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Ayer, domingo 22 de noviembre, parecía -o aparecía- otoño en El Retiro.

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Ayer, domingo 22 de noviembre, parecía -o aparecía- otoño en El Retiro.
Ha perdido otoño el tiempo, vanidoso de ayeres soleados y negándose a sí mismo. Pasa mucho últimamente: casi nada acomoda su hacer a su momento. La tarde ya no es tarde, ya es temprana; la noche se convence de que es día; el niño de que es joven y el viejo de lo mismo; la idiotez de que siempre fue postergada inteligencia…
Y otoño, claro está, perdiendo el tiempo; mirando al infinito de su ausencia, bobalicón y necio, enajenado, clamando por salir en las portadas de la extravagancia. Porque de eso se trata a fin de cuentas, de ser extravagante, de ser lo no debido, de gozar de unos pocos renglones en los mentideros de esta villa que es el mundo. Lo impropio, lo inadecuado, lo impresentable, lo inicuo, lo irracional, lo increíble, lo indecente, lo injusto, lo indecoroso… ¡Qué más da!: todo lo “in-“ está de moda.
Otoño no iba ser menos. Y ahora, que empieza a ser lo que debía, ya casi no tiene tiempo.
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Y otoño, claro está, perdiendo el tiempo; mirando al infinito de su ausencia, bobalicón y necio, enajenado, clamando por salir en las portadas de la extravagancia. Porque de eso se trata a fin de cuentas, de ser extravagante, de ser lo no debido, de gozar de unos pocos renglones en los mentideros de esta villa que es el mundo. Lo impropio, lo inadecuado, lo impresentable, lo inicuo, lo irracional, lo increíble, lo indecente, lo injusto, lo indecoroso… ¡Qué más da!: todo lo “in-“ está de moda.
Otoño no iba ser menos. Y ahora, que empieza a ser lo que debía, ya casi no tiene tiempo.
Otoño que trona in-vierno.
ResponderEliminarEntrada para disfrutar leyéndola.
Un abrazo
Impecable y bella prosa, Antonio, y muy certero el mensaje. Aquí en el sur llegó el otoño, al menos para mí, el sábado, y yo también sentí la necesidad de dedicarle una entrada el domingo.
ResponderEliminarUn abrazo.
Ay, Antonio, qué razón tienes, esa manía de querer ser jóvenes, cuando qué bien se está teniendo los años que nos tocan, o qué mal, pero es lo mismo, ¿por qué hay que tener 20 o 30 por decreto ley y volver a lo que ya fuimos, ya?
ResponderEliminarY lo que está más de moda es la im-becilidad, las leyes de la estupidez se cumplen de modo inexorable.
Viva el otoño, pues, y hasta el invierno. Precioso el Retiro ayer, tenemos un parque estupendo.
Un abrazo y un beso
Aurora
Bueno, no pasa nada por vivir de tanto en tanto un otoño cálido, forma parte de los caprichos de la naturaleza (e per molto variare natura e bella). Queda otoño e invierno para aburrir: queda Papá Noel, quedan los ciervos, queda El Corte Inglés, quedan todos los anuncios de colonias... te quedan muchos paseos otoñales e invernales por el Retiro. La última vez que estuve, en el 92, era septiembre y el final del verano había puesto el parque tan bonito: era apropiado y adecuado, más que presentable, lleno de matices; creíble y justo, decoraba la ciudad racionalmente. Pero no todos los años son tan obedientes, cada uno es distinto, a Dios gracias. Mírale amablemente, hombre; total, es lo que tenemos.
ResponderEliminarUn beso.
El otoño no ha podido ni siquiera saludar. Va en camiseta de algodón. Hace una semana y un poco, caminaba justo por donde tú dices como si fuera agosto. Achicharrada de calor.Las playas siguen llenas de bañistas... bañándose. Un calendario confuso.
ResponderEliminarIgual la tierra se ha confabulado con la crisis y ha pensado que este año mejor nos ahorramos unos euros en gas o electricidad.
Eso dice mi madre:
"quita... que, de momento,no hay que encender la calefacción."
Los mayores, acostumbrados a "hacer muchos números", están encantados de la vida con la extravagancia ...
¿Y la extravagancia de los que deciden pasar calor porque quieren vestir con la ropa que toca?
Me ha encantado el post, Antonio. Sacándole punta a todo.
Un saludo cordial
Me temo que quise decir que torna y no trona, pero en fin, el uso del movil tiene estas cosas.
ResponderEliminarUn abrazo
Menos mal que no has añadido “inactual” a esa enumeración de “in-“ indeseables.
ResponderEliminarEn cuanto a lo de “estar de moda”… ¡Vamos, hombre!, ¿lo estoy yo acaso?
Claro, que a un amigo se le perdona todo...
Estoy contigo: lo cotidiano parece hoy catálogo de los adynata grecolatinos...
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
Para los pintores el otoño es un lujo.
ResponderEliminarEsa gama cromática de amarillos,ocres,rojos...Es un fenómeno de la naturaleza increible.
Simboliza la madurez,las últimas horas.¡ Fascinante!
Un beso( se repite) de colores.
En efecto, Capitán (y entiendo el “torna” que trastornó tu teléfono); aunque ese “in” no sea de éstos, lo cierto es que acaba devorado en un santiamén por su siguiente. Muchas gracias, y un abrazo.
