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Tiene la culpa el gato aquel de Schrödinger.
Yo no estaría ahora muerto y vivo
de ti si ese maldito gato hubiera
no existido jamás. Recorrería
las calles decadentes de mis años
con la sabia paciencia de quien nada
más que el olvido y el silencio espera.
Vería amanecer algunas veces;
las más, atardecer –cuestión de lógica–,
sentado en algún parque bajo acacias
que no me arrancarían de esta crónica.
Yo no estaría ahora enajenado
en un estado cuántico, difuso,
entre Hamlet y Hyde, siendo y des-siendo,
suponiendo no ser el que se advierte
envejecer si mira los espejos.
Viviría entre cosas convincentes
y sucesos comunes, soñaría
recordarme en paisajes de otros nombres.
Pero este gato lo ha enredado todo.
Me robé de la vida hace algún tiempo.
No sé cómo ni dónde ni ante quiénes,
pero ocurrió. Tal vez en un jardín
de acacias en otoño o paseando
las calles de otro ayer bajo la lluvia.
¡Qué más da! Sólo sé que tú también
entonces eras otra, sólo sé
que entonces nos amamos y que existe
un lugar en que sigue sucediendo.
Sólo sé que ocurrió y yo lo quería…
Tiene la culpa este perverso gato.
febrero de 2007
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Me lo he encontrado por azar en un rincón del disco-duro. Sé que lo colgué de un “atardecer” hace dos años, pero he sentido la curiosidad de destapar nuevamente su “caja”. También sé que, más que un poema, podría considerarse un “entretenimiento” para físicos; y aunque no creo que los físicos se acerquen a estas páginas, me ha apetecido recordarlo, luego de retocar algunos silencios.
Tiene la culpa el gato aquel de Schrödinger.
Yo no estaría ahora muerto y vivo
de ti si ese maldito gato hubiera
no existido jamás. Recorrería
las calles decadentes de mis años
con la sabia paciencia de quien nada
más que el olvido y el silencio espera.
Vería amanecer algunas veces;
las más, atardecer –cuestión de lógica–,
sentado en algún parque bajo acacias
que no me arrancarían de esta crónica.
Yo no estaría ahora enajenado
en un estado cuántico, difuso,
entre Hamlet y Hyde, siendo y des-siendo,
suponiendo no ser el que se advierte
envejecer si mira los espejos.
Viviría entre cosas convincentes
y sucesos comunes, soñaría
recordarme en paisajes de otros nombres.
Pero este gato lo ha enredado todo.
Me robé de la vida hace algún tiempo.
No sé cómo ni dónde ni ante quiénes,
pero ocurrió. Tal vez en un jardín
de acacias en otoño o paseando
las calles de otro ayer bajo la lluvia.
¡Qué más da! Sólo sé que tú también
entonces eras otra, sólo sé
que entonces nos amamos y que existe
un lugar en que sigue sucediendo.
Sólo sé que ocurrió y yo lo quería…
Tiene la culpa este perverso gato.
febrero de 2007
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No me digas que la física cuántica no tiene su puntito, Antonio. Ser y no ser que diría un Shakespeare de ciencias.
ResponderEliminarMuy original la referencia.
Un abrazo
¿"Puntito" dices, Tato? "Puntazo" más bien... ¡Ya presumía yo que hoy iba de "ciencias"!
ResponderEliminarMuchas gracias, y un abrazo.
Y luego dirán que el principio de Schrödinger no se entiende, pues es puro Chakespeare y Stevenson, y bueno, yo no soy físico, soy algo peor de cara a la literatura, soy purto pragmatismo ingenieril, pero me ha gustado mucho.
ResponderEliminarUn abrazo
Visto el título, me he intentado resistir a leerlo de inmediato y me atraía como un imán.
Shakespeare, qué desastre, es imposible en estas maquinitas saber a la vez dónde están la c y la s.
ResponderEliminarHermoso el final de tu poema.
ResponderEliminarA veces he perdido la lucidez ya que creo que he dejado un gato suelto por el subconsciente.
¿ O tal vez es un sueño?
¿O tal vez soy un gato reencarnado como creían los egipcios ?
un beso cuántico.
Me encanta este gato, Capitán; me parece la criatura más excelente que ha parido la ciencia. Y me encanta por eso que dices: porque es Shakespeare (entiendo lo de la “C”: yo “piso” unos signos rarísimos y, a veces, ni me doy cuenta) y Stevenson; y Don Quijote frente a Alonso Quijano; y Unamuno con sus “yos ex-futuros”; y el sueño aquel de la mariposa de Chuang Tse… Y me entusiasma filosóficamente porque me recuerda a Leibniz y sus infinitos mundos posibles.
ResponderEliminarEn fin, una rareza.
Gracias, Capitán. A ti te ocurre como a este gato, que estás en dos estados simultáneos aparentemente incompatibles: la técnica y la poesía. De ahí la resistencia, por eso la atracción.
Un abrazo.
No “creas” haberlo dejado suelto, Veridiana: está suelto y ejerciendo su prodigiosa ambivalencia. Pero habría que extrapolar mucho este ingenio de Schrödinger para contemplar la doble posibilidad de "ser tú" y de "no ser tú" por ser en el fondo un gato. No sé, no sé; ni la interpretación de Copenhague ni la que hace Everett me parece que lo permitan... Pero, ¡quién sabe!
ResponderEliminarMe alegra que te haya gustado el poema.
Muchas gracias, y un beso de “gato” (es que soy de Madrid).
Ayer intenté comentar, Antonio...Pero andaban los dos hemisferios de mi cerebro cruzados.
ResponderEliminarHoy el asunto no ha mejorado. Así que pienso si no será que el gato se ha colado en casa y me ha bloqueado.
Curioso que el gato pueda estar vivo y muerto a la vez. No entiendo nada de físca. Me he tenido que informar. Y no me cuadra. Ser y no ser a la vez, en la misma cajita, con el mismo veneno...
Me parece que ya sé dónde está el gato contradictorio. Se ha colado en el Congreso de los Diputados.
El poema... Ya me gustaría sacar tanto jugo a propósito de un felino.
Un saludo cordial.
Este gato, Sunsi, tiene que ver, según pienso yo, con todas y cada una de las decisiones del hombre, individual o institucionalmente hablando. Si algún día me encuentro con ganas, aclararé porque digo esto.
ResponderEliminarDe momento, gracias por tu visita y un saludo.
El poema es magnífico. Me ha recordado, no sé por qué, a Luis Alberto de Cuenca. Ya es difícil conjugar la física cuántica y la poesía, y tú lo has hecho. Yo dejé la carrera de física en tercer curso. Me quedo con las letras, pero siempre nos apoyaremos en las ciencias, queramos o no.
ResponderEliminarUn abrazo.
Un “recordar” el tuyo, José Miguel, excesivamente generoso.
ResponderEliminarMuchas gracias por tu visita. Confieso que me dan cierta envidia esos tres años de Física. Yo de adolescente creía que iba estudiar eso; luego, no sé que dispositivo cuántico se interpuso que, al destaparse la caja, estaba en otra realidad. En definitiva, la culpa, también en esto, fue del puñetero gato.
Lo dicho, y un abrazo.
... a menudo nos quedamos colgados de un recuerdo, cual péndulo. Va y viene. Siempre. Y parece que no avanzamos, que el tiempo es una espera sin realidad. Y quizá por ello, esa necesidad de retocar los silencios... de volver a intentar la sonoridad. En otra parte. Al lado de otros...
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