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Mi oficio es bregar con el “problema”. Esto lo puede decir cualquiera, ya lo sé; pero el mío, mi problema, aun siendo común y humano, se dice entrecomillado en nuestros días. Porque la educación es un problema; mejor dicho, es “el problema”; y quien no lo piense así tiene la misma capacidad de diagnóstico que una sardina acerca de la peligrosidad de un petrolero reventado: simplemente se muere en su vertido.
En mi oficio tratamos con gente por hacer a la que hacer debemos. Lo que no siempre se nos permite; o se nos permite muy poco. Hay grandiosas miradas oteando el horizonte que fijan rutas y derrotas para llevar a buen puerto su preciada mercancía. Lo nuestro es conservarla en buen estado para que el mercado funcione. En mi opinión de vulgar vigilante de las bodegas, el problema es ése precisamente: la mercancía. Primero, porque no lo es humanamente; y segundo, porque acaba creyéndose que lo es. No acierta uno a entender, desde aquí abajo, las complejas coordenadas que fijan los almirantes (lo que a ellos poco importa, naturalmente). Uno simplemente brega con el problema que tiene nombre y apellidos, que está triste o alegre, que acosa al más débil o es por el más fuerte acosado, que no sabe qué hacer o no acierta a saber qué hace… O ni aquello ni esto: que sólo está almacenado ahí, en la bodega de un barco, aguardando la descarga de su poca vida en la dársena de los 16 años.
Oigo pasos nerviosos en los camarotes de arriba. Dicen que quieren ponerse de acuerdo los almirantes. Lo harán sin duda. Y no cambiará nada. Porque el problema no es airear las bodegas ni becar sus rincones; ni aumentar la tripulación o dedicar un vigilante a cada mercancía; ni poner banda ancha en los abandonados suburbios de las naves o engatusar sus vacíos con titulares y portadas... El problema no es acostumbrar el remordimiento a su olvido imposible, sino atreverse al norte; quiero decir, reconocer que esta flota no va a ninguna parte.
Y sólo un gesto más de arrogancia desde los sótanos: el horizonte siempre da más de sí que la más aplaudida de sus miradas. La de los almirantes, ni es la mejor ni es la única.
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" ...atreverse al norte."
ResponderEliminarHoy venía conduciendo y pensaba en la educación, en qué es lo más importante, en qué es lo que me gustaría que quedase en la mirada de mi hija... y asocié el pensamiento, la verdad, la filosofía y la culturaa con el más absoluto sentimiento de soledad. Y sinceramente, por un momento perdí el norte.
Pero la esperanza siempre es terca. Y la verdad está ahí... y todo su horizonte. Aunque a veces uno se sienta un poco solo.
(...) "El horizonte siempre da más de sí que la más aplaudida de sus miradas".
Me alegro de que sigas por aquí.
Un abrazo.
Siempre hay alguien que va a alguna parte...
ResponderEliminarEs reconfortante después de impartir clases por todos los institutos Madrileños,encontrarte a una persona,después de varios años transcurridos,que te diga:"Profe,me acuerdo mucho de tí,tú me enseñaste a mirar un cuadro,los valores de la música y de la vida".Mi amiga B,la "profe",paseaba conmigo.
Los profesores,ejerceís un trabajo esencial muy importante.¡Felicidades!
¡ Qué bonito mar ! Es un azul Sorolla.
Un beso de este tripulante de bajo nivel.
"No sabe qué hacer, o no acierta a saber qué hace", la frase más triste que revela todo un mundo de sinrazón incomprensible.
ResponderEliminarEsa mercancia que ha de llegar a algún puerto que no se sabe cual es, ni cuando ni cómo se ha de llegar a él.
Ese vigilante de bodegas "con gente por hacer y a la hacer debe", uno más en el difícil papel encomendado por unos almirantes despistados, desnortados, y mientras, la flota no va a ninguna parte.
Un cuadro tragicómico, si no fuera porque tanto la mercancia ´como los vigilantes de bodega, sufren una situación injusta, mientras los titulares y portadas de los medios, cuentan maravillas del equipo de almirantes, que llevan el mando de este embrollo inmenso que no va a parte alguna...
He estado pensando sobre el futuro de esta situación y no le veo solución. Cuántas energias desaprovechadas, cuánto tiempo perdido,cuantas posibilidades que naufragan por falta de visión de la realidad! triste,sí.
Un saludo y un lamento por todo eso.
Necesitamos otra reconversión naval, Antonio, que no trate de reconvertir los astilleros en cosas que no son o hacerlos funcionar a base de subvenciones.
ResponderEliminarNecesitamos una reconversión en la que en lugar de dinero se inviertan ideas, guiada por el sentido común... que el horizonte es la línea más grande y bella que existe y, aunque como meta sea inalcanzable simpre estará ahí acompañándonos y mostrándonos sus caminos... que son más que los que conducen a Roma.
Porque esos almirantes nada saben de las sentinas. La vida muelle del puente de mando no entiende de olores mundanos, sino de bouquet.
ResponderEliminarY así nos irá, una y otra vez. Qué callada, ingrata y feroz tarea. Demasiado cerca, el fin de un mundo plano.
Ánimo, ya lo sabes.
http://www.youtube.com/watch?v=iZVN5Y6dtOk
No hay soledad en el pensamiento, la verdad, la filosofía... Nada de eso, Ana: hay una compañía innumerable. Por eso protesto tanto contra las “cartas de navegación” de la educación obligatoria. Para mí, una sociedad que se tomara en serio tendría como horizonte que todas sus pequeñas posibilidades desembarcaran en la “dársena 16” con un modesto pero prometedor equipaje. Y no es eso lo que ocurre ni lo que parecen querer estas naves, estos almirantes.
