siempre que me acerco a la SC, en los días siguientes, siento nostalgia en su acepción primera. Un abrazo.
ResponderEliminarEs lo que tiene llevar tantos años ante los encerados: uno acaba por considerar que hasta la luz debe rendir atención a su palabra. Magistri vanitas!
ResponderEliminarGracias siempre por tu visita y tus cariñosas palabras, Olga.
Besos.
Ay, Diego, "nostalgia" en todas sus acepciones siente la SC siempre, sobre todo cuando, en días como hoy (ya ayer), uno ha tenido que arrear, con su "voz profunda", una manada de "orcos" desbocados que ha confundido un timbrazo de conserjería con la alarma de incendios. ¡Hasta en eso marran! De chiste para contarlo.
ResponderEliminarUn abrazo y muchas gracias.
Afortunadamente, Antonio, de vez en cuando rompes tu silencio y nos regalas estas luces hechas de sombras. Qué maestría en el remate del soneto, amigo.
ResponderEliminarMuchas gracias, mi andaluz amigo, por el calor de tus palabras, que hoy me viene de perlas porque no sé a cuantos “bajo cero” estamos por aquí que hasta las teclas me tiritan cuando escribo.
ResponderEliminarUn abrazo, caluroso a pesar de la térmica hostilidad.