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Me queda este consuelo, este paisaje
de señales colgando en la ventana,
ropa limpia de verbos y tristeza
tendida al sol confuso de diciembre.
Sólo eso: palabras de impotencia
tantas veces lavadas en mis lágrimas.
Que el viento las arranque y las eleve,
y arrastre su rumor a alguna parte,
a algún rincón donde el silencio pueda
recuperar del aire tanto olvido.
(19 diciembre 2008)

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Me queda este consuelo, este paisaje
de señales colgando en la ventana,
ropa limpia de verbos y tristeza
tendida al sol confuso de diciembre.
Sólo eso: palabras de impotencia
tantas veces lavadas en mis lágrimas.
Que el viento las arranque y las eleve,
y arrastre su rumor a alguna parte,
a algún rincón donde el silencio pueda
recuperar del aire tanto olvido.
(19 diciembre 2008)
No quiero parecer pesado con mis comentarios y se hace difícil encontrar un nuevo elogio con cada nuevo poema. De momento, el viento ha traído tus palabras hasta el Sur y aquí está ya ese silencio recuperando olvido. Este silencio tuyo hecho de palabras resuena especialmente en esta tarde casi, casi de invierno.
ResponderEliminarCoo aún estoy en la dinámica de las evaluaciones, te pondré un sobresaliente. Cum laude, si aún fuese posible.
Palabras limpias y tendidas. Eso es lo que buscaba y lo que me llega cuando vengo a leerte.
ResponderEliminarNunca sabemos a dónde las arrastrará el viento.
Un beso, Antonio.
¿Pesado dices…? Pues, ¡ojalá! la gravedad siempre atrajese onzas de tan amable especie.
ResponderEliminarMuchas gracias y un abrazo.
P.S.: ¿Aún de evaluaciones?... Espero que la “dinámica” a que te refieres sea meramente inercial. Yo ya estoy en navideña holganza y, entiéndeme, me remuerde la conciencia pensar que haya un colega todavía al pie del “curro”.
En efecto, es una dinámica inercial, como bien dices. Ya estoy disfrutando de las vacaciones, por fin. Ya sabes lo que suponen los quince últimos días para una jefatura de estudios, qué te voy a contar...
ResponderEliminar...¡Sabe Dios!, Olga, el viento es antojadizo (¡a quién se lo digo, que tanto y tan bien habla de cierzos y mistrales!). Me alegro de que te lleguen limpias, aunque no soy yo un experto lavandero.
ResponderEliminarMuchas gracias, naturalmente, y un beso.
¡Qué peso me quitas de encima, mi sureño compañero de fatigas!
ResponderEliminarDisfruta con los tuyos del olvido (el del trabajo, quiero decir).
Triste y soberbia manera de empezar las vacaciones, Antonio. Estos días, sin paseos por el despacho, sin clases, sin jaleo de pasillos y con todo el olvido del trabajo (y el recuerdo, que pesa), espero que aparezcan por aquí poemas tan buenos como este. Un abrazo.
ResponderEliminarMuchas gracias, Diego, por tu visita. No sé cuánto dará de sí el ocio que me queda, pero tú debes hacer una formal declaración de guerra a esos silencios en que te has empeñado. ¡No seas cabezón!
ResponderEliminarUn abrazo.
El silencio, magister, va para largo. Estoy envuelto en tareas más dignas de mi mediocridad, como aprender lenguas muertas. Néanmoins, si me arranco con alguna cosilla, te la haré llegar por correo. Otro abrazo.
ResponderEliminar¿”Tareas más dignas de mi mediocridad”?... Pero ¡qué tonterías pueden llegar a decirse!
ResponderEliminarLa imagen es de una ternura sobrecogedora. Y hay esperanza en el deseo final, confianza inquebrantable en las palabras, por tercas e insuficientes que nos resulten.
ResponderEliminarEs un gran poema, Antonio, del primer al último verso.
Un fuerte abrazo de todos.
Y tú un gran amigo, tan grande que eres “cuatro”, al que tengo algo abandonado en comentarios, que no en seguimiento.
ResponderEliminarUn abrazo y… Feliz Navidad.
Antonio, ya no sé donde dejé escrito que habia leido las prosas íntimas y que me habian gustado mucho, que lenguaje tan vulgar... es otro el sentir que merece abrigar por ejemplo "Ropa tendida", sobre todo en el deseo que manifiestas al final.
ResponderEliminarLas palabras podrian ser:
Arrobo,encanto,emoción,añoranza,ternura
y tantos sinónimos más.
Ahora comprendes quizá, porqué me has convertido sin querer, en una "princesa encantada" con tus palabras, porqué ya no puedo leerte sin reir o llorar contigo algunas veces y dolerme o alegrarme el corazón otras.
Este encantamiento no tiene precio, es maravilloso estar así, no quiero nigun antídoto.
Solo quiero que siga esta gimnasia del alma tan saludable que me proporcionan tus escritos.
Muchas gracias (no sé cuántas veces lo habré dicho), Montse, por tus generosísimas lectura y palabras: a este poema le tengo especial cariño.
ResponderEliminarSaludos.
Es que el sentimiento auténtico, si existe, aún que no se refiera literalmente al tema que cuenta, aflora siempre por sus rendijas y llega con fuerza, en la poesia, en la música, en casi todas las manifestaciones artísticas.
ResponderEliminarSabes? tengo ganas de practicar más la poesia a ver si puedo hacer algo que mueva montañas como hacen las tuyas, bueno y la de tantos poetas que en el mundo han sido, no te vayas ahora a engordar por mi culpa...
Pues, ánimo, Montse, es una práctica de lo más saludable.
ResponderEliminar…Y no te preocupes: sé que “no muevo montañas”; así que no hay peligro para mi peso.