ResponderEliminarPor supuesto, Veridiana, los “bodegueros” se cruzan en ocasiones con alguna de sus “criaturas” y oyen cosas como las que dices; más incluso, hasta de las que “peores” fueron. Los “bodegueros” no se quejan de sus criaturas, sino de las rutas. Son éstas las que no van a ninguna parte. Y a veces rompen generaciones enteras.
ResponderEliminarYo creo –y eso que soy pesimista– que sí hay soluciones. Voluntad de ofrecerlas, no sé; pero soluciones hay. Y son bastante sencillas, casi un juego de niños. Porque no hay más que recolocar las piezas de un puzzle. Encajar la libertad, la dignidad, el respeto, la igualdad, el derecho a la educación, la cultura –esa raíz del hombre en la tierra, que no es exactamente la de sus tiestos– y un enorme etcétera en las palabras que exhiben, en las aristas brillantes que exhiben en su discurso los almirantes. Vamos, creer en lo que se dice.
ResponderEliminar¡Así de fácil!: creer en el norte, no especular –políticamente digo– con él.
Totalmente de acuerdo, Alejandro. Llevamos años, yo muchísimos, oyendo hablar de dinero, medios, ratios… como si fuera la piedra filosofal. Que no me den nada más que un valor, que los centros de educación sean queridos como un “valor”. Que se queden con todo lo demás, que es un demás prescindible para lo que digo. Los almirantes saben “vender” cualquier cosa. Que vendan ésta. Claro, que hay un inconveniente, mejor dicho, un peligro: ¿qué sería de los almirantes si “sus mercancías” pensaran?
ResponderEliminarAsí es, Francisco, “un mundo plano”. Qué horror; y qué gloria para las apisonadoras. Siempre han estado ahí, es verdad; pero ahora son más indecentes. Así lo pienso yo al menos. Porque antes, el hombre no “se había colonizado” a sí mismo, ni “despertado” de ninguna razón supuestamente anestesiada. Ya no hay empedrados para justificar la culpa. Esto es “cosa nuestra”, un terrible sintagma que flota sobre el poco mar de que somos capaces. De momento al menos. Aunque el “momento” tiene ya demasiado reloj en su pasado.
ResponderEliminarPor cierto, un lujo de inteligencia y poesía el vínculo que me regalas.
Hola, Antonio. Escribo para que sepas que te he leído...varias veces. Y no comento porque lo estropearía. Estoy con una crisis de tomo y lomo. Cero esperanza. De momento, sólo pienso en cómo enmendar desde casa la ignorancia "invencible" de mis hijos.
ResponderEliminarGracias por seguir.
Un saludo afectuoso, profesor.
En los últimos días, Sunsi, ha bajado mucho la temperatura. Por aquí hemos estado cerca de los cero grados. Menos mal que estos límites son de la “escala centígrada”, porque si fueran Kelvin, me temo que ya no podría bromear con el frío. Pero nuestro mundo y nuestra vida son “centígrados”; quiero decir, que no nos sentimos bien, pero, afortunadamente, nos seguimos “sintiendo”. Y esta dependencia de las escalas afecta a todo lo que llamamos vida. A la esperanza también, naturalmente. Por eso, una “esperanza cero” no es nada más que una esperanza con frío Celsius, capaz de soportar incluso unos cuantos grados por debajo de sus termómetros. Lo adecuado en tales casos es protestar contra la meteorología del alma, que sufre las mismas veleidades que la de los telediarios. Y después, aplaudir lo lejos que nos queda el cero Fahrenheit, y lo lejísimos, a Dios gracias, la nada térmica de Kelvin. Con el aplauso, por lo menos, las manos nos entrarán en calor mientras pasa el puñetero frente frío.
ResponderEliminarSi no te ha hecho sonreír este tonto paralelismo anímico-meteórico, este “hombre del psicotiempo” se afeitará el bigote. Es una apuesta con precedentes históricos.
Un cordial saludo y una disculpa por el retraso: he tenido una tarde complicada.
Claro que me has hecho sonreír, Antonio. Muchas gracias. Aunque , de nuevo, he tenido que leerte varias veces. Todavía no estoy en estado de congelación aguda y puedo sentirme. Supongo que he de pensar que,en la misma medida, existe la esperanza. Vale, profesor. No se afeite usted el bigote. No me lo perdonaría jamás.
ResponderEliminarY gracias otra vez por vuesro trabajo. ¿Cómo eran aquellos versos del Cid? “¡Dios qué buen vasallo! ¡Si hobiese buen Señor!” Que se lo apliquen los almirantes...
Un cordial saludo y gracias de nuevo.
Gracias a ti, Sunsi: dormiré con bigote.
ResponderEliminarPor cierto –qué curioso– esa cita del “buen vasallo” me la dijo también una excelente compañera hace años, cuando dimití del cargo de director del mismo centro en que ahora soy sheriff. Debe de ser por la derivación Rodrigo – Rodríguez, que es el apellido real de este tal Azuaga.
No, Antonio. Debe de ser que usted es "un buen vasallo". No te quites mérito. Otra frase: La humildad es la verdad.
ResponderEliminarSaludos, profesor
¡Qué más quisiera yo que ser humilde, Sunsi!
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