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Por si llueve mayo

. Ayer llovió, y el jardincillo que tengo delante de casa se puso a oler como sólo sabe hacerlo cuando llueve mayo. No tenía ganas de escribir, sino de recordar. Y entre esos tejemanejes de la memoria, me vino con el olfato este soneto de hace más o menos un año; de allá por este mes, cuando 2008. Alguno lo recordaréis. Cuelgo aquí su lectura como agradecimiento a la entrañable y espléndida parcela de amigos que tanto –y tan generosamente– me habéis acompañado. Por si llueve mayo… Por si podéis oler después en un jardín su amable invento... .

El adiós del "caballero"

. Se va. Se ha vuelto insolente y se va. No entiendo bien por qué, pero se va. He recibido una carta suya que lo dice. Éstos son los últimos párrafos: …Tu mundo lo vende todo: frigoríficos, coches, motos, ordenadores, móviles 3G, casas, libros, pueblos… Todo. También la salud, el dolor, la agonía, la tristeza, la desolación, la alegría, el entusiasmo, la pasión, el terror… Y la vida. ¡Y la muerte…! Nada queda fuera del mercado. Tu mundo es indecente porque piensa que el sufrimiento es cosa de los otros, y que estos otros son unas cosas bípedas que salen en los telediarios para morirse a chorros todos los días. Porque es lo normal, porque es “lo que siempre ha sido”. Hasta que, de pronto, un día descubre que él también es vulnerable. Y no se lo cree, y dice “esto no puede ser”. Pero vende su incredulidad. Y fabrica mascarillas a mansalva. Y se reúne. Y hace estadísticas y pronósticos desconcertados… Y vende… ¡Vende! Vacas en vez de cerdos, cerdos en vez de pollos, pollos en vez de vaca...

Los lugares y los sitios

. . Me duelen los lugares que ya no tienen sitio, que han perdido su sitio, aquella propiedad de la memoria que quedó pincelada en otro espacio. Me duelen los lugares que ya nada sitúan, geografías del tiempo sin testigo que pueda confirmar alguna calle, algún patio escolar, algún parque con besos inventados robado cualquier noche de los ángeles. Me duele la ciudad que se levanta sobre la resistencia del olvido. Sus bloques de viviendas, sus ensanches, sus altos rascacielos, sus largas avenidas… Ese mundo tan raro y tan ajeno que está del otro lado de las almas. Parménides ha muerto y los periódicos no quieren recoger la necrológica. Tan sólo hablan de Heráclito: predicen más lugares aún sobre lugares sin sitio que encontrar, sin sitio a que volver, sin sitio de vivir… Sin ningún sitio. (26 de abril de 2009) .

Los libros... y nosotros

. Acerca de nosotros saben más los libros que hemos leído que todas las soledades que nos hemos contado. Con el tiempo, los libros nos arruinan los ojos… Y se enteran, con el tiempo, de nuestras almas. Son pequeños cofres para guardar la vida y proteger nuestras humanas y modestas verdades, que no tienen que ver, exactamente, con lo que luego hacemos y después nos pasa. La alcancía de la memoria auténtica está llena de dioses que cosechamos en palabras ajenas. La grandeza de un libro está en la mirada suya, que nos conoce, que sabe de nosotros tanto, que sólo nos lo puede contar a nosotros. Abrir un libro nuevo es voluntad de alzarse; abrir un libro añejo, ya leído, es deseo de saberse. Por eso, con los años, uno tiende a releer con más frecuencia viejos libros; porque entonces, cuando todo está ya casi hecho, sólo queremos saber si estuvo bien el tiempo, si mereció la pena el tiempo. Si fue verdad la vida... Si la verdad... fue un libro. .

La lección de Geometría

. . Hoy, primera lección de Geometría. Veamos si no sabes lo que sabes: van navegando, en alta mar, dos naves a la misma distancia, noche y día. ¿Cómo son las estelas que vería la vertical mirada de las aves?... Dos rectas enfadadas, serias, graves, que sólo el timonel desmentiría. De voluntad se muere un postulado, sólo de voluntad: las paralelas convergen siempre si querer decides. Mañana, un teorema derivado: el ángulo que cierra las estelas es cosa del amor… ¡Qué sabrá Euclides! (21 de abril de 2009) .

El profeta

. Oír la lluvia es un acto religioso. Lo digo porque lo religioso siempre anda peleando con el tiempo; no el de las palpitaciones del clima, sino el de las demoliciones de los relojes. El taconeo insolente de la lluvia en un patio es una burla para todas las cronometrías. No es un tic seguido de un tac periódico y mensurable, sino un tic sorprendido por dos imprevisibles tacs ; o media docena de tacs interrumpidos por dos inesperados tics . La lluvia es un ejercicio de rebeldía contra los cronómetros. Y nosotros, que no somos nada más que galeotes al remo de los segundos, deberíamos venerar su adorable impertinencia. No es exactamente metáfora de la eternidad, sino tiempo caprichoso que ocurre y no puede encarcelarse. Para criaturas como los hombres, que sin tiempo no somos nada y con el tiempo acabamos siendo lo mismo, es todo un ejemplo: no es cosa baladí suceder de modo tan desconcertante para los segunderos. A pesar de Machado y su “monotonía / de lluvia tras los cristales”, yo pro...

El caminante

. . A veces, sólo a veces; sin tangencia real de nada real; sin posible memoria de que fuera alguna vez posible; sin cuerpo, sin verdad, sin cercanía…, hace el alma equipajes con olvidos; se levanta de sí, se pone en marcha. Desde el valle, la cumbre de unos ojos se convierte en empresa. Y camina. Allá arriba, tan lejos, tan ausentes, tan extraños, están mi confusión y mi sentido. A veces, sólo a veces, si esos ojos me miran, me pongo la mochila y la esperanza. (15 abril 2009) .