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Hoy, primera lección de Geometría.
Veamos si no sabes lo que sabes:
van navegando, en alta mar, dos naves
a la misma distancia, noche y día.
¿Cómo son las estelas que vería
la vertical mirada de las aves?...
Dos rectas enfadadas, serias, graves,
que sólo el timonel desmentiría.
De voluntad se muere un postulado,
sólo de voluntad: las paralelas
convergen siempre si querer decides.
Mañana, un teorema derivado:
el ángulo que cierra las estelas
es cosa del amor… ¡Qué sabrá Euclides!
(21 de abril de 2009)
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Hoy, primera lección de Geometría.
Veamos si no sabes lo que sabes:
van navegando, en alta mar, dos naves
a la misma distancia, noche y día.
¿Cómo son las estelas que vería
la vertical mirada de las aves?...
Dos rectas enfadadas, serias, graves,
que sólo el timonel desmentiría.
De voluntad se muere un postulado,
sólo de voluntad: las paralelas
convergen siempre si querer decides.
Mañana, un teorema derivado:
el ángulo que cierra las estelas
es cosa del amor… ¡Qué sabrá Euclides!
(21 de abril de 2009)
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Genial. Un nuevo registro de tu poliédrica pluma. Un abrazo.
ResponderEliminarEncantada de la vida de no tener ni idea de geometría, Antonio. Asignatura engullida y olvidada.
ResponderEliminarRecto, Paralelo... no existe en este mundo imperfecto.
Tanto recto y paralelo preciso... y tanto empecinamiento para que el trazo sea firme. Y con una leve desviación del timón, manos que que dejan que llegue hasta la punta de los dedos el traquetreo del corazón. Y las certezas se hunden como un buque que deja filtrar el agua.
La recta se olvidó de que es recta...y las paralelas se unen poco a poco; porque el que lleva el timón sobrevive. Sabía bucear. Aprendió a respirar por branquias a fuerza de quererlo.
Me ha encantado este poema. Iba a decir original poema.
Muchas gracias y saludos afectuosos.
Recuerdo una conversación sobre este mismo tema en la que decías que “el amor es una asíntota que desea una aproximación indefinida a la cónica correspondiente, a la hipérbola de su empeño. Pero no quiere cortarla, “asegurarla” en el punto exacto del cruce de ambas líneas”.
ResponderEliminarSi la geometría puede escoger la inseguridad o es nuestra propia conciencia la que se acaricia con teorías, da igual. Creo que aquella vez al final quedó el poema, como hoy.
Me encantó el último verso:
"Una rosa inventada por la lluvia” puede ser una verdad como un templo.
Saludos, Antonio.
Y un beso, claro:-)
Muchas gracias, mi recién laureado tocayo.
ResponderEliminarUn abrazo.
Mal, mal, muy mal; Platón se enfadaría muchísimo si se enterara de tu escaso cariño hacia la Geometría, Sunsi. Claro que a su dilecto discípulo Aristóteles le ocurría otro tanto... ¡Qué le vamos a hacer! Lo cierto es que el soneto si empieza platónico, acaba agustiniano; si empieza invocando la razón al principio, termina aplaudiendo las rebeldías de la voluntad al final.
ResponderEliminarMuchas gracias, por tu siempre cariñosa lectura.
Un saludo desde el Puerto Seco de Coslada.
Recuerdo, efectivamente, Olga, ese diálogo de las “asíntotas”, pero ¿fue en el soneto ése de “Lluvia en mayo”? He buscado en mayo del año pasado, que es cuando lo escribí, y no encuentro la referencia.
ResponderEliminarEn cualquier caso, dices perfectamente, porque de eso se trata: “…Si la geometría puede escoger la inseguridad o es nuestra propia conciencia la que se acaricia con teorías, da igual.” Creo que es cara y cruz de la misma moneda, porque siempre es la voluntad la que impera. Bien sabes tú hasta que punto tiene “mi voluntad” esta convicción.
Encantado con tu visita y tu palabra.
Y, naturalmente, un beso.
Y con esta ya son tres las lecciones:
ResponderEliminarcronometrias y geometrias,
más unas euclidianas precisiones
en abril de dos mil ocho traías.
