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No quiero este montón de cosas:
esta mesa, esta silla,
esta hormiga que pasa con una carga enorme;
la gota que en el suelo se cree mar, de repente,
capaz de separarnos;
el aire y el sonido; la voz de gente extraña;
la luz de un faro halógeno
que te hace oscuridad del otro lado,
razón de oscuridad, indescifrable.
No quiero este montón de cosas
que están detrás de ti;
que se ponen en medio o me rodean,
o deciden que somos quienes somos,
quienes hemos de ser, quienes debemos.
No quiero distracciones de los ojos
ni oídos para el mundo que me han dicho que existe
–¿será cierto?–
tras de ti y ante mí, frente a nosotros…
No quiero esta legión de voluntades
que me niegan que puedas ser… un sueño.
9 de julio de 2009

No quiero este montón de cosas:
esta mesa, esta silla,
esta hormiga que pasa con una carga enorme;
la gota que en el suelo se cree mar, de repente,
capaz de separarnos;
el aire y el sonido; la voz de gente extraña;
la luz de un faro halógeno
que te hace oscuridad del otro lado,
razón de oscuridad, indescifrable.
No quiero este montón de cosas
que están detrás de ti;
que se ponen en medio o me rodean,
o deciden que somos quienes somos,
quienes hemos de ser, quienes debemos.
No quiero distracciones de los ojos
ni oídos para el mundo que me han dicho que existe
–¿será cierto?–
tras de ti y ante mí, frente a nosotros…
No quiero esta legión de voluntades
que me niegan que puedas ser… un sueño.
9 de julio de 2009
Nunca llegué a tener claro en el mito si el sueño de Endimión era Artemisa, o por el contrario Artemisa soñaba con Endimión, en mis lecturas infantiles no entendí nunca que no lo despertase, por muy virgen que fuese.
ResponderEliminarEndimión sólo quiere "la grandeza quevedesca de su amor", de su gran sueño...
ResponderEliminarMe llevo la segunda estrofa de fin de semana para mirarla contra cielos más estrellados, como ella se merece.
A ver si aclaro versos y los traigo chorreando luz de luna;-)
Un beso, querido Antonio.
Sí que lo despertaba, Capitán; por eso sospecho que el rey, príncipe, cazador o pastor Endimión, pensaba, contrariamente a lo común, que su “eterno sueño real” era una vigilia vulgar que conspiraba contra “ese oto sueño” que, en realidad, no lo era. Porque eso de despertarse para ser amado por una diosa, hasta al propio Endimión le costaba trabajo creerlo. Supongo que entonces es cuando él creía que de verdad soñaba.
ResponderEliminarGracias y un saludo.
Discrepo, Olga, discrepo: si hay algo que nunca sabemos, a pesar de los gestos, los ademanes, los llantos o las palabras, es lo que el “otro” siente, quiere o le pasa. Creemos poder pensar como él piensa, sufrir como él sufre, amar como él ama… Y lo que hacemos es una suplantación: nunca podremos ser nadie distinto a quienes somos; nunca, el otro. Así que, lo que "quiere" Endimión ni es lo que tú dices, ni lo que yo presumo. Y encima no se lo podemos preguntar porque sólo es la ficción de cada uno.
ResponderEliminarGracias siempre por tu palabra, y un beso desde cielos menos "estrellados".
Lo siento, querido Antonio, pero no puedes discrepar. En la realidad es cierto lo que dices, pero Endimión es, en tu poema, lo que tú dices; y en mi lectura, lo que yo leo;-).
ResponderEliminarDe todas formas, no era un reproche a Endimión, que merecería existir por encima de las ficciones, sino una conclusión bastante lineal, aunque quizá torpe, tras leer sobre todo los dos últimos versos.
Gracias en cualquier caso por tu paciencia.
¡¡ Ay Señor!!
ResponderEliminarDime lo que sí quieres ,igual,te lo concedo...jiji
Un beso con poderío
Qué hermoso priamel...
ResponderEliminar¡Qué carácter, Olga: ni discrepar me permites! Y eso que contigo lo hago poco; poquísimo, diría. Sin duda Aries, muy Aries. Menos mal que ante Endimión hay acuerdo. Ya sabes que es personaje que me gusta y que allá por algún “atardecer” fue sujeto de entrada y alabanza mías. Siga, pues, él en sueños de su sueño y negándose a que deje de serlo.
