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A veces, sólo a veces;
sin tangencia real de nada real;
sin posible memoria de que fuera
alguna vez posible;
sin cuerpo, sin verdad, sin cercanía…,
hace el alma equipajes con olvidos;
se levanta de sí, se pone en marcha.
Desde el valle, la cumbre de unos ojos
se convierte en empresa.
Y camina.
Allá arriba, tan lejos,
tan ausentes,
tan extraños,
están mi confusión y mi sentido.
A veces, sólo a veces,
si esos ojos me miran,
me pongo la mochila y la esperanza.
(15 abril 2009)
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A veces, sólo a veces;
sin tangencia real de nada real;
sin posible memoria de que fuera
alguna vez posible;
sin cuerpo, sin verdad, sin cercanía…,
hace el alma equipajes con olvidos;
se levanta de sí, se pone en marcha.
Desde el valle, la cumbre de unos ojos
se convierte en empresa.
Y camina.
Allá arriba, tan lejos,
tan ausentes,
tan extraños,
están mi confusión y mi sentido.
A veces, sólo a veces,
si esos ojos me miran,
me pongo la mochila y la esperanza.
(15 abril 2009)
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A veces, Antonio, con intuir una mirada, con solo intuirla, ni siquiera con verla, basta para ponerse en marcha.
ResponderEliminarLos valles son bonitos, pero demasiado tiempo en ellos se ahoga uno, por lo menos yo.
Siempre horizonte por delante, amplio del mar, de Castilla o campo andaluz o desde una montaña medianita ;-)
Un abrazo, ya te echaba de menos. Y un beso, por supuesto.
Aurora
¿Un poema de transición, Antonio?
ResponderEliminarMe ha gustado muchísimo.
Me imagino la maleta ligera de lo que ya empienza a estorbar... olvidos deliberados.
Al fondo un atisbo ... una insinuación de esperanza, de una fragancia nueva, recién estrenada. Yo mezclaría la lavanda, el tomillo, el jazmín, la abelia ... pero yo soy mediterránea. Cada uno su fragancia que, con la brisa, presta los pies al caminante que llevaba un tiempo sentado. Y ahora se levanta... más ágil. En la ladera dejó unos cuantos fardos que en la cumbre no son necesarios.
Y el rumbo traza el camino. Y el caminante ya no necesita mirar lo que dejó atrás.
Gracias. Precioso.
Un saludo, Antonio.
Quizás la mochila, la esperanza, deba ser tamaño bolsillo y la tengamos que llevar siempre con nosotros.
ResponderEliminarSin duda, Aurora, las cumbres están más cerca de tu mirada que de la mía. Yo sólo las puedo inventar desde esta planicie del Corredor del Henares. El horizonte es amplio, pero la altura escasa.
ResponderEliminarGracias por tu visita.
Un beso.
No sé yo, Sunsi, si esos equipajes con olvidos no son sino maletas de recuerdos bien doblados que uno se lleva con intención de vestirlos a la primera de cambio. Lo que sí sé es que tu lectura es siempre enriquecedora y positiva. Todo un estímulo. Gracias por hacerla.
ResponderEliminarUn saludo
Tienes toda la razón, Manly, la esperanza, sea cual sea su tamaño, debemos llevarla siempre con nosotros, aunque a veces se nos traspapela con una facilidad pasmosa.
ResponderEliminarEncantado y muy agradecido por tu visita.
Un saludo.
El final es eterno, Antonio, eterno.
ResponderEliminarUn abrazo.
Muchas gracias, Javier.
ResponderEliminarUn abrazo.
Como Javier, me encantan ese verso final, colofón de un esperanzador poema, pese a todo. Un abrazo, Antonio.
ResponderEliminarComo siempre, Juan Antonio, muy agradecido por tus palabras. Y, ya que lo decís, habrá que invertir en esperanza: tiene una alta rentabilidad en tiempos de “crisis”.
ResponderEliminarUn abrazo.
A veces miramos y no existe la posibilidad de compartir la realidad, y se convierte en un modo de aproximarse a un absoluto inalcanzable.
ResponderEliminarUn beso esperanzado.
Me parece una espléndida interpretación de la esperanza, Veridiana, esa de “aproximarse a un absoluto inalcanzable”. Sea o no absoluto, lo cierto es que esperar es intentar acercarse a lo que uno no llega o puede. Entonces uno confía en lo otro, uno se entrega a una decisión ajena; y eso supone el reconocimiento de la propia limitación, pero no la renuncia al objeto de su anhelo.
ResponderEliminarGracias: me gusta.
Un beso.
P.S.: ¿Fue todo bien por tanto allá a que te fuiste?
Bien gracias. Otro mundo...
ResponderEliminarMelancolía de calidad, como casi siempre, amigo Antonio. Bravo.
ResponderEliminarUn abrazo
Pues muchas gracias,Tato. Y a ver si me doy una vuelta por la "taberna", que últimamente he estado algo penitencial y abstemio (poco abstemio, la verdad; bastante poco).
ResponderEliminarSaludo desde los medios (informáticos, se entiende).