Ejercicio extraordinario de talento
que admira al entendido y al profano,
regalo para todo el que contento
sigue fiel lo que escribes con tu mano.
Mas, converger en contra de Euclides
por mera voluntad, morir un postulado
mezclando al amor en estas lides,
no crees que quizá es muy arriesgado?
Antonio... un inciso... Observa la diferencia entre la mayúscula y la minúscula. Y yo que quería reconciliarme con Platón ... con sus ideas perfectas y sus apariencias en este mundo imperfecto...
ResponderEliminarLástima de geometría.
Menudo lío tenéis montado en Coslada, ¿no?.
Bien, Montse, ahora en “metro largo”. ¿Hablabas de problemas con el castellano…? Pues no veo dónde está el problema: tu control es de primera; será de geometrías no euclidianas, que escapan a mi corto entendimiento. Y desde luego es arriesgada la “mezcla” de que hablas. Pero, bueno, Unamuno mezcló el amor con la pedagogía; así que me permito la licencia de hacerlo yo con la geometría.
ResponderEliminarMuchas gracias y un aplauso por tu comentario en verso.
Un saludo.
Era una broma, Sunsi, por aquello que dicen se exigía a quienes querían pertenecer a la Academia platónica: "Nadie entre si no sabe Geometría", una especie de reserva del derecho de admisión. Y había reparado en las mayúsculas y minúsculas, porque el poemilla, sin que sirva de precedente, tiene poco de platónico pues es voluntarista. Las "Paralelas" del ateniense, nunca se juntarían por la decisión de ningún timonel.
ResponderEliminarConclusión: que si querías ser platónica, no lo eras (en este caso, afortunadamente) y estabas de acuerdo conmigo, que tampoco lo era (en mi caso, traidoramente); o lo era a medias, tipo San Agustín, por ejemplo, que antepone la voluntad a los saberes del hombre.
De Coslada... Ya sabes: yo aquí me considero un inmigrante; aquí y ahora. Así que, "passsso" muchísimo.
Saludos de un pasota anacrónico.
Jamás pensé que se podría hacer un soneto tan geométricamente bueno. Ay, el amor, que convierte en tangentes (o, ay, secantes) las paralelas.
ResponderEliminarUn abrazo.
Sin duda, mejor tangentes que secantes, Juan Antonio. Tangentes, y de larga singladura (no sé que opinaría un don Juan, un don Octavio sin ir más lejos, sobre esta decisión de las paralelas).
ResponderEliminarTe agradezco, siempre, la palabra; pero hoy, un poco más porque me has cogido a contrapié el ánimo.
Un abrazo.
Me estoy poniendo pesada, pero insisto en practicar la rima y la métrica, espero mejorar con el tiempo, ahí va el segundo intento del dia que enmienda en parte el primero:
ResponderEliminarCon licencia poética
casi todo es permitido:
gran juerga geométrica
travesuras de Cupido...
Antonio, estoy encantada,
hay que sacarse el chapeau
si la recta está enfadada
ni caso, viva el amor!
Por cierto, ya tienes un post en castellano en mi blog, donde hablo de un gran profesor que tuve y de Quevedo.
http://montseviver.blogspot.com
No era necesario enmendar nada, Montse: las matemáticas son exactas, pero... la voluntad las corrige.
ResponderEliminarGracias, y bien también los nuevos versos.
Un saludo.
Espléndido, Antonio. Espléndido y delicado. Llego tarde al aplauso (que abril me tiene dislocado) pero llego. Y aplaudo. Un abrazo.
ResponderEliminarLa geometría siempre ha sido el análisis de la composición de las artes visuales.
ResponderEliminarEl célebre dibujo del Hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci es quizá la imagen más conocida del análisis geométrico en el campo del arte.
Pero como dice G. Belli:" No hay equilibrio más exacto que éste de un hombre y una mujer retornados a la arcilla primigenia".
Un beso triangular
Muchas gracias, Juan Manuel; siendo soneto, y no obstante los “empachos” de la blogosfera (he de reconocer que razón no te falta en lo que ayer te leía), tus palabras tranquilizan su enviciada digestión como un vaso de amable bicarbonato.