ResponderEliminarTríada de besos (viernes, sábado y domingo) para el fin de semana.
¿No está claro, Veridiana?... Lo que quiero es que al sueño le dején seguir siendo "sueño real"; que no lo contamine, interfiera ni interrumpa ninguna vigilia "vulgarmente" cotidiana.
ResponderEliminarBesos, un poco asustados por los hechizos de Circe.
...y qué amable elogio.
ResponderEliminarGracias, Francisco.
Por una extraña asociación de ideas he recordado ese sueño de carne que mencionaba Unamuno en "Niebla". Y más... cuando era joven y empezaba a pensar y un día caí en que no sabía si lo que vivía era sueño...y si el sueño era lo que realmente vivía... incluso si ahí fuera de las fronteras de mi ser las cosas eran como las veía. Todavía no había estudiado filosofía.
ResponderEliminarTodo esto me ha recordado tu poema... Zancadas en el tiempo... cuando aún me quedaba mucho más tiempo.
Y Edimión, que por no perder el amor vive la realidad en el sueño... Parece una paradoja.
Precioso poema. Me ha llevado un buen rato leerlo, releerlo y recordar.
Gracias como siempre. Un afectuoso saludo
¡Ay, Sunsi, desde Chuang Tse y su “mariposa”, al “sueño de carne” de Unamuno, pasando por Calderón y Segismundo o Descartes y su “maligna divinidad juguetona” con nuestras “certidumbres”…!
ResponderEliminarA nosotros ya no tendría que extrañarnos, porque hemos inventado la “realidad virtual”. Por lógica, deberíamos ser más escépticos ante la consistencia de las cosas, más inclinados al prodigio, más decididos a lo indemostrable. Sin embargo, nos aferramos a la cuestionable rotundidad de los “hechos” al tiempo que cuestionamos la imprescindible objetividad del “bien”. Es decir: “creemos” que este teclado es un objeto incontestable, pero nos acobardamos a la hora de proclamar que lo “bueno” y lo “malo” lo sean por naturaleza. ¿Por qué…? ¿A santo de qué llega a tener más crédito la “verdad” que la “bondad”; lo que “supuestamente es”, frente a lo que increíblemente “debería ser”?...
Puestos así, no me extraña que Endimión prefiera el sueño a la realidad… E incluso guste de considerarlo…”un sueño” (entiéndase en su sentido prodigioso)
Muchas gracias, Sunsi, por tu lealtad –pese al descanso– a los quehaceres de ese oficio tan humano y, hoy, tristemente exótico que es pensar.
Un saludo.
Menudo tema has apuntado, Antonio.
ResponderEliminarDe nuevo otra asociación de ideas. Opinión, certeza, verdad. Estos días he repasado aspectos del relativismo. Nada es verdad... Todo depende... Qué inseguridad produce ... Es como una sensación de estar pisando sobre arenas movedizas.. Tremendo no poder afirmar esto es bello ...participa de la Belleza y la Belleza es absoluta. Esto es verdadero... Y ahí es donde me quedo sola. Tiene que haber una verdad fuera de nosotros mismos... hemos de poder trascender...
Lo veo venir... me voy a liar ... Tus posts, que dan que pensar y mucho. Gracias, Antonio.
Un saludo filosófico
La “opinión”, Sunsi, es (o debiera ser) siempre incertidumbre: decir “yo opino que…” habría que entenderlo como “a mí me parece que…”; aunque últimamente, y por mor del “relativismo”, nadie entiende eso. La “certeza” es la adhesión personal a una convicción tan incuestionable como “personal”; es decir, tan “subjetiva” como inamovible. Y la “verdad”, la “verdad objetiva”… Ay, “la verdad” es –también últimamente– una harapienta solicitud de fe.
ResponderEliminarA eso lleva el relativismo: a que “la verdad” tenga que mendigar su posibilidad ante opiniones cuestionables y entre certezas empecinadas. Lo grande se ha vuelto pequeño; lo pequeño, insignificante…
Por pura rebeldía, nada más que por eso, digo que soy platónico. Porque si el hombre sólo es esta “relativa” insignificancia, prefiero ser un geranio contestatario, que se niega a crecer para volverse estúpida y animal sensibilidad (dicho sea en honor a Darwin).
Un saludo desde mi "vocación de maceta".
Y gracias, a ti.