.


.
El otro día leí que hay glaciares inmensos bajo la superficie de Marte, agua que aguarda eleáticamente, desde hace millones de años, tal vez para aplacar la sed de unos lejanos visitantes. Eso al menos han pensado en la NASA: una mina de posibilidades bajo la cobriza coraza de un planeta muerto.
¿Quién podría extrañarse? El corazón del guerrero alberga un mar de helada indiferencia, un subterráneo desamor de ausencia y frío que deja, sin embargo, el reguero encendido de su sangre cuando cruza la noche. El corazón del guerrero es la implacable demolición de cualquier fracaso. Los contrarios acaban con Parménides y Heráclito es verdad después de todo. Del hielo nacerá el calor, del invierno eterno el provisional verano.
Porque, nos guste o no, eso es la vida. Vivir no es abundar en terciopelos para poder acariciar dulzuras decadentes. Vivir es estrellarse con la nada, descubrirla de pronto, dolerse en su combate. Y seguir, ajeno e indiferente, convencido de que al cabo no es inútil luchar contra su sombra.
El sueño del guerrero, su alto sacrificio, es que al hielo del alma un día le lleguen el sol y los cultivos, los parterres bordados por las flores, las hojas moribundas del lentísimo otoño.
Si aplicáis a la ventana el oído de la noche, aún podréis escuchar una voz valerosa, el eco de un susurro convencido de que, después de todo, no es inútil la muerte. Ni siquiera en la derrota.
.
El otro día leí que hay glaciares inmensos bajo la superficie de Marte, agua que aguarda eleáticamente, desde hace millones de años, tal vez para aplacar la sed de unos lejanos visitantes. Eso al menos han pensado en la NASA: una mina de posibilidades bajo la cobriza coraza de un planeta muerto.
¿Quién podría extrañarse? El corazón del guerrero alberga un mar de helada indiferencia, un subterráneo desamor de ausencia y frío que deja, sin embargo, el reguero encendido de su sangre cuando cruza la noche. El corazón del guerrero es la implacable demolición de cualquier fracaso. Los contrarios acaban con Parménides y Heráclito es verdad después de todo. Del hielo nacerá el calor, del invierno eterno el provisional verano.
Porque, nos guste o no, eso es la vida. Vivir no es abundar en terciopelos para poder acariciar dulzuras decadentes. Vivir es estrellarse con la nada, descubrirla de pronto, dolerse en su combate. Y seguir, ajeno e indiferente, convencido de que al cabo no es inútil luchar contra su sombra.
El sueño del guerrero, su alto sacrificio, es que al hielo del alma un día le lleguen el sol y los cultivos, los parterres bordados por las flores, las hojas moribundas del lentísimo otoño.
Si aplicáis a la ventana el oído de la noche, aún podréis escuchar una voz valerosa, el eco de un susurro convencido de que, después de todo, no es inútil la muerte. Ni siquiera en la derrota.
.
No sé si vivir es estrellarse contra la nada, pero desde luego es un enorme precipicio, lo que queda delante de la vista.
ResponderEliminarNo entiendo mucho de guerreros ni planetas, no entiendo el universo, aunque a veces pretenda lo contrario; yo no quiero estrellarme contra eso sino abrazarlo. Me temo que viene a ser lo mismo.
Me gusta Marte, tan de rojo intenso y con el corazón de hielo, y me gusta mucho esta entrada, Antonio.
Buenas noches y un beso.
Desde luego que entiendes el universo mucho más de lo que dices, Olga, no seas modesta; el universo y el corazón, sea o no de guerrero. Lo que ocurre es que la noche está plagada de alegorías que cada cual leemos con arreglo a nuestro particular paisaje.
ResponderEliminarMuchas gracias por tu visita.
Un beso.
Antonio, tienes una propensión a crear alejandrinos casi sin querer: al cabo no es inútil luchar contra su sombra [...]las hojas moribundas del lentísimo otoño . Con todo, me qudo con el octosíalabo final: en efecto, la derrota no es inútil.
ResponderEliminar¡Ja, ja, ja...! Tienes razón, Juan Antonio; no me había dado cuenta. Tal vez por eso mi espacio es el "limbo literario". Nada de Parnaso: el limbo, donde todo está mezclado y reina el confusionismo.
ResponderEliminarUn abrazo.
Aunque ganan por goleada los endecasílabos:
ResponderEliminarAlberga un mar de helada indiferencia
Un subterráneo desamor de ausencia
El reguero encendido de su sangre
Los contrarios acaban con Parménides
Y Heráclito es verdad después de todo
Porque nos guste o no, eso es la vida
Vivir no es abundar en terciopelos
Acariciar dulzuras decadentes
Vivir es estrellarse con la nada
No es inútil luchar contra su sombra
Lleguen un día el sol y los cultivos
Los parterres bordados por las flores
El eco de un susurro convencido
De que después de todo no es inútil
La muerte. Ni siquiera en la derrota.
Hay poemas inmensos bajo la superficie de Marte.
Un abrazo.
Me dejas "helado", Pxaquí: creo que me equivoqué de género. Esto me pasa por escribir tanto soneto.
ResponderEliminarMuchas gracias por la largueza de tu lectura y comentario.
Un abrazo (no me atrevo con el “beso” por si acaso resbalo también en estos otros géneros).
De nada, Antonio, la largueza es tuya.
ResponderEliminarLa que pasa por aquí gasta falda y rimmel, si es a eso a lo que te refieres. Creí que lo sabías, no sé por qué. Pero con el abrazo voy bien, que una es así, retraída digamos.
Sí, eso creía yo, xaquí, pero como ha sufrido diferentes mudanzas tu nombre no estaba seguro de sí ese “pxaquí” era en realidad el reciente “xaquí” o aquel otro más lejano “pasabaxaquí” o… Y luego, el viril y escueto "abrazo", que ha hecho subir la marea en el mar de mis dudas. Así que, encantado con la aclaración indumentaria.
ResponderEliminarY, ahora sí, un beso, con el permiso de tu retraimiento, naturalmente.
Apreciado Antonio:
ResponderEliminarHe vuelto a tu blog después de un tiempo de secano y, claro, como siempre, me dejas boquiabierta. Gracias por alimentar el alma de algunos mortales. Tus palabras son como vitaminas que alivian a veces,esa lucha del guerrero con su sombra.
Besoss. Inma
Muchísimas gracias, Inma: se te echaba de menos por estos pagos. Pero soy "consciente" de lo que pesa una Sección Bilingüe. En cuanto a lo de "alimentar"... amiga mía, ¡ni a los gorriones en los parques!
ResponderEliminarUn beso.