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No permitas que Andrómeda diluya
ese velo de nieblas tan lejanas.
No consientas que el éter se interponga
y confunda mi sueño en sus relámpagos.
No distraigas los astros ni emborrones
el lento acontecer de su belleza.
No convoques los cirros de la tarde
a la oscura asamblea de su olvido
ni trastornes el cielo, el espectáculo
callado y portentoso de la última esfera.
Deja estar al deseo en su delirio.
No niegues residencia a la esperanza,
a ese polen de estrellas esparcido
que atraviesa tus ojos cuando miras
mi niña vigilancia.
No dejes que la luz se desmorone.
No dejes de mirarme.
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4 diciembre 2008

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No permitas que Andrómeda diluya
ese velo de nieblas tan lejanas.
No consientas que el éter se interponga
y confunda mi sueño en sus relámpagos.
No distraigas los astros ni emborrones
el lento acontecer de su belleza.
No convoques los cirros de la tarde
a la oscura asamblea de su olvido
ni trastornes el cielo, el espectáculo
callado y portentoso de la última esfera.
Deja estar al deseo en su delirio.
No niegues residencia a la esperanza,
a ese polen de estrellas esparcido
que atraviesa tus ojos cuando miras
mi niña vigilancia.
No dejes que la luz se desmorone.
No dejes de mirarme.
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4 diciembre 2008
¿Has vuelto al buen camino? Es una alegría encontrar estos poemas a estas horas de la noche. ¿Mañana habrá más? Tanto si es que sí, como si es que no, con lo leído hasta hoy me doy por más que satisfecho. Gracias y un abrazo.
ResponderEliminarLa esperanza como polen de estrellas esparcido brilla casi al final de este poema, que suena a rara plegaria.
ResponderEliminar"No dejes de mirarme", qué sencillo final para una oración.
Buenas noches, Antonio, parece que vuelves a estar en racha y yo me alegro:-)
No lo creo, Diego; mañana será viernes y, como he dicho alguna vez, yo ya he perdido las ganas de los fines de semana. Tampoco, a pesar de tu habitual generosidad, es esto el buen camino, entre otras cosas porque nunca hubo “buen camino”.
ResponderEliminarGracias y un abrazo.
Sí que es rara, sí que es oración, sí que es rara oración… Lo que nos mantiene vivos siempre es otra mirada. ¡Terrible el día que deja de mirarnos!
ResponderEliminarGracias, Olga, por tus palabras siempre.
Un beso.
Por cierto, ya que el otro día te gustó lo de maestro, vuelvo a llamártelo y me parece que lo voy a hacer ya por costumbre y porque me da la gana.
ResponderEliminarUn beso.
Como vos gustéis, decidida y dilecta discípula, aunque no merezca yo tal maestría.
ResponderEliminarBesos.