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La palabra era andar desde la tierra,
poner en ruta el alma, hallar un sueño;
llegar a no sé dónde. La palabra,
andariega y exhausta… Y el desierto;
el último o el penúltimo, qué importa.
El deber era andar y andar… Sin luego,
sin porqué ni trasunto, sin paisaje,
sin oriente ni norte. Signo y viento.
La palabra que aún pisa estos renglones…
La palabra eras tú.
........................................Yo fui su intento.
14 octubre 2010
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La palabra era andar desde la tierra,
poner en ruta el alma, hallar un sueño;
llegar a no sé dónde. La palabra,
andariega y exhausta… Y el desierto;
el último o el penúltimo, qué importa.
El deber era andar y andar… Sin luego,
sin porqué ni trasunto, sin paisaje,
sin oriente ni norte. Signo y viento.
La palabra que aún pisa estos renglones…
La palabra eras tú.
........................................Yo fui su intento.
14 octubre 2010
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Magistral, sólo puedo decir eso.
ResponderEliminar...Pues es mucho para mí.
ResponderEliminarGracias, Capitán.
Supongo que siempre es así.
ResponderEliminarGracias por tu visita, Arainfinitum
¡¡ Qué precioso !!
ResponderEliminarPero es poesía,los hombres nunca esperan,siempre se encuentran con algo en el camino...
Me escapo a Madrid.
Un beso en ruta.
Me gusta ese camino (casi) virgen que siempre parece esperarnos. Andar y hablar. Signo y viento.
ResponderEliminarEn tu caso, tomar la palabra es algo más que un intento.
Felicidades por el poema, Antonio, y un beso;-)
Gracias, Veridiana. Pero no es poesía; o no lo es sólo. Y, desde luego, los hombres (y va dicho como especie) sí que esperan. “No se detienen”, porque no pueden, pero “esperan”; sólo dejan de hacerlo cuando ya no les quedan desiertos por delante. Ni caminos, naturalmente.
ResponderEliminarConfío en que mi tierra te trate bien: Madrid suele hacerlo.
Un beso hospitalario.
Me alegro de que te guste, Olga. Sea el de la foto o el de la palabra. A fin de cuentas, son lo mismo: “signo y viento”, como bien insistes.
ResponderEliminarSomos animales de signos, de señales sustitutorias: la realidad, tal y como es, no nos satisface según parece. Por eso la reemplazamos por otra cosa. Luego, el viento hace el trabajo sucio; o limpio, según se mire.
Gracias siempre por tu compañía.
Un beso.
Sí, me trata bien Madrid o los madrileños,por motivo de trabajo,vengo con frecuencia y da para mucho.Mañana me invitan a un concierto en el Auditorio,y la exposición de Renoir está muy bien.
ResponderEliminarDisfruta pues Veridiana. Muy cerca del Auditorio está el Museo de la Ciudad. Debajo de sus cimientos quedó algo de mi memoria. Lo recordé aquí (http://imaginariadelalma.blogspot.com/2009/04/los-lugares-y-los-sitios.html). “Dame” recuerdos de tu parte.
ResponderEliminarUn beso protohistórico.
Qué bonito escribes, Antonio. A veces pienso que la palabra debería deslizarse en los labios que saben decirla, traerla y llevarla en bandeja de plata.
ResponderEliminarPerdona la ausencia. Últimamente me quedo muda cuando leo determinadas cosas que me superan. Una de ellas es la belleza...
Gracias, profesor.
¿No se puede comentar en tu última entrada? Tenía algo que decirte...
Muchas gracias, Sunsi: una vez más derrochas generosidad; y perdona tú este enorme retraso: la razón es que no había mirado el dichoso "gmail".
ResponderEliminarEfectivamente, quité los comentarios a la nueva entrada: esa "idea" se acompaña de demasiadas preguntas, pero ella, probablemente, no tenga ninguna respuesta; o tenga tantas, que al final se confunda todo.
Además, cuando la palabra descubre que sólo es un "intento", la idea se da cuenta de que ella es el silencio.
Gracias otra vez, y siempre un saludo "cordial"
Me quedo con las ganas de ver el Museo de la Ciudad Madrid ( tal vez el mes próximo)
ResponderEliminarLa exposición de la Fundación Mapfre,me ha gustado mucho.
¡Necesitamos hombres con ideas!
Hoy más que nunca.
Según parece, Veridiana, no puedo eludir el tema de la entrada siguiente, por más que haya cerrado los comentarios. Sea pues, aunque, permíteme una platónica rectificación: "hoy más que nunca"... ¡necesitamos ideas con hombres!
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