ResponderEliminarEn la “segunda imaginaria” de anoche, José Miguel, nada más publicar este “destiempo”, me di una vuelta por los blogs amigos. Al leer el tuyo, me dije: ¡Atiza, si esto no pasa sólo en El Retiro…! Vamos, que lo de los “mentideros” de esta mundanal villa, no era una hipérbole literaria. Gracias por tus palabras. Un abrazo.
Aurora, lo siento, pero no entras en el paquete de quienes quieren volver a ser jóvenes porque lo sigues siendo. Y esto no es una galantería; es, además de verdad, puro egoísmo. De lo contrario, ¿qué me podría quedar a mí sino el rincón de una vitrina del M.A.N. (léase Museo Arqueológico Nacional)? No seas cruel. Gracias y un beso (tu abrazo ya sé a quién debo pasarlo).
A ti, Olga, te debe de ocurrir lo que a mi amigo Julio, de quien siempre dije que tenía algo que ver con los lagartos (¡ojo!, no estoy diciendo que seas una “lagarta”) por su amor al calor. Yo, sin embargo, debo de estar filogenéticamente emparentado con las focas, no por masa corporal, sino por afición a los hielos. ¿Cómo que me “quedan muchos paseos otoñales…”? Pero, ¡si no hay tiempo! Lo único que puedo “mirar amablemente” es tu comentario que, una vez mil, quiero decir, una vez más, tanto agradezco. Un beso.
No creas, no, Sunsi, que la perspectiva de tu madre anda errada. Yo, que para la calefacción tengo acumuladores eléctricos –lo que en realidad “acumulan” son euros en las arcas de Unión Fenosa–, comparto también esa visión. Lo que, acomodando el refrán, supone que “no hay mal ‘poético-filosófico’, que por bien ‘económico’ no venga”… Y ahora que lo digo…, ¡siempre fue así! Muchas gracias y un saludo.
Amigo y frecuente “prota” de estas “pelis”, ¡cómo iba yo a desprestigiarte! Lo inactual es punible cuando se niega y quiere ser actual. Pero tú estás comodísimo siendo sin ser entre nosotros. No te quejes, que no iba por ti. Y, afortunadamente, no estás de moda.
Lo primero, S777, que nada mejor para el goce de un día luminoso de otoño en Madrid que ver a un joven amigo soleando sus amarillas vulgaridades. Lo segundo, que ciertamente los poetas lo tenéis crudo en los poemas amorosos; porque ya nada, que uno piense que no pueda ser nunca, no es realmente en cualquier momento. Un abrazo.
Ya lo sé, Veridiana; y no deja de ser una injusticia que, amén de las dificultades con que zancadillea la economía la mirada del hombre (como especie, naturalmente), venga la naturaleza a aliarse con ella y no le dé tiempo a casi nada. Pero, claro, el invierno (“navidades”, rebajas, grandes almacenes) y el verano (vacaciones, rebajas, grandes almacenes…) son mucho más rentables. El otoño es una insignificancia estética. ¡Qué putada (con perdón) esto de la Naturaleza cómplice! Un beso, esta vez en blanco y negro.
A mí no me importa que el otoño septembree, amigo Antonio. Sobre todo si sirve para que tú escribas entradas como esta. Un abrazo.
ResponderEliminarTu postura, Octavio, es mucho más generosa que mi velada exigencia, aunque este otoño más que septembrear, casi casi ha agosteado. Pero, bueno, no hay que poner puertas al campo..., ni obligaciones al calendario.
ResponderEliminarMuchas gracias por tu visita y tus palabras.
Un abrazo
Esos árboles del Retiro deben estar muy contentos de que tu atenta y amable mirada se haya posado en ellos precisamente, en un momento que nuestro calendario contradice su ser-en-el-mundo con este derroche de colores todavia, ya a punto de acabar el mes de noviembre.
ResponderEliminarTodo es posible, cuando no somos esclavos del tiempo que todo lo mide, que todo lo reglamenta, qué lección de libertad nos dan esos árboles que no miran el calendario...
Gracias por tu mirada atenta sobre un otoño tan especial.
ç
A tu comentario, Montse; las gracias a tu comentario, más atento que yo a los decires de la naturaleza cuándo y cómo se le antojen. Aunque este año vayan tan apurados por el trabajo atrasado; tan apurados que, aquí por lo menos, unos cuantos árboles se han tenido que saltar algunos capítulos de sus colores de otoño y han sacudido su hojas antes de que pudieran adornarse para volver a la tierra. En fin, que tengo que ser más condescendiente.
ResponderEliminarUn saludo.
Después de los comentarios que he leído, poco más puedo añadir sobre tu prosa.
ResponderEliminarMuchas veces se habla del otoño como la estación triste y propensa a la depresión y melancolía. Sin embargo... cada año nos deja en parques, jardines y bosques las imágenes más bellas e inverosímiles posibles.
Noviembre es un maestro que maneja en su paleta los colores y texturas de forma imposible de superar por otros meses más queridos.
Tu foto del Retiro, lo demuestra.
¡Qué va, Alejandro! Mi foto es con el teléfono. Tan tonto fui que me dejé la cámara en casa. Otoño tardío y espectador necio... ¡Valiente combinación!
ResponderEliminarMuchas gracias, y un abrazo.