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La metáfora de la vida


Para Ismael y Víctor, que nunca leerán esto, que nunca querrán entenderlo


Llueve y el sol lo sigue consintiendo. A pesar de la impaciencia. A pesar de querer que los campos nos adornen ya los ojos de exuberancia. De vez en cuando se cuela por la distracción de una nube y pone un rayo sobre las rosas, entre los árboles, bajo la vigilancia tormentosa de un cúmulo cárdeno, como si la lluvia anduviese preparando una sorpresa en el paisaje y la luz curioseara por las rendijas del cielo. Pero la transparencia flirtea con la osadía y riñe al sol… Y le torea el intento con un arco de colores de mentira.

Hoy ha sido un día terrible, un día en que la historia se ha vestido de crueldad con quince años. Hoy he visto a la inocencia ensañarse hasta la repugnancia: violencia imberbe y rabiosa capaz de matar por una simple mirada. ¡Mundo imbécil y bárbaro!

Menos mal que la tarde ha querido ser belleza, por más que de tormentas se enfadara. Menos mal.

A veces, hasta pienso que no nos merecemos la metáfora de la vida humana, esa que sustituye la realidad animal por un sueño hermoso y, al parecer, inviable.

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