miércoles, 9 de abril de 2008

La necesidad y la verdad


Sacado del reino del puro azar, entra en el de la necesidad de las certidumbres más implacables.

J. Monod. El azar y la necesidad


No sé por qué tenemos que buscarla, a qué viene tanto desamparo, tanto ir de nuestros alrededores a los suyos, tanto venir de sus hostilidades a las nuestras. No sé qué nos impide detenernos, descansar de una vez, poder decir que ya está bien, que hasta aquí hemos llegado, que para este viaje nos basta con las alforjas del silencio. No sé por qué tenemos que insistir en lo contrario. O mentirnos y creer que nos elige; a veces, en un sueño; a veces, en una palabra que no se dice a nadie, que se escribe en cualquier parte y deja de ser propia, y quiere hacerlo. No sé por qué tenemos que ser este animal depositario de una esencia rota, incompleta, inacabada, que no puede dejar de buscarse la parte amputada, la espina dorsal de su sentido, la verdad que no tiene. ¿Qué raro azar puede seleccionar tan rara especie? ¿Qué necesidad de ella tiene un universo que es orden y sentencia prefijada, establecida, incuestionable?

No sé por qué tenemos que no tener una verdad propia, como el resto de las criaturas. O quizá sí lo sé… y me fatiga saberlo.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

No es una necesidad sino una preferencia, y eso nos define más que un sí y más que un no y más que todas las dudas. Cada uno tiene una pequeña copa de verdad en la mano, tan difícil de entender, codificar y compartir que frecuentemente nos la bebemos solos. Pero como nos equivocamos tanto, si no la compartimos jamás se completa, nunca se hace un poco verdad. De todas formas, es cierto que es agotador y que cada uno convierte su cansancio en algo. Ese algo es lo único que al final podemos guardar en el corazón.
Te mando un “algo”, dificilísimo para mí, y torpe como siempre. Intenta una forma redonda (oval) que seguramente se perderá en el formato del comentario.

Belleza

Preciso y riguroso.
Tan natural su vuelo entre el cielo y el suelo,
tan cierto el rumbo interno, tan masculino el gesto.
Tan exacto su triunfo.

Y un poco de esa gracia que se queda en el alma
después de ver un pájaro danzando entre las ramas.

Que no se pierda todo.
Que el espacio más blanco perdone ese recuerdo,
pues los que velan, salvan,
dictan largas condenas
a caricias perplejas.

Betty B.

samsa777 dijo...

La parte amputada sigue doliendo, cosquillea y desazona sin descanso.

¿Recuerdas aquel texto sobre la mirada? El problema es que nuestra perspectiva es unidireccional, de dentro a fuera. La idea que tenemos de nuestra esencia, de nuestra verdad interior, no es ni tan siquiera tiflológica.

Un abrazo

Antonio Azuaga dijo...

Yo sigo pensando, Betty B., que no es una opción que preferimos, sino una necesidad a la que no podemos sustraernos. Nuestras “pequeñas copas” y su verdad no entendida son como la palpitación de esa necesidad, como la sed que tenemos mientras soñamos beber y beber de una fuente que no nos acaba de saciar. Y si el cansancio, la fatiga, acaba por convertirse en “algo” hermoso, yo creo que merece la pena ese sueño que se inventa agotar la sed, aunque no lo consiga.
No sé a qué viene esa insistencia en la “torpeza” inexistente (no es un vacuo halago, conste), el poema es hermoso y su “difícil” caligrama oval, que no he podido recuperar en el comentario, visible con orientación centrada del texto. Se lo leeré a Rigoletta con tu permiso.
Encantado y agradecido por tu visita y comentario.

Antonio Azuaga dijo...

Tienes razón, Francisco. El problema de la vida es que se hace interioridad, quiero decir, que con ella aparece un “interior” en el que ocurren cosas distintas (el metabolismo, por ejemplo) a las que suceden en el “exterior”. Y esto ya desde los seres unicelulares. Sin embargo, el problema de la “conciencia” es que, al saber de sí, al descubrir su “interioridad”, quiere saber también cuanto a la “exterioridad” se refiere y cuanto relaciona aquélla con ésta. Pero, como dices, la mirada viaja afuera y no se ve, quiere ir dentro y no se encuentra. Tal vez de eso proceda la incontenible necesidad de buscar la verdad.
Gracias y un abrazo.

Anónimo dijo...

La verdad es una copa que ha de volver a llenarse una y otra vez. Como los sueños.Como una noche en vela. Como cada tramo de cada dia. Como el silencio buscado o ganado....

la verdad es uno de esos seres sedientos que nos habitan.


Ana.

Antonio Azuaga dijo...

Gracias, Ana, también por tu aportación de hoy. Pero, mirando de reojo al neodarwinismo, yo insisto: una mutación que se traduzca en una garra, por ejemplo, se seleccionará si existen presas de piel blanda en que pueda clavarse, pero ¿qué sentido tiene un mutante con una necesidad que no logra satisfacerse, que incluso llega a negarse necesaria, a convertirse en sinsentido o en provisionalidad cuando lo que se quiere es consistente permanencia?; ¿qué medio tan extravagante da el visto bueno a una necesidad… vacía , si es que, en el fondo, el propio mutante piensa que es “vacía”?