ResponderEliminarUn abrazo.
¿Qué sería antes, Veridiana, la geometría o el hombre? Yo creo que la geometría: el hombre es un golpe de voluntad sobre las perfecciones matemáticas. A partir de nosotros, todo pasa a ser lo que queramos que sea. Las dichosas paralelas acaban no siéndolo en los espacios curvos (nuestro universo, por ejemplo, desde Einstein), o terminan enamorando dos naves que se abordan en alta mar.
ResponderEliminarMuchas gracias por tu comentario, y un beso de dos rectos, que es la suma de los ángulos de un triángulo euclidiano.
Me temo que ni geometría ni hombre,de ser, sería la mujer.( no te vaya a sentar mal) jiji.
ResponderEliminarTiendo a salirme por la tangente.
Sin duda, Veridiana, "La" Geometría (que es la primera, según digo) es mujer, "El" Arte (que es varón) su rebelde alumbramiento y "La" Poesía (una vez más, mujer) la consumación de ambos: la muerte de los postulados, el fin de las paralelas...
ResponderEliminarY todo eso, también por otra mujer: "La" palabra.
Con vos, yo nunca me enfadaría.
¡¡ Qué preciosidad !!
ResponderEliminarAntonio, el diálogo se produjo en otro blog a propósito de un texto del amor y yo lo recordé al día siguiente, cuando tú publicaste esa rosa inventada por la lluvia.
ResponderEliminarSiempre enlazo unas cosas con otras. A veces me imagino qué pasará si esos lazos comienzan a romperse:-)))
Un beso.
Tengo pendiente contestarte un comenario y contarte además otra cosa, a ver cuándo me puedo sentar.
¡No sé cómo puedes dar abasto, Olga! Gracias por la aclaración.
ResponderEliminar…Y cuando te puedas sentar, descansa, ¡no te preocupes de más!
Besos.
Y es que es propio de la ciencia
ResponderEliminarapropiarse la costumbre
y hacer de la chispa lumbre
que caliente la creencia
y aliente la certidumbre.
En lucha siempre con ella
anda envuelto el corazón,
y contra la convicción
pone el milagro querella
en cuanto encuentra ocasión.
Rafa
Buena décima, Rafa, como es costumbre en ti. Lástima que la entrada ande ya camino de los sótanos. Escribiendo tan espléndidamente, deberías intentar esta aventura del blog.
ResponderEliminarGracias y un abrazo.
P.S: Si en lugar de marcar "Anónimo", marcas "Nombre/URL" y escribes "Rafa", los comentarios aparecen directamente con tu nombre. No hay que indicar web ni correo ni nada más.
Estos "sótanos" son ágora creo,
ResponderEliminardonde se libran torneos verbales
y son altar donde ofrecer veo
poemas, prosas, belleza a raudales.
Curiosa carambola la que hace
aunar ciencia y amor con un beso,
lección de geometría: un combate
acabado en armonía, sólo es eso!
Omnia vincit amor, et nos cedamus amoris.
Veo con satisfacción que se incremente la nómina de réplicas en verso.
ResponderEliminarEncantado, Montse, una vez más, con la delicadeza de la tuya.
Es maravilloso el soneto, siento haberlo visto tan tarde y gracias a que me lo dijo mi amigo Alejandro.
ResponderEliminarPara un ingeniero como yo está lleno de belleza
Un saludo
Muchas gracias, "Capitán". ¿Qué mejor elogio para un soneto como éste que el un ingeniero advertido por un arquitecto...?
ResponderEliminarUn saludo con mi agradecida bienvenida.
No sé cuantas veces habré visitado tu soneto, Antonio.
ResponderEliminarArquitecto y profesor de Dibujo Técnico maravillado al comprobar cómo la geometría se transforma en un bello verso.
¿Qué sabrá Euclides?
Vaya, Alejandro, si un profesor de Dibujo Técnico regala con tales juicios este soneto, voy a tener que poner a régimen a mi pecaminosa vanidad.
ResponderEliminarBromas aparte, muchas